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   Gibraltar y la OTAN     
 
 Diario 16.    29/09/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 18. 

ARTURO MOYA

Diputado de UCD por Granada

Gibraltar y la OTAN

Las declaraciones del secretario general del PSOE en la rueda de prensa celebrada recientemente para

presentar la campaña de su partido contra el ingreso de España en la OTAN han producido una cierta

sensación de curiosidad y asombro.

La credibilidad de Felipe González como estadista y personaje de primera fila en la escena política

española -realmente acreditada en otras ocasiones- ha debido perder puntos esta vez.

Su versión de que la política del Gobierno aproximándonos a la OTAN podría suponer prácticamente

una traición a los auténticos intereses defensivos españoles y una ¡alta de dignidad si no se exige el

reconocimiento de la soberanía española sobre Gibraltar por parte de los países componentes de

la Alianza Atlántica como condición previa a nuestra adhesión a la misma tiene tal carga visible

de demagogia que no puede aceptarse como argumento válido en ningún caso.

El llegar a una simplificación tan desorbitada como la que se produce al señalar el señor González,

jocosamente, la pretendida paradoja que puede suponer el que entremos en la OTAN sin resolver antes el

tema de Gibraltar y que España tal vez deba ayudar a los aliados británicos en la defensa de la base del

Peñón, si fuese atacada y como si se tratase de territorio inglés, desemboca —por parte del PSOE— en

una pura y simple estrategia de perder el tiempo y demorar la cuestión sin que, en su apoyo, aporten

razones serias ni convincentes.

Porque la verdad de los hechos es muy otra. Y merece la pena puntualizarla.

Situación privilegiada

Fue precisamente la situación de Gibraltar, en posición privilegiada dentro del conjunto de una zona

estratégica de enorme importancia en la geopolítica mundial, lo que indujo a los ingleses a su conquista

en 1704.

La credibilidad de Felipe González ha debido perder puntos esta vez.

Desde entonces su reivindicación por España ha sido, con más o menos ímpetu, preocupación constante

de todos los Gobiernos y prácticamente el único problema que —en su esencia— no ha dividido jamás a

los españoles. Las votaciones favorables obtenidas en la Asamblea General de las Naciones Unidas y la

resolución de este organismo instando a España y a Gran Bretaña a establecer negociaciones para poner

fin a la anómala situación colonial de Gibraltar, no son otra cosa sino el reconocimiento expreso por parte

de los países integrantes de aquel foro internacional (del que, por otra parte, son miembros todos los

componentes de la OTAN) de la soberanía española sobre Gibraltar. Sin embargo, es ahora cuando el

PSOE —a destiempo y con ignorancia de los hechos— solicita que sea una condición indispensable para

que el Gobierno español pueda mostrar una pretendida dignidad si consigue autorización del Parlamento

para instar la adhesión de España a la OTAN.

Este resultado de los debates en las Naciones Unidas, absolutamente favorable para las tesis españolas, no

ha servido —sin embargo— en la práctica para dar un solo paso adelante en la solución de la

reivindicación gibraltareña. Gran Bretaña ha preferido mantener una situación estratégica privilegiada en

territorio usurpado, prolongando una trasnochada situación imperialista.

Nuevo enfoque

Con ello Gran Bretaña consigue disfrutar de una situación preeminente en el marco de la OTAN, a costa

de un territorio netamente español, al convertir a Gibraltar en una base de la Alianza y atraer —aunque

sea indirectamente— el interés y el deseo de los estrategas de la OTAN a favor de la permanencia

británica en la Roca.

España ha renunciado expresamente al intento de recuperar el Peñón por la fuerza de las armas y ha

podido comprobar sobradamente la práctica inutilidad (por lo menos dentro de un plazo razonablemente

próximo) de las favorables resoluciones de las Naciones Unidas.

Se hace, por tanto, absolutamente necesario aceptar la evidencia de que hay que buscar un nuevo

enfoque de la cuestión, sin abandonar el bagaje de frutos ya conseguidos y manteniéndose en un

terreno absolutamente compatible con la continuación de los esfuerzos diplomáticos en curso, a fin de

producir una aceleración en el proceso de la descolonización.

Se trata de ejercer esfuerzos diferentes de los anteriormente realizados ahora, en la misma dirección

conceptual que llevó a Inglaterra a ocupar el Peñón.

Si España pudiese poner en valor toda la zona estratégica propia que domina el Estrecho en su totalidad,

desde el golfo de Cádiz al mar de Alborán, sería tal el alcance y las posibilidades de control de este

escenario geopolítico que desbordarían muy ampliamente las que Gran Bretaña consigue sobre el mismo

desde su base instalada sobre el territorio usurpado de Gibraltar. Y, con ello, los actuales motivos que le

impulsan a permanecer en el Peñón (y a que sus aliados deseen que mantenga su presencia) habría

finiquitado.

Pero hay que aceptar con realismo que la OTAN sólo puede apoyar la devolución de Gibraltar a España si

con este hecho no se debilita su posición militar en el Estrecho. Y ello sólo se produciría si, al recuperar

el Peñón, España formase parte de la Alianza.

Zona de influencia

Es tan evidente que las actuales circunstancias del mundo en que vivimos impiden a España poner en

valor su zona de influencia sobre el Estrecho, con la enorme complicación técnica y costo económico que

ello comportaría, si lo intentara desde un punto de vista aislado e individual, que no es preciso dedicar

una sola línea a justificarlo.

No queda, razonablemente, otro camino para alcanzar el objetivo señalado que sumar nuestros esfuerzos a

los que la Alianza está dispuesta a realizar para mejorar una situación de dominio estratégico que ahora

(sólo en precario) puede ejercer desde la base de Gibraltar.

Con esta suma de esfuerzos, la importancia actualmente insustituible del punto concreto del Peñón

desaparecería al quedar absorbido dentro del total despliegue defensivo sobre el Estrecho, y el actual

interés de la OTAN por la base pasaría a convertirse en un lógico deseo de mayor cooperación con

España.

El supuesto ingreso de España en la OTAN antes de resolverse el problema de Gibraltar, no puede

representa) —en ningún caso— el abandono de tantas aspiraciones absolutamente irrenunciables de todos

los españoles, sino la apertura de un nuevo camino que además de alcanzar otros horizontes para nuestra

Patria (como es, entre otros muchos, el entrar en centros de decisión política del más alto nivel y de los

que ahora estamos ausentes) podría permitir el relanzamiento de las negociaciones para la recuperación

de Gibraltar.

 

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