Autor: Dávila, Carlos. 
 Gobierno y PSOE, enfrentados radicalmente. 
 OTAN, un debate nada artificial     
 
 ABC.    03/05/1981.  Página: 9-10. Páginas: 2. Párrafos: 7. 

DOMINGO 3-5-81

NACIONAL

ABC/9

Gobierno y PSOE, enfrentados radicalmente

OTAN, un debate nada artificial

Por Carlos DAVILA

«Vais a defender una cosa, en la que no tenéis nada que ver, que se llama Europa.» Con estas extrañas

palabras, el original maniqueo Willy Brandt, apoyó hace sólo unos días sus últimos razonamientos en pro

de una congelación de la entrada de España en la OTAN. La delegación socialista, entre estupefacta y

satisfecha, encontró en la frase del ex canciller alemán, otra razón más para defender su oposición frontal

al ingreso de nuestro país en la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Felipe González,

protagonista de la política exterior del PSOE desde que tuvo que defenestrar, muy a pesar suyo, al

ineficaz «amateur» Luis Yáñez, dio, sin embargo, escasa importancia a la afirmación del viejo político,

alejado del Poder real en su propio partido (SPD) que practica y ha practicado siempre, una curiosa

política: «lo que es bueno para Alemania, quizá no lo sea para los demás».

Y entre los demás está España. Afortunadamente, en la República Federal manda el pragmático Helmut

Schmidt quien no comparte, precisamente, las tesis de su antiguo jefe y tampoco, claro está, las de

algunos compañeros de partido que han dado buenas palabras de apoyo a los socialistas españoles en una

causa que tiene casi perdida de antemano. Felipe González sabe perfectamente que lo más que puede

lograr en su empeño, nunca demasiado explicado, de mantener a España fuera de la Organización, es

aplazar el contencioso unos meses; unos meses que, desde luego, serán suficientes para provocar

elecciones anticipadas y explotar el gran debate nacional sobre la OTAN. Porque, de referéndum, nada.

La Constitución, prácticamente lo prohíbe. Un artículo, el 87-3 dice, expresamente: «Una ley orgánica

regulará las formas de ejercicio y requisitos de la iniciativa popular para la presentación de proposiciones

de ley. En todo caso se exigirán no menos de 500.000 firmas acreditadas. No procederá dicha iniciativa

en materias propias de ley orgánica, tributarias o de carácter internacional, ni en la relativo a la prórroga

de gracia.» El dichoso artículo, al que los constitucionalistas del PSOE —que no son muchos— buscan

ahora las vueltas, puede aguar la fiesta plebiscitaria socialista. Y es que según Luis Solana, experto en

temas militares del principal partido de la oposición, «nosotros sabemos que no tenemos nada que hacer

en este tema». «Pero eso sí —añade— buscaremos las firmas.»

Y las encontrarán si antes no hay consenso, que, según parece, no puede haberlo. El Gobierno, y sobre

todo Calvo-Sotelo y Pérez-Llorca, apuestan por una petición de ingreso antes de diciembre. Javier

Rupérez, el secretario de Política Exterior de UCD, decía: «Para entrar necesitamos, al menos, ocho

meses.» El más rápido calendario se cumpliría así, justamente, dentro de un año: un mes antes del

Mundial, «equis» meses antes de las elecciones. «Si yo fuera de UCD —afirmaba un parlamentario

socialista— aceleraría el tema, porque después no vamos a entrar.» Tiene razón, después no. ¿Y antes?

Pues las cosas no están tan claras. Aún no se ha dicho, que no todos los países miembros de la NATO

ayudan al Gobierno español en su intento. Al margen de los devaneos dubitativos de algunos socialistas

alemanes es probable que Holanda y Dinamarca planteen dificultades. E incluso Noruega, patria por unos

años del susodicho Willy Brandt. La clave de las dificultades son los temidos y modernos cohetes de

alcance medio, que han hecho variar todos los análisis defensivos occidentales y que, por cruel paradoja,

han llenado de gozo a los militares del Kremlin, que conocen mejor que nadie las presiones de los

pequeños países atlantistas para establecer un reparto equitativo de arsenal defensivo: El «tú que vas a

aportar» se ha transformado así en el punto crítico de la batalla dialéctica para nuestro ingreso en el club

militar de Occidente.

