Autor: Porcel, Baltasar. 
   ¿Destruirnos a todos?     
 
 ABC.    08/10/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

¿DESTRUIRNOS A TODOS?

VOY caminando con mi hijo —casi ocho años— por las calles de Barcelona. Hay carteles contra la

entrada de España en la OTAN, en especial los socialistas y los del Movimiento Comunista de Cataluña

—MCC—. Mi hijo se detiene ante uno de éstos, de estremecedora eficacia: en él, una aterrorizada y dulce

cara infantil comienza a ser desintegrada por una espantosa explosión bélica sugerida en segundo término.

Mi hijo señala el cartel, y me dice: «Papá, yo no quiero morir, no quiero que venga la guerra.» «Pero ¿por

qué tiene que haberla?», le pregunto. «La OTAN la hace», contesta. Intento darle una información exacta:

«No lo creas. La OTAN jamás ha hecho la guerra, y probablemente gracias a ella se ha evitado durante

muchos años.» El niño mueve la cabeza: «No; la OTAN trae la guerra. En el colegio, todos mis amiguitos

están en contra, porque tienen miedo.»

Me gustaría saber qué opina el Gobierno y el partido en el Poder ante esta cuestión. En estos momentos la

opinión pública española, la de derechas y la de izquierdas, está pensando exactamente a la inversa que la

abrumadora mayoría de los ciudadanos de la Europa occidental, sean éstos también conservadores o

progresistas, sobre la Alianza Atlántica.

Con la grave inoculación de falaces prejuicios en las mentes, porque obviamente el tema OTAN no puede

ser presentado aislándolo del formidable arsenal militar, el más poderoso del planeta, que la Unión

Soviética mantiene en posible pie de guerra directamente y a través del Pacto de Varsovia, y ante el cual

lo único que parece funcionar, para evitar presiones e invasiones, es la política de disuasión: que el

adversario o enemigo sepa que puedes defenderte en la misma medida de su ataque. Insisto: en Europa se

está convencido de ello, comenzando por el socialismo en masa hasta los mismos comunistas de

Berlinguer. Y en Estados Unidos, el Japón, la inmensa China...

"El Gobierno, o UCD como partido en el Gobierno, ha fracasado en técnicas de comunicación. Mientras

los equipos —si los hay— de imagen, información y comunicación de UCD pensaban una campaña pro-

OTAN, el PSOE les sorprendió con la suya, ambigua si se quiere, demagógica si se nos antoja, pero

efectista», decía José Mario Armero en un reciente artículo en ABC. Y es que UCD, moviéndose siempre

con ese olimpismo o insensatez que le caracteriza, prefiere dejar a sus partidarios y al país en la estacada

antes que trabajar con seriedad y eficacia.

Este verano, FOESSA llevó a cabo una encuesta y redactó un informe sumamente revelador sobre el

electorado centrista y el de otros partidos. He aquí lo que resumía sobre la posición económica de los

votantes: un 47 por 100 del electorado de UCD tiene coche, frente al 58 por 100 del de AP y el 56 por

100 del que vota PSOE; el 60 por 100 del ucedista tiene lavadora, frente al 76 del de Alianza Popular y el

70 del socialista; el 26 por 100 tiene tocadiscos, mientras que en AP es el 40 y en el PSOE el 35...

Etcétera. Sólo en vivienda propia los volantes de UCD estaban ligeramente

por encima de los demás, lo que acaba de redondear el retrato: un electorado modesto, sumamente

preocupado por la seguridad, más que por el bienestar o la curiosidad.

A UCD le interesa el reparto del Poder, del pastel, más que la realidad circundante. Lo que hacen

entonces sus líderes es pastelear, de espaldas a los más sufridos y frágiles ciudadanos, sus electores. Ahí

está lo del aceite de colza, arrastrándose, no se sabe si haciendo algo con efectividad el Gobierno, pero

dando la impresión de pura inanidad, exceptuando el reparto de dinero entre las víctimas. Dinero no

salido de los homicidas adulteradores, sino de los contribuyentes. Y de los mataderos clandestinos ya

nada más se supo. ¿Y puede permitirse que nuestra integración en el sistema occidental de defensa se

produzca, como ya está ocurriendo de la forma más absurda, con la opinión general en contra?

