Autor: Carreras Matas, Narciso. 
   Nuestra defensa y la OTAN     
 
 Diario 16.    10/10/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

NARCISO CARRERAS MATAS

Coronel de Infantería de Marina, diplomado de Guerra Naval y de Estado Mayor del Ejército

Nuestra defensa y la OTAN

En este artículo se exponen algunas de las consecuencias favorables de nuestro futuro ingreso en la

Alianza Atlántica, especialmente dentro del terreno castrense y de cara a la potenciación de nuestra

seguridad exterior y «aclararía también el entorno estratégico de zonas marítimas y espacios aéreos de

nuestra soberanía».

España llega a la OTAN con treinta y dos años de diferencia en relación a la mayoría de los países

miembros de la Alianza. Durante este tiempo, la OTAN ha logrado importantes objetivos en los campos

principales de su actividad. En el aspecto político de la unión interna entre sus componentes, ha creado

una relación de entendimiento y cooperación en materias tan importantes como la política, economía,

desarrollo científico, social y cultural, dentro de un clima de confianza y solidaridad.

En el campo de la política exterior, la Alianza, de acuerdo con sus principios y normas, ha trabajado

denodadamente para el mantenimiento de la paz, la estabilidad y la distensión en las relaciones con el

Este, y ha seguido fielmente los fines y principios de la Carta de las Naciones Unidas. En el orden de la

seguridad y defensa, la estructura militar y los mandos de la Alianza han pasado por duras experiencias de

amenazas, tensiones, «guerra fría» y situaciones de crisis provocadas por el enfrentamiento y el

endurecimiento de posturas de los dos bloques.

Se puede decir con toda justicia que la Alianza ha cumplido su misión en sus diversas facetas y ha sabido

adaptarse a los tiempos y circunstancias que le han tocado vivir, pudiendo afrontar con mejores

perspectivas y serenidad su futuro.

La gran desconocida

«Para España, el ingreso en la OTAN es de máxima importancia.»

Para los españoles, la OTAN es en parte la gran desconocida, a pesar de su proximidad, de sus años de

existencia y de su protagonismo, porque el haber estado ausente de sus reuniones, de sus planteamientos

políticos, de sus acuerdos de entendimiento económico, militar, social, etcétera, de los centros de

decisión, como son el Consejo del Atlántico Norte, el Comité Militar y los numerosos comités de su

estructura orgánica, crea en nosotros una falta de perspectiva que nos impide valorar con claridad la

necesidad de integrarnos en la Alianza.

Es sabido que la OTAN reúne a los países más desarrollados, más cultos e influyentes del globo. Su

comercio exterior e interior entre los países miembros representa las tres quintas partes del movimiento

mundial. Su civilización rica y variada ha influido profundamente en el resto del mundo. De estas

naciones han salido los conceptos de dignidad, independencia, derechos humanos y de democracia

política y social.

En el XX aniversario de su creación, en 1969, los países miembros, de acuerdo con el compromiso

contraído, tenían opción a cancelar su vinculación a la Alianza, decisión que no adoptó ninguno de ellos.

Es obvio que se sienten más seguros dentro de la Organización que fuera de ella.

Para España el ingreso en la OTAN es de máxima importancia porque abriría caminos, hasta ahora

cerrados, a nuestra relación exterior. El Consejo del Atlántico Norte, organismo principal de la Alianza,

está formado por los ministros de Asuntos Exteriores, Defensa y Tesoro de los países miembros, y en sus

reuniones tratan asuntos políticos, económicos, sociales y de defensa que afectan a la Organización.

Dado que los acuerdos y decisiones tomados en la Alianza se adoptan por unanimidad, los representantes

de cada país exponen sus opiniones e influyen en la solución de los problemas. Si España fuera miembro

se beneficiaría del espíritu de cooperación existente, podría hacer oír su voz y contribuir al

fortalecimiento de la paz, convivencia y distensión.

También es esencial dicha integración para la debida orientación y fortalecimiento de la defensa nacional.

No es un secreto que España necesita potenciar nuestra seguridad exterior. España no podría defenderse

aisladamente en una guerra entre bloques organizados, que forzosamente le alcanzaría porque se

encuentra en una zona estratégica codiciada.

Los Acuerdos de Amistad y Cooperación suscritos con Estados Unidos periódicamente desde 1953, y el

actual tratado en fase de renovación, con el mismo título, han contribuido enormemente a modernizar

nuestras Fuerzas Armadas, especialmente la Marina y el Ejército del Aire, no sólo en material y asistencia

técnica, sino en los conceptos de guerra actual, pero no han tenido, ni tienen, el carácter de defensa

mutua, porque ello seria superponer compromisos y mandos militares bilaterales dentro de la propia

estructura de mandos y zonas de la OTAN, con perturbaciones en las responsabilidades de dichos mandos

y de la propia Alianza.

Por ello, nuestra seguridad exterior precisa enmarcarse dentro del sistema común de la OTAN, con lo

cual, en caso de agresión, guerra o crisis, no sólo recibiríamos la ayuda o el apoyo americano a través del

mecanismo de la Alianza, sino también la de nuestros otros aliados.

Cotas de eficacia

Las Fuerzas Armadas españolas, a través de los Acuerdos y Tratado hispano-norteamericano, han logrado

cotas muy apreciables de eficacia realmente difíciles de alcanzar fuera de la Alianza, pero es preciso ser

miembro de la OTAN para poder tener acceso a determinada información clasificada, conocer ciertas

tácticas operativas, tener las ventajas de la cooperación logística, en la cofabricación de armamento,

material, mantenimiento e investigación en la industria militar, así como en guerra electrónica y otros

aspectos de carácter doctrinal, de funcionamiento y de operaciones, como son los planes de contingencia

aplicables en caso de agresión y en los planes a medio y largo plazo para cubrir nuestra seguridad en el

futuro.

Nuestro ingreso en la OTAN aclararía también el entorno estratégico de zonas marítimas y espacios

aéreos de nuestra soberanía. Cerca de nosotros se proyecta poder y se ejercen responsabilidades que, si

España estuviera en la OTAN, podría asumir plenamente porque son complementarias de nuestra

seguridad nacional y reforzarían nuestra soberanía.

Debemos tener en cuenta que la OTAN es una alianza puramente defensiva, inspirada en los principios de

la Carta de las Naciones Unidas. Quien no piense atacarla nada tiene que temer de su fuerza ni de su

capacidad de reacción. Si nos integramos en la Alianza mayores serán los efectos de disuasión y de

seguridad para to-

 

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