Autor: Quiñonero, Juan Pedro. 
   España está engañada respecto al Mercado Común     
 
 Diario 16.    08/04/1981.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

JUAN PEDRO QUINONERO

España está engañada respecto al Mercado Común

La opinión pública española está siendo sistemáticamente engañada en uno de los problemas políticos y

económicos más graves de la historia del país desde la primera revolución industrial: el ingreso en el

Mercado Común.

Los datos fundamentales que son sistemáticamente manipulados del modo más grosero son los siguientes:

1) Inglaterra abrió una crisis institucional grave en el seno de la CEE el otoño invierno de 1979.

Desde ese momento, las negociaciones España-CEE quedaron totalmente amenazadas y supeditadas

a un proceso histórico de alcance continental: la negociación española quedaba pendiente de que

Inglaterra, Francia, la República Federal Alemana e Italia negociasen una reforma capital de todas las

instituciones financieras y agrícolas de la CEE. Esa reforma todavía no se ha comenzado a

negociar si quiera.

2) El mes de junio de 1980, el presidente de la República Francesa, Valéry Giscard d´Estaing, anunciaba

públicamente el callejón sin salida al que había llegado la crisis institucional abierta por Inglaterra, y

sacaba la conclusión que ya habían subrayado todos los gran dos medios de opinión del

continente, el «Financial Times», «The Economist», «Le Monde», «11 Corriere della Sera»:

España no podría negociar su ingreso en la CEE mientras la CEE no procediese a resolver la crisis

institucional abierta un año atrás por Inglaterra. Se trataba de una conclusión perfectamente elemental:

todo el mundo en Europa sabe que si no hay acuerdo agrícola entre las capitales europeas queda

literalmente paralizado todo el edificio institucional de la CEE. Por una razón elemental: la política

agrícola controla más del 75 por 100 del presupuesto común, y lo que exigía y exige Inglaterra, desde

el otoño del 79, es que la CEE reforme la política agrícola, su financiación y el presupuesto común.

3) El mes de julio de 1980, la CEE tomó la decisión de encargar a la Comisión de la Comunidad (su

máximo organismo gestor) un proyecto dé gran reforma institucional de la CEE. La Comisión recibió

como plazo el 30 de junio de 1981 pura entregar su proyecto de reforma. Cuando el proyecto esté

finalmente redactado, los Estados europeos procederán a su estudio y negociación; y cuando los diez

Estados miembros lleguen a un acuerdo final, definiendo, negociando y aceptando la nueva arquitectura

financiera y política, España podrá comenzar la negociación agrícola con la CEE...

Sólo entonces, cuando la CEE haya procedido a su gran reforma institucional, podrá comenzar la

verdadera negociación.

Estos datos son perfectamente conocidos por toda Europa. Y así son aceptados, conocidos, presentados

y sistemáticamente observados. Ningún partido político europeo, ningún periódico europeo, ninguna

emisora de radio o televisión europea ha repetido otra información durante los últimos veinte meses: se

trata de un proceso histórico perfectamente conocido y aceptado.

Fraude

En España, este proceso ha sido sistemáticamente manipulado por razones puramente locales: a veces por

ignorancia, a veces por decisión pura y simple de fraude.

Durante los últimos diez meses, la oposición socialista, comunista y conservadora, el partido en el poder,

han repetido diversas acusaciones contra Francia. Y todos los líderes políticos significativos (Felipe

González, Calvo-Sotelo, etcétera) han sostenido la necesidad de «acelerar» las negociaciones. Ningún

partido político, ningún periódico, han podido explicar nunca a la opinión pública cómo podría precederse

a tal «aceleración». Por una razón totalmente simple y elemental: es literalmente imposible acelerar nada.

Es física, económica, política y administrativamente imposible. Cualquier estudiante de periodismo belga,

luxemburgués, inglés, alemán, francés, italiano u holandés podría explicar detalladamente una cuestión

tan simple.

La clase política española, colectivamente, por el contrario, ha tomado la responsabilidad histórica de

engañar a la opinión pública, haciéndola creer lo contrario. Y denunciando a Francia de las desventuras

españolas. Se trata de un proceso patético: cuando el ministro español de Asuntos Exteriores, el secretario

general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) vienen a París, se dicen «encantados» de lo «bien

que hemos sido tratados»; y cuando regresan a Madrid denuncian a Francia de todos los problemas que

sufre el país.

Sería totalmente elemental que viniesen a París y denunciasen el maquiavelismo francés ante el problema

terrorista..., pero curiosamente, en París, ni Felipe González ni José Pedro Pérez-Llorca han planteado

públicamente el problema, y cuando se han entrevistado con los políticos franceses han declarado a la

prensa que se encontraban satisfechos...

Pretexto

La «cumbre» europea de Maastricht (Holanda) ha sido, por ahora, el último pretexto para un vergonzante

espectáculo nacionalista e ignorante. Días antes de la «cumbre», todas las fuerzas políticas españolas

afirmaban que se «esperaba» una «aceleración» de las negociaciones España-CEE.

Una vez más se trataba de un fraude y engaño de la opinión pública española. El presidente en ejercicio

de la «cumbre», señor Van Arht, ya había anunciado que se trataba de una «cumbre» «totalmente

superflua». Por otra parte, cualquier estudiante de periodismo europeo sabe, igualmente, que la reforma

institucional de la CEE (totalmente indispensable y previa a la negociación española) no empezará antes

del verano próximo. Y no hay ninguna «voluntad política» que pueda modificar el más elemental, directo

y rutinario proceso administrativo e institucional.

 

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