Autor: Gallego-Díaz, Soledad. 
   La OTAN reforzará su flanco sur para impedir un despliegue de bases rusas en el Mediterráneo     
 
 El País.    24/06/1981.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

6/INTERNACIONAL

EL PAÍS, miércoles 24 de junio de 1981

La OTAN reforzará su flanco sur para impedir un despliegue de bases rusas en el Mediterráneo

¿Por qué Europa occidental ha permanecido indiferente ante el golpe de Estado en Turquía? ¿Por qué

Estados Unidos y sus aliados han aceptado que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas

condenara el ataque israelí contra la central nuclear iraquí? ¿Por qué la OTAN está tan interesada en

adherir a España lo antes posible? Todo puede tal vez encontrar una misma explicación: uno de los

objetivos prioritarios de la Alianza Atlántica en las actuales circunstancias políticas es impedir a todo

trance que la Unión Soviética disponga de bases o facilidades navales en los países ribereños del

Mediterráneo, así como reforzar todo el flanco sur de la OTAN ante la posibilidad, cada día mayor, de

que estalle un conflicto en Oriente Próximo.

SOLEDAD GALLEGO-DIAZ, Bruselas

La caída del régimen del sha en Irán, la invasión de Afganistán, el rearme de Siria, la belicosa actitud de

Libia, la presencia soviética en Etiopía y el permanente conflicto árabe-israelí han hecho del

Mediterráneo un elemento estratégico de primordial importancia para la Organización del Tratado del

Atlántico Norte. Desde hace casi dos años, la OTAN ha colocado en primera línea de sus programas y

planes de defensa la modernización y equipamiento del Ejército turco y la ampliación de las propias bases

aliadas, que se han convertido en un elemento logístico indispensable para una eventual intervención de la

fuerza de rápido despliegue norteamericana.

Desde hace ya muchos años, lo preocupante para Bruselas no es la estricta presencia soviética en el

Mediterráneo, que, por otra parte, ha disminuido en relación con los niveles de los años sesenta-setenta,

sino la posibilidad de que estalle un conflicto local en el que se vean comprometidos intereses

fundamentales de la Alianza Atlántica. En ese caso, la efectividad de las instalaciones de la OTAN en el

Mediterráneo, por su proximidad al foco, se revelará fundamental, así como una seria política de

aislamiento de la URSS, de forma que cualquier intervención soviética se vea cortocircuitada desde un

primer momento por falta de apoyo logístico adecuado. Se trata de una especie de juego de ajedrez de

altos vuelos en el que la posición de las piezas puede ser en sí misma el factor de victoria o de abandono

por parte del contrario.

Temor a un conflicto local

Según los expertos aliados, la posibilidad de un conflicto en tierra europea, en las zonas sur u oriental, es

lejana. Sin embargo, desde un punto de vista militar es importante guardar una relación de fuerzas con el

Pacto de Varsovia en los tres teatros en los que esos hipotéticos combates terrestres podrían producirse:

noreste de Italia, las Tracias griega y turca, y la parte más oriental de Turquía.

En la primera, noreste de Italia, la situación es favorable a la Alianza Atlántica. El Ejército italiano, él

solo, contaría con 140.000 hombres, 1.500 tanques, 4.000 transportes blindados y 1.500 cañones, mientras

que las fuerzas destinadas por el Pacto de Varsovia a este escenario, que tienen su base en Hungría, lo que

significa que deberían atravesar 250 kilómetros y un pequeño espacio yugoslavo, contarían con 139.000

hombres, 2.282 tanques, 3.228 transportes blindados y 782 piezas de artillería. El único punto débil sería

el número de tanques, pero hay que tener en cuenta que las unidades más modernas por parte del Pacto

son setenta T-72, mientras que Italia ha incorporado recientemente 145 nuevos Leopard I Médium.

La situación es distinta en las Tracias griega y turca, ya que, contando con ambos ejércitos y con las

fuerzas soviéticas, búlgaras y rumanas que podrían entrar en acción en ese teatro, existe una relativa

inferioridad aliada: 3.030 tanques contra 6.169, 1.680 transportes blindados contra 5.786 y 1.415 cañones

contra 2.795. La inferioridad es, sin embargo, relativa porque, dado que no hay unidades soviéticas

estacionadas en Bulgaria ni en Rumania, el grueso de las fuerzas del Pacto de Varsovia debería

desplazarse desde Odessa (URSS), donde tienen su base seis divisiones motorizadas y una

aerotransportada. Más complicada sería la situación en Turquía oriental, donde, a una distancia

relativamente próxima, la URSS dispone en el Transcáucaso de once divisiones motorizadas: 6.443

tanques contra los 1.100 de que dispone el Ejército turco en la zona, 2.981 piezas de artillería contra 810

y 9.870 transportes blindados contra algo más de mil.

Desde el punto de vista de las fuerzas aéreas que podrían ser rápidamente asignadas a estos tres

escenarios, según datos del Instituto de Estudios Estratégicos de Londres, la OTAN dispondrá de una neta

superioridad en cuanto a aviones de combate y bombarderos y una clara inferioridad en cuanto a

interceptores.