Pero las resistencias pueden vencerse. Los socialistas están seguros de que el «duro» Alexander Haig ha

presionado lo bastante como para que el ingreso, a corto plazo, sea irreversible. Los socialistas practican

una torpe política exterior que contradice sus loables propósitos de vender democracia española en

mercado europeo. En el último encuentro con Margaret Thatcher, la «dama de hierro» hizo un canto

bondadoso a la OTAN que Felipe González y Javier Solana, traductor de ocasión, apenas pudieron

contrarrestar; ni siquiera pudieron charlar de Gibraltar. A pesar de que el PSOE habla con preocupación

consciente de los tres grandes problemas defensivos españoles: bases americanas, Gibraltar y OTAN. La

Thatcher en aquella entrevista de urgencia, caliente aún el deplorable «tejerazo», no permitió que en la

hipotética negociación atlántica se manejara el contencioso gibraltareño. Los socialistas no reaccionaron a

tiempo: «Esto nos pasa —decía un miembro de la Ejecutiva— por no tener un "ministro" de Exteriores

como Dios manda.»

· La posibilidad de un referéndum no parece constitucionalmente posible

Los otros dos grandes problemas preocupan menos. Los socialistas aceptan las bases y combaten la

OTAN y aseguran al tiempo que nuestra entrada no añadiría nada ni política ni defensivamente. Conocen

los socialistas, el Gobierno y la Administración Reagan que en la discusión de los nuevos pactos hispano-

norteamericanos (sin cláusulas secretas como en los tiempos del pasado régimen) apenas podrá forzarse la

tuerca de la presión con respecto a Rota, una base fundamental en la que los submarinos serán líderes

hasta la pronta llegada a la estrategia global de los cohetes de alcance medio. Otra cosa es ya Torrejón

que, defensivamente, se cotiza menos. Los argumentos socialistas tienen escasa vocación de futuro.

Algunos, como el de la no modificación del «statu quo» internacional es, por lo menos, discutible. Dice el

PSOE en doctrina oficial que ha comenzado a contestarse en algunos círculos profesionales del partido,

que si España ingresa en la OTAN la irritación soviética alcanzará niveles inimaginables. Pero partiendo

de la base de que los rusos son muy dueños de enfadarse cuando les venga en gana, sin necesidad de que

España deba apenarse demasiado por tan histriónica postura. ¿Es que puede pensarse que la Unión

Soviética decidirá entonces molestarnos más de lo que, presumiblemente, lo hace ahora? El PSOE piensa

que sí; piensa que la KGB, la central de inteligencia más «infiltrada» del mundo, apoyará con mayor

denuedo movimientos separatistas, o bandas armadas asesinas como ETA militar, un reducto de

criminales liberados, que en frase de Marcos Vizcaya, portavoz de la Minoría Vasca en el Congreso de

los Diputados, cuenta con la ayuda incondicional soviética. Ayuda que, en el momento fundacional, en la

última parte del los cincuenta, vino de la CÍA. Lo dice Marcos Vizcaya, lo presume Claire Sterling en «La

red del terror» y a mí me parece perfectamente lógico.

Una de las grandes ventajas, según los proatlantistas, que traería a España el ingreso en el «Club de los

15» sería el acceso también, de nuestros mínimos servicios de seguridad al «pool», formado en torno a la

OTAN. Esta penetración, ahora indispensable, tampoco parece argumento suficiente para los socialistas

que, sin embargo, se quejan, con toda la razón, del desacertado, y a veces lamentable, funcionamiento de

unos servicios que apenas han podido reorganizarse desde los tiempos en que su ocupación preferente era

descubrir intrigas democráticas contra el viejo aparato. Otra gran razón, la de la seguridad, parece

discutible para los socialistas que caen, sin quererlo, en la trampa del chantaje soviético, cuando

proclaman que cualquier adición de un nuevo miembro a uno de los dos bloques defensivos

internacionales traería en consecuencia poco menos que la desestabilización universal. Otras «entradas»,

como la invasión de Afganistán, son para los soviéticos un puro movimiento táctico en localizadas

maniobras militares.

El debate OTAN sí, OTAN no, ya ha comenzado. Posiblemente, el Gobierno de UCD, si logra

mantenerse, podrá conseguir el ingreso de España antes de las próximas elecciones. Bastaría una victoria

parlamentaría por mayoría simple, como en su día anunció Marcelino Oreja, pero a la hora de votar, el

escrutinio tendrá mayor color atlantista con los sufragios de Coalición Democrática, los catalanes,

algunos mixtos y... ¿los del PNV? Cualquier vaticinio es imposible porque la espesura intelectual de

gentes como Arzallus puede, indirectamente, favorecer la política de ese gran país que ahora lubrifica las

acciones del enemigo común: ETA.

 

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