En la última reunión del Consejo de Administración de Televisión, los socialistas rechazaron al director

del programa «Parlamento» por haber entrevistado en dicho espacio a un vicealmirante que se declaró

favorable a la OTAN. Perfecto. El PSOE obra según lo que —en este caso incongruentemente, como

saben los dirigentes socialistas— cree sus intereses. ¿Ha protestado UCD sobre los muchos programas en

los que se hace una alegre y pugnaz propaganda de la izquierda, incluido el antiatlantismo? No. Temen

los ucedistas que se les acuse de reaccionarios, de coartar la libertad.

Lo que, con su característica torpeza, ejecutan continuamente: en el homenaje que hace ocho días se

rindió en Valencia al escritor Joan Fuster, en desagravio por las bombas que habían sido puestas en su

casa, faltaron naturalmente la presencia y la adhesión del presidente del Consejo Preautonómico, Enrique

Monsonís, de UCD. Yo estoy conforme con que a dicho señor le gusten poco las teorías valencianistas de

Fuster, pero debería combatir con todas sus fuerzas, medios y tomas de posición a quienes atentan con la

incalificable bomba terrorista.

Se ha publicado ese preámbulo común, o como se llame, de algunos abogados defensores de una parte de

los encartados en el proceso sobre el 23-F. Menos mal que, dentro de la gravedad, militares que habían

tenido un honroso historial, como Armada y Miláns de Bosch, no han hecho —por ahora— causa común

con la bandería capitaneada por Tejero Molina. El caso es que, como todo el mundo sabe, dichos

abogados y sus defendidos pretenden involucrar a los Reyes en las motivaciones de su estúpido acto

subversivo.

¿Saben que el Gobierno les dejará esparcir sus infundios sin el menor gesto para contrarrestarlos?

Sospecho que sí, porque también es el caso que el Gobierno y el partido en el Poder no hacen

prácticamente nada para desmentir o poner en evidencia la campaña de descrédito ultraderechista,

provista de abundante dinero y celosos activistas. Y no para desacreditar a UCD, que la pobre... Sino para

intentar enlodar a la Corona, a la que saben auténtico sostén del sistema democrático.

Y si algo fácil existe hoy en nuestro país es el continuar repitiendo a la gente cuál fue la explícita y

magnífica actitud de Don Juan Carlos el 23 de febrero pasado. Con un factor esencial: la inquebrantable

postura y las tajantes órdenes del Rey pudieron alcanzar a los altos jefes militares, a la televisión, al país

entero, gracias al RTM o Red Territorial de Mando, ese sistema telefónico de microondas. Bien. Con sólo

averiguarlo ligeramente, el Monarca hubiera podido ser aislado, cargándole entonces las más aviesas

intenciones; o él mismo, caso de jugar al maquiavelismo, se hubiera eximido del compromiso inmediato

esperando resultados. Pero el Rey ahí se estuvo la noche entera al aparato, combatiendo por su ideas y por

la libertad. Las solas siglas RTM anulan cualquier intento de la tendenciosa propaganda de los golpistas.

¿Cabe pensar que, implícitamente, el Gobierno y UCD apoyan la campaña antimonárquica, la del rechazo

de la OTAN? Seriamente, no. Pero su inanidad da tanto miedo como si este hipotético y desde luego falso

—insisto— quintacolumnismo fuera cierto. Si Adolfo Suárez, después de su hábil etapa consensual,

acabó practicando la ceremonia de la confusión, Leopoldo Calvo-Sotelo, además de ostentar su severa

pose, ahí está ensimismado en una dudosa resistencia pasiva a lo Gandhi. Esto no va. Hay que gobernar,

dar la sensación de que se gobierna y explicar por qué se hace. El Gobierno y su partido, sin estrategia

ninguna, están navegando con una peligrosa táctica: la de ganar votaciones en el Parlamento. Me sabe

mal decir esto, por injusto, pero no puedo evitarlo: el general Franco también hacía aprobar así sus leyes,

votadas por la mayoría de aquellos procuradores suyos. Además de leyes y decretos hay que dar

seguridad moral y una estructura ideológica a la gente.

Para que nuestra democracia y nuestra Monarquía parlamentaria estén plenamente afianzadas es necesario

que la oposición, los socialistas en este caso, consuman, y con excelentes frutos, un turno de Poder. Bien.

Pero esto será imposible sin que la derecha y los millones de modestos votantes conservadores se sientan

perfectamente representados dentro del panorama político nacional. Lo terrible no es que UCD se esté

quemando a sí misma, sino que parece sometida a la tentación de destruirnos a todos.

Baltasar PORCEI

 

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