Con estos datos en la mano podría parecer que la situación de la Alianza Atlántica es más bien precaria en

el Mediterráneo oriental, pero todo el análisis sufre un importante cambio cuando se examina la relación

de fuerzas navales. Ahí la superioridad de la OTAN es aplastante. La Unión Soviética no dispone de

bases en ningún país mediterráneo y sólo ha conseguido algunas facilidades militares en el puerto de

Tartus (Siria), así como acuerdos de utilización comercial de Bizerta (Túnez) y Tivat (Yugoslavia). La

presencia naval soviética en el Mediterráneo se limita al llamado Sovmedron (escuadrón mediterráneo de

la URSS), que en 1980 estaba formado por nueve submarinos, once unidades de combate de superficie,

veintitrés navíos auxiliares y tres buques de inteligencia. El total es de 46 barcos, contra los 284 de que

dispone permanentemente la OTAN, de los 53 submarinos y 101 unidades de combate en superficie.

La presencia de buques soviéticos en el Mediterráneo está sometida además a la Convención de Montreux

(1936), que, en caso de crisis, limita a nueve el número de navíos procedentes de países no ribereños que

pueden atravesar los estrechos turcos (Bosforo y Dardanelos). Estos dos estrechos son la única salida de

la marina soviética desde el mar Negro al mar Mediterráneo.

El control de este paso lo ejerce estrechamente el Ejército turco. Según los datos que posee la Alianza

Atlántica, en 1980 atravesaron los estrechos 235 navíos soviéticos, de los cuales 124 eran buques

auxiliares y el resto estaba destinado fundamentalmente a su despliegue en el mar Rojo y en el océano

Índico. La Convención de Montreux impide también el paso de submarinos, porque los nueve que forman

parte del escuadrón soviético se ven obligados a llegar a su punto de destino tras un larguísimo camino.

Se puede afirmar que la presencia soviética en el Mediterráneo ha disminuido desde la crisis de Oriente

Próximo en 1973.

Importancia de las bases hispano-norteamericanas

La política aliada ha logrado hasta ahora bastante bien su objetivo de aislar a la URSS en el Mediterráneo,

de forma que desde que el presidente egipcio, Anuar el Sadat, rompió su tratado de amistad con la Unión

Soviética (marzo de 1976) la flota rusa no dispone de prácticamente ningún punto de atraque, excepto,

como queda dicho, Tartus, en Siria. Los buques soviéticos se ven obligados, pues, a anclar en aguas

internacionales y, según los servicios de información de la Alianza Atlántica, han sido detectados en las

proximidades de, Melilla y la isla de Alborán, en España; Cythera, en Grecia; en los golfos de Sollum y

Hammamet (Túnez y Libia) y en Cope Andreas (Chipre).

Si la defensa directa del Mediterráneo está encomendada a la flota norteamericana, Francia, Italia, Grecia

y Turquía, no es menos cierto que España, sin ser miembro de la Alianza Atlántica, desempeña, a juicio

de los observadores aliados, un papel clave tanto en esa defensa directa como en cuanto al apoyo logístico

fundamental que pueden suponer las bases estadounidenses cara a la intervención de la fuerza de

despliegue rápido. Las instalaciones estadounidenses en suelo español entran ya en los esquemas de la

Alianza como conjunto. La base aeronaval de Rota (Cádiz), por ejemplo, es, a juicio de muchos de estos

expertos, mucho más importante que las instalaciones aliadas en Gibraltar, bajo soberanía británica. Rota

posee instalaciones que le permiten recibir submarinos, y un aeropuerto que es la base de las patrullas

aéreas de vigilancia marítima y de lucha antisubmarina que emplea la flota norteamericana en el

Mediterráneo, y que disponen de los famosos Orion.

Zaragoza, por su parte, proporciona fundamentalmente un lugar privilegiado para el entrenamiento de

tropas y de material aéreo, así como un punto de aprovisionamiento, esencial para el transporte de tanques

y artillería pesada por parte de Estados Unidos y hacia un escenario más al Este. Torrejón, por último, es

el cuartel general del XVI Ejército de la Fuerza Aérea norteamericana, en rotación con otras bases

estadounidenses en Italia, Grecia y Turquía. Además, España alberga cuatro importantes terminales de

comunicaciones en la Península y dos en las islas Baleares.

De acuerdo con los análisis aliados, el reforzamiento del flanco sur de la OTAN, tanto como queda dicho

en cuanto al control del propio territorio como en cuanto a su alto valor estratégico frente a un conflicto

en una zona cercana, es una tarea prioritaria que justifica plenamente el apoyo al régimen turco o la

concesión de ayuda militar importante a Grecia e Italia, así como a Portugal. El peligro de un

enfrentamiento convencional entre la Alianza y el Pacto de Varsovia en el Mare Nostrum es poco

significativo, pero, a juicio de los aliados, y fundamentalmente de Estados Unidos, en los próximos años

la guerra fría puede desatarse en Oriente Próximo: hay que mover ya todos los peones e impedir que el

contrario ocupe ninguna posición ventajosa.

 

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