Autor: Kirkpatrick, Guillermo. 
   La OTAN, las bases y la renegociación del tratado con Estados Unidos     
 
 El País.    13/05/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

POLÍTICA

EL PAÍS, miércoles 13 de mayo de 1981

TRIBUNA LIBRE

La OTAN, las bases y la renegociación del tratado con Estados Unidos

GUILLERMO KIRKPATRICK

Digámoslo claramente: hay muchos que piensan que el mantenimiento de las bases hispano-

norteamericanas en nuestro suelo constituye una hipoteca. Hay quien considera que esa hipoteca es

inadmisible; otros creen que justamente una hipoteca es lo que permite a los menos ricos permitirse el

lujo de gozar de algo propio, aunque para ello tengan que someter a algún gravamen su patrimonio.

En esta cuestión, como en tantas otras, hay un activo y un pasivo. Existen en el activo del balance

aspectos positivos de defensa de cuestiones y principios que llegan incluso a la protección de la identidad

de España y a valores como la libertad, con los que estamos comprometidos; pero debe quedar muy claro

que la actitud que finalmente tomemos no se debe a la resolución de los problemas de Occidente, sino a la

satisfacción de las necesidades de seguridad y protección de España.

No somos satélites

No somos satélites porque depende de nuestra capacidad soberana de decisión el acuerdo que finalmente

se tome, e indudablemente ese acuerdo, para ser admisible, ha de comportar las contrapartidas justas y

equivalentes. Contrapartidas de orden internacional que no tienen nada que ver con concesiones que en el

orden doméstico se quieran hacer a grupos o sectores políticos para lograr su consentimiento y que,

indudablemente, debilitan la posición negociadora.

Así vemos estos días cómo se ha declarado que el ingreso en la Alianza Atlántica no tiene por qué

significar la nuclearización y que la existencia de algunas bases se debe al tratado bilateral España-

Estados Unidos y no a la OTAN. Al hilo de estas declaraciones, el titular de la cartera de Defensa

manifestaba a EL PAÍS que es mejor la OTAN que un acuerdo bilateral como el que tenemos en la

actualidad con Estados Unidos de América. Todo ello se produce cuando corren rumores de que un sí a la

OTAN no tiene por qué significar un sí a las bases, e incluso que el tratado defensivo bilateral, que

caduca en septiembre, podría no ser renovado por parte de España.

Hay un hecho evidente, y es que a estas alturas, y quizá debido a la gravísima crisis política interna,

España retrasa el nombramiento oficial de negociador, y los norteamericanos, como tuvieron ocasión de

decirme en Washington guando estuvimos en la toma de posesión de la Administración republicana, ven

con preocupación el paso del tiempo y estiman que una negociación seria no se improvisa y difícilmente

puede llevarse a cabo de manera efectiva en tan sólo seis meses.

En Washington han nombrado ya al negociador y esperan nuestras propuestas sobre si queremos OTAN

con tratado, OTAN a secas o, por ahora, sólo el tratado. Y en cuanto a este último, los americanos quieren

saber lo que opinan las fuerzas políticas sobre contrapartidas justas y equivalentes, aunque,

evidentemente, para nadie es un secreto que nos pueden decir que esas contrapartidas las encontraremos

justamente en la OTAN.

Así pues, sobre el debate OTAN, tantas veces anunciado, se superpone ahora la cuestión de la

renegociación del tratado, y dentro de él, por supuesto, la vigencia y viabilidad de las bases.

En Washington nos preguntaron a los únicos representantes políticos que fuimos a la toma de. posesión si

la omisión del tema nuclear en las referencias que sobre la renegociación del tratado había hecho por

aquellas fechas la izquierda era un simple olvido o una táctica pensada.

La nuclearización

Efectivamente, en el programa socialista para 1981, tal y como lo recogía la Prensa española el pasado 18

de enero, figuraban contrapartidas tecnológicas, entregas actualizadas de armamento modernizado y

efectivo mando español sobre las bases hispa-no-norteamericanas. El tema de la nuclearización brillaba

por su ausencia, si bien en el tratado de 1976 se establecía que los submarinos provistos de misiles

balísticos con cabeza nuclear abandonarían Rota. En realidad, Estados Unidos compensaba la pérdida de

Rota a estos efectos con la aparición de los Trident instalados en los submarinos Poseidón, con amplio

despliegue por el Atlántico, y con la solución de utilizar la base Holy Loch, en Escocia, en caso de que

aquí se les pusiesen grandes dificultades. El único inconveniente de esto era, sin duda, el de concentrar

demasiados submarinos en un único lugar, aumentando así su vulnerabilidad.

Dinamarca y Noruega

Existe un caso evidente de entrada en la OTAN sin nuclearización, como sucede en Dinamarca y

Noruega; pero la parca explicación que se ha dado sobre esto en el debate de investidura por parte del

Gobierno, que ni siquiera se ha acordado de mencionar estos dos ejemplos nórdicos, debe ser ampliada.

Por parte nuestra tampoco estamos convencidos de que la situación de Dinamarca y Noruega sea

equiparable a la de España.

Desde nuestro punto de vista existen dos opciones teóricas, pero dignas de estudio, en cuanto a lo que

puede hacer ahora España, y otras dos opciones prácticas en la forma de llevar esa integración en la

Alianza Atlántica, de la que somos partidarios. Las dos primeras opciones teóricas serían la integración

no militar, similar a la de Francia, o la asociación con la OTAN en base a un estatuto especial. De seguir

el modelo francés terminaríamos por orbitar alrededor de Francia, en nuestro intento de huir de una

excesiva dependencia de Estados Unidos.

El estatuto especial no está previsto en el tratado

La opción de un estatuto especial es merecedora de mayor atención, pero choca con la dificultad de que

no está prevista en el tratado de Washington. Habría que analizarla, no obstante, con más detenimiento, y

eso me propongo hacer en un próximo artículo. Las dos opciones prácticas serán la integración

marginando al quedar superada la relación bilateral defensiva con EE UU, o la continuación con dicha

relación bilateral, mejorándola sustancialmente.

No parece aconsejable una desvinculación del tratado con Estados Unidos sin tener ya avanzada la

negociación con la OTAN, que es preciso hacer negociando bien los intereses de nuestro país y que, por

lo mismo, no va a ser precisamente un camino de rosas, y no me refiero con ello a las dificultades internas

con que este tema va a tropezar.

Guillermo Kirkpatrick es secretario general adjunto de Alianza Popular.

 

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