U. S. A. escribe a Felipe     
 
 Diario 16.    27/06/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

U.S.A. escribe a Felipe

La nota del Departamento de Estado U.S.A., advirtiendo que las relaciones entre Francia y EE.UU. «se

verán afectadas» tras la inclusión de comunistas en el Gobierno de París, era mucho más dura y explícita

de lo que permiten los usos diplomáticos entre dos países occidentales.

Y es que Washington ha querido ser entendido «urbi et orbi». La nota no iba tanto dirigida a Mitterrand y

sus aliados como a otros Gobiernos del mundo, europeos para más señas.

Porque una alianza socialistas-comunistas en Francia estaba, en el fondo, dentro de lo previsible y hasta

de lo tolerable, dada la fuerza electoral adquirida por el PS frente a la caída vertical del PCF.

Estados Unidos entiende que la inclusión de ministros comunistas en un país que, al fin y al cabo, no

pertenece al «club militar» de la OTAN, servirá para controlar a la poderosa central sindical comunista y

para incluir «en el sistema» a los hombres de Marchais, siempre proclives a la aventura pro soviética.

Pero una advertencia se hacía necesaria para evitar posibles alianzas socialistas-comunistas en otros

países latinos europeos.

El previsible razonamiento de Washington es que no debe estar lejano el día en que los socialistas de

Craxi formen Gobierno en Italia, una vez que fracase la efímera fórmula del republicano Spadolini. Y hay

que evitar que Craxi introduzca al poderoso PC italiano, segunda fuerza electoral del país, en el Gobierno.

Estados Unidos no está dispuesto a tolerar que en Roma se rompa el statu quo acuñado a base de crisis de

Gobierno durante cuarenta años.

Tampoco olvida Washington que, en octubre, el socialista PASOK ganará probablemente las elecciones

griegas, y que en Grecia existe un PC eurocomunista relativamente poderoso.

El caso español, en 1983 o antes de esa fecha, debe andar también muy presente en los despachos del

Departamento de Estado. En el análisis del caso español es como si U.S.A. hubiese escrito una carta a

Felipe: cuidado con imitar el ejemplo de Mitterrand.

 

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