Autor: Peydro Caro, Miguel. 
   El PSOE y la OTAN     
 
 Diario 16.    11/09/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

MIGUEL PEYDRO

Antiguo dirigente del PSOE. Histórico

El PSOE y la OTAN

«Mi amigo Javier Tusell, en un artículo publicado en estas páginas el pasado día 5, exponía la opinión de

don Indalecio Prieto sobre el tema de la adhesión de España a la OTAN. El criterio de Prieto en esta

cuestión era, naturalmente, el mismo que había adoptado el Partido Socialista en los documentos que

vamos a transcribir, suscritos por el PSOE y la UGT.»

El Tratado de la Organización del Atlántico Norte fue justificado por sus firmantes en los siguientes

términos, contenidos en el preámbulo de dicho documento: «Los Estados que forman parte del presente

tratado, reafirmando su fe en los fines y en los principios de la Carta de las Naciones Unidas y su deseo

de vivir en paz con todos los Gobiernos y todos los pueblos; resueltos a salvaguardar la libertad de sus

pueblos, su común herencia y su civilización, basadas en los principios de la democracia, de las libertades

individuales y en el reino del derecho; deseosos de favorecer en la región del Atlántico norte el bienestar

y la estabilidad; decididos a unir sus esfuerzos para su común defensa y para preservar la paz y la

seguridad, se han puesto de acuerdo para establecer el presente Tratado del Atlántico Norte.»

En el momento que el ministro de Negocios Extranjeros de Gran Bretaña, Ernest Bevin, marchaba a

Estados Unidos para firmar el tratado, se encontraban reunidas conjuntamente las comisiones ejecutivas

del Partido Socialista Obrero Español y de la UGT, que acordaron enviar al señor Bevin el siguiente

mensaje:

«El Partido Socialista y la UGT de España le saluda en su travesía transatlántica, hacen votos porque

España, recobrando los derechos ciudadanos que le fueron violentamente arrebatados, pueda también

suscribir el pacto que se firmará en Washington y exhortar a través de usted a las potencias signatarias del

mismo a que, acentuando su repulsa contra la sangrienta tiranía de Franco, faciliten con la recuperación

de aquellos derechos la adhesión a un pacto que, mantenido sin impurezas, pueda ser garantía de paz para

todo el mundo y promesa de libertad para los países que, como el nuestro, carecen de ella. Por el Partido

Socialista, Indalecio Prieto, presidente; Rodolfo Llopis, secretario. Por la UGT, Trifón Gómez,

presidente; Pascual Tomás, secretario.»

Nota a los aliados

El día 6 de abril, Trifón. Gómez y Antonio Pérez, miembros de la comisión especial, entregaron a los

Gobiernos de Bélgica, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Holanda, Islandia,

Luxemburgo y Noruega la siguiente nota: «Las fuerzas signatarias de la declaración política encaminada

a facilitar la sustitución del régimen dictatorial español por un sistema de normalidad institucional

manifestaron en el artículo sexto de la misma el propósito de incorporar inmediatamente España al Pacto

de Bruselas, suscrito por Bélgica, Francia, Gran Bretaña, Holanda y Luxemburgo.

Fieles al pensamiento que inspiró esa declaración manifiestan hoy igual propósito al denominado Pacto

del Atlántico que, tomando por base el de Bruselas, va a ligar a aquellas naciones con otras de Europa y

con Canadá y Estados Unidos para la consecución de fines que son del más alto interés para un país como

España, susceptible, por su posición geográfica y sus afanes de paz, de contribuir eficazmente a su

realización. Firmaron la nota por el Partido Socialista Obrero Español, Indalecio Prieto, Trifón Gómez,

Luis Jiménez de Asúa y Antonio Pérez.

Es digna de resaltar la significativa cautela que evidencia las últimas líneas del mensaje a Bevin, al

señalar que el pacto, «mantenido sin impurezas, pueda ser garantía de paz para todo el mundo y promesa

de libertad para los países que carecen de ella».

Lo trascrito expresa el criterio del PSOE y de la UGT sobre el ingreso de España en la OTAN, en los días

mismos en que fue suscrito el pacto.

Maquinaria militar

El Tratado del Atlántico Norte, después de treinta y dos años de existencia, se ha convertido en una

potente maquinaria militar en la que sobre los fines políticos iniciales predominan hoy los de carácter

militar, de tal forma que cuando se habla en la OTAN generalmente se entiende que se trata

exclusivamente de una organización militar creada y preparada para ser utilizada en un eventual conflicto

bélico.

Como consecuencia inmediata del Pacto Atlántico surgió el Pacto de Varsovia, constituido por los

Estados comunistas del Este europeo, dirigidos por la U.R.S.S. Y es muy justo hacer notar que en tanto

los países del Este están permanentemente atornillados al Pacto de Varsovia, sin posibilidad alguna de

salir de él, en cambio los miembros de la OTAN pueden abandonar la organización y alguno ya se

excluyó voluntariamente de ella.

La existencia de esos dos bloques militares que se considera corrientemente como una amenaza para la

paz, realmente ha servido hasta ahora para mantener la paz o, al menos, para evitar la guerra.

En nuestro país esta cuestión se ha enmarcado dentro de un esquema ideológico que, a mi juicio, está

fuera de lugar; aquí, la derecha es resueltamente partidaria del ingreso en la OTAN y la izquierda es

contraria; parece algo así como si la Organización Atlántica fuese un club de Estados de derechas y que

en virtud de ello hay que responder al tema del ingreso de acuerdo con ese simplismo ideológico.

Y ello no es cierto, pues cuestión tan importante y trascendental sólo debiera dilucidarse de acuerdo con

el interés general, con nuestra situación geográfica y con las posibilidades reales de opción que tenemos

en presencia, ya que en este problema esencialmente cuentan el interés nacional, la defensa de todo

territorio y la realidad de nuestra situación geográfica, que condiciona todos nuestros movimientos,

nuestras opciones y nuestros compromisos.

Aunque formalmente no estamos dentro de la OTAN, los pactos bilaterales con los Estados Unidos, como

es notorio, nos atenazan de hecho a la Organización del Atlántico Norte con todas sus consecuencias y, en

caso de un conflicto generalizado, sufriríamos todos sus efectos, tal y como si perteneciésemos a la

OTAN.

No podemos ser neutrales ni tampoco, aunque quisiéramos serlo, nos dejarían.

 

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