Autor: Solana, Luis . 
   OTAN, de entrada, no     
 
 Diario 16.    24/09/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

LUIS SOLANA

Diputado del PSOE por Segovia

OTAN, de entrada, no

«Desde distintos sectores se han realizado críticas al slogan elegido por el PSOE para la campaña de

concienciación popular y de lucha contra la entrada de España en la OTAN. La crítica fundamental es que

la expresión elegida entraña un mensaje ambiguo. ¿Es realmente ambiguo o confuso ese cartel que salpica

las paredes españolas? Veamos.»

Un mensaje publicitario es ambiguo si puede inducir a confusión al espectador (bien de forma deliberada,

bien casual) porque su texto o su composición tienen lecturas opuestas. Yo presumo que los dirigentes del

PSOE dijeron a los expertos en publicidad: hagan ustedes un cartel que recoja esta frase, «comprendemos

que exista la OTAN, pero no nos gusta que España se incorpore a ella».

Los publicitarios —con mejor o peor fortuna, eso es otro cantar— han plasmado en letras callejeras lo

que se les demandó. El hecho de que no coincida la posición del PSOE con los del totalizador «OTAN,

no», ¿constituye una ambigüedad? En modo alguno. Podrá ser una forma distinta de ver el problema, pero

no confunde a nadie.

El Partido Socialista entiende el cómo y el porqué de la creación de la OTAN. Eran los años en que una

Europa destrozada por la metralla de la segunda guerra mundial pegaba el oído al suelo con temor y

sentía las cadenas de los carros de combate de la Rusia de Stalin que avanzaban hacia el Rhin. Eran los

años que Berlín era bloqueado por la fuerza y nadie sabía hasta dónde iba a apretarse el dogal a ese

pequeño cuello de libertad.

E1 sí de entonces

Los países europeos se agruparon y miraron a la única fuerza capaz de disuadir o detener a los soviéticos

en aquellas fechas: los Estados Unidos, y firmaron un pacto de defensa mutua frente a ese peligro. En

aquel momento, la OTAN significó un escudo en la defensa de las libertades, de ahí que Gobiernos

socialistas e incluso personalidades del PSOE como Indalecio Prieto dijesen un sí claro a la OTAN.

¿Han cambiado en algo las cosas desde entonces? A la vista está. La U.R.S.S. aumenta la conflictividad

internacional invadiendo Afganistán y acrecienta el peligro europeo colocando cohetes de alcance medio

demasiado cerca de los países que son sus objetivos potenciales. Por su parte, los EE.UU. deciden que el

mejor diálogo es el que se genera desde la fuerza, la tensión y el reto y ponen en marcha la bomba de

neutrones y nuevos cohetes de recorrido intermedio. La estrategia de la tensión y el miedo está servida.

Y justo en ese momento, unos europeos que habían visto a la OTAN como un escudo empiezan a verla

como una provocación sin sentido. La OTAN empieza a tomar el aspecto de un gigantesco tirachinas con

las gomas cada día más tensas y que corre el riesgo de que, al romperse, se estrellen en la cara de los

europeos en vez de lanzar la piedra. La estrategia del miedo ha empezado a perder el significado

totalizador de otros tiempos para adquirir matices y efectos por zonas: no un miedo de bloque frente a

bloque, sino un miedo al conflicto europeo, un miedo al conflicto en el Oriente Cercano, un miedo al

choque en el sur de África y así un largo etcétera, largo y dramático.

Por eso precisamente, a lo ancho de Europa empiezan a producirse movilizaciones populares o

declaraciones políticas o posicionamientos de personalidades variopintas que dicen no a la bomba de

neutrones o a los nuevos cohetes y piden que se negocie ya, que no se sigan tensando las gomas de la

guerra, no vaya a ser que la única salida que quede un día sea el mismo conflicto que se intentó evitar,

pero que ya no sería total, sino local, europeo, cruelmente familiar.

En profunda crisis

He ahí unas razones importantes para los socialistas en nuestra campaña de negativa a entrar en el Pacto

Atlántico. Intentan incorporarnos a una Alianza plausible en sus orígenes, pero en profunda crisis de

identidad hoy y a la que España no aportaría más que leña para atizar más la hoguera infernal de la

guerra.

España va a optar, con su incorporación o con su negativa a hacerlo, por uno de los dos modelos

alternativos de lucha por la paz. El modelo que quieren imponer los dos imperios mundiales dice que a

más terror más paz. El modelo de muchos europeos y de la inmensa mayoría de los españoles es: a más

distensión, más paz. Y por ello decimos que no queremos incorporarnos a la OTAN, que no queremos ser

una pieza que se sume a la tensión.

No, no es ambiguo el mensaje del PSOE. Allá ellos con su OTAN —dicen las vallas—, que con su pan de

la tensión o la duda se la coman, pero nosotros no queremos entrar, nos parece malo para España y para la

paz. ¡Ya lo creo que son claros los cartelones socialistas!

 

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