Autor: Salas López, Fernando de. 
   El tratado U. S. A. y la OTAN     
 
 Diario 16.    09/07/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

FERNANDO DE SALAS LÓPEZ

Rector de la Sociedad de Estudios Internacionales

El tratado U.S.A. y la OTAN

«Se conmemoró el 4 de julio el CCV aniversario de la aparición de los Estados Unidos de América en el

concierto mundial, y el próximo 27 de octubre se recordará que hace 186 años fue el primer tratado

español con este país, bajo el título de "Paz, amistad y navegación. Límites de las Floridas y del

Mississipi".»

En las últimas décadas, con los norteamericanos hemos firmado el tratado de 1976, que concluye el

próximo 21 de septiembre, y los convenios de 1970 y el de 1953, que es el inicial y por el que se

construyen las bases militares de Rota, Morón, Torrejón y Zaragoza.

Son 28 años ligados a los norteamericanos, según la letra del artículo I, que dice así: «La estrecha

cooperación entre los dos países en todos los asuntos de interés común se mantendrá y desarrollará sobre

la base de la igualdad soberana. Esta cooperación abarcará los asuntos económicos, educativos,

culturales, científicos, técnicos, agrícolas y de defensa.»

Y parece oportuno señalar que en los sucesivos convenios y en este tratado el Gobierno español ha

expresado su objetivo de alcanzar su plena integración en la Comunidad Económica Europea y el

Gobierno de los Estados Unidos se declara favorable al objetivo español, y acuerdan tomar contactos para

alcanzar soluciones mutuamente satisfactorias a este respecto.

Interés común

Por el contrario, en relación a la OTAN no se formula una denominación expresa de la misma, ya que en

el artículo I del Acuerdo número cinco sobre la Coordinación Militar Bilateral se lee: «En Madrid se

constituirá un Estado Mayor Combinado de Coordinación y Planeamiento, para facilitar la coordinación

entre las fuerzas de España y los Estados Unidos y otras fuerzas dedicadas a la defensa del Atlántico

Norte.»

Pero al mencionar en el artículo III la zona geográfica de «interés común», resulta que es más amplia y

engloba a las zonas Iberland y Gibmed de la OTAN y casi totalmente a la del Mediterráneo occidental o

Medoc. Es decir, que por el tratado tenemos una zona de interés común más amplia que la que nos

correspondería contribuir a defender si fuéramos miembros de la Alianza Atlántica.

El carácter reservado de la materialización y desarrollo de los términos del tratado de 1976, ahora que

estamos en su última etapa de vigencia, no permite realizar una valoración acertada y rigurosa del mismo,

pero sí otorga verosimilitud al juicio de que esta estrecha vinculación a los planes de la OTAN, con el

visto bueno de la misma, prácticamente nos ha integrado en ella, en una situación de hecho pero no de

derecho, por no pertenecer a la misma. Es una posición especial e intermedia entre la de ser miembro y la

de no pertenecer a la OTAN.

Con retraso

Sobre la renovación de este tratado están de acuerdo prácticamente todos los partidos políticos, por ser

aceptado incluso por socialistas y comunistas que opinan se mantiene así el actual «status quo»

internacional, si bien se oponen ambos al ingreso de España en la OTAN con razonamientos ampliamente

divulgados.

Al decir de observadores y tratadistas especializados, como consecuencia de los cambios en las

Administraciones de los dos países, el Gobierno ha comenzado con mucho más retraso que en anteriores

situaciones análogas las negociaciones para el nuevo tratado y el nombramiento del secretario de Estado

de Exteriores, Carlos Robles Piquer, como presidente de la comisión española, es del pasado mes de

junio. Acaba de concluirse la primera fase en Madrid y se inicia una nueva ronda de conversaciones en

Washington.

Las facilidades aéreas y marítimas de que gozan los norteamericanos en la Península Ibérica son cruciales

para su seguridad en esta importante área estratégica mundial. No es una opinión nuestra, son

declaraciones del subsecretario de Estado para Asuntos Europeos ante el Congreso, el 23 de marzo de

1981, al estudiar los presupuestos de ayuda militar a España en el próximo año.

Pero, sin embargo, es muy posible que a la hora de negociar se muestren duros y nos sigan tratando como

país amigo, pero no con la consideración de país aliado que conceden a los 14 miembros de la OTAN.

La situación político militar de España en estos momentos expresada por el presidente del Gobierno

tiende claramente a una pronta integración en la OTAN. Para ello habrá de vencer la acción conjunta de

los partidos de izquierda, que ya han iniciado su campaña oficial en contra, y las presiones exteriores de

la U.R.S.S., que se ha manifestado clara y contundente en este aspecto: «No querríamos, pues, que

España introdujese el otro pie en la OTAN y pasase a ser decididamente miembro de este bloque.»

Estamos, pues, ante un importante acontecimiento internacional del que variadas circunstancias nos han

convertido, como ha ocurrido varias veces a lo largo de la historia, en protagonistas controvertidos y con

notoria división de opiniones internas, mero reflejo de «la batalla» que a nivel político, diplomático y

militar se está riñendo en espacios exteriores y más amplios que los nuestros por los dos bloques.

Ante estos planteamientos, los caminos y las formas de la negociación pueden ser varios y parece resultar

sensata la tesis que apunta sobre la conveniencia de no realizar una nueva renovación del tratado, con

mayores o menores ventajas por nuestra parte, pero siempre en precarias condiciones, por otros cinco

años, sino firmar un tratado puente de mucha menor duración y cuando España sea el miembro número

16 de la OTAN.

Si ello se realiza, se firma un tratado de características análogas a los que los Estados Unidos tienen

vigentes con otros países aliados de la OTAN. Quizá sea ésta la solución más favorable para ambos países

en las circunstancias actuales y de cara a su futuro.

 

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