Autor: Moya Valgañón, Carlos. 
   La cuestión de la OTAN y la soberanía nacional     
 
 Diario 16.    27/10/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

CARLOS MOYA

Decano de la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense

La cuestión OTAN y la soberanía nacional

A estas alturas del tiempo, la decisión de entrar o no en la OTAN resulta una cuestión demasiado

importante para todos como para abandonar su discusión pública en manos de políticos, militares y

periodistas, según el autor. Para Moya, «el ingreso ahora mismo, sin mayor reflexión estratégica ni

pública información y discusión, sería el máximo error político de este penoso Gobierno que le ha tocado

protagonizar al señor Calvo-Sotelo».

Corporativa trinidad profesional de nuestra joven democracia, con paisaje de financieros viejitos al fondo

-políticos, militares y periodistas—, que nos obliga, con sus propios gestos y palabras, a este universal

cuestionamiento público. Pues con la entrada en la OTAN se está planteando una decisión radical que

pone en juego la propia soberanía nacional dé todos los españoles sobre su colectiva suerte político-

militar. En un momento histórico singularmente plagado de toda clase de insidiosos fantasmas de guerra y

aniquilación nuclear.

1981, tercer año de la revolución iraní explotando en guerra frente a Irak y frente a todos sus enemigos

internos y externos, es el gran año mundial del terrorismo. Desde el patético carnaval del 23 de febrero

hasta la masacre de Sadat, el 6 de octubre, esa figura del terror acecha por doquier la encarnación pública

del poder estatal. 1981, si los dioses no lo impiden, será también el año de la bomba de neutrones,

resolviendo definitivamente los problemas técnicos de la guerra nuclear en Europa.

Los jóvenes

También es el año en que las masas jóvenes vuelven a explotar sobre Occidente: desde Varsovia hasta

Londres, desde Ginebra hasta Berlín y Bonn. Las manifestaciones pacifistas de Madrid, las

manifestaciones pacifistas en todo este país, representan el despegue nacional mínimo de una movida

internacional de masas jóvenes, movilizándose ahora contra el delirio senil que encarnan —desde

Breznev a Reagan— los gerontes nacionales del esquizoide imperio occidental.

Lo que aquí está en juego es bastante más crucial para todos los españoles que el barroco melodrama

nacional de las autonomías.

«La guerra de la televisión ha significado el fin de la dicotomía entre civil y militar» (McLuhan). En la

era atómica que la televisión ilustra, la teleparticipación en la guerra, la movilización total para la guerra,

disuelve el viejo monopolio ritual del estamento militar. E1 riesgo de muerte frente a una tal guerra es un

destino idénticamente compartido por las poblaciones civiles y por las uniformadas de los ejércitos.

De aquí que la última legitimación democrática para decidir sobre el oportuno o importuno ingreso de

España en la Alianza Atlántica incumba, por encima y por debajo de las corporativas competencias de

políticos y militares, a todo el pueblo español en cuanto soberano sobre sus propios representantes. Pues,

constituido este viejo reino de reinos en nación democrática, la voluntad del pueblo —la voluntad

general— es la voluntad de la nación entera (Rousseau, Sieyes). Ultimo fundamento de la legitimación

democrática de toda posible autoridad política, burocrática o electoralmente constituida. Ultima ratio de

un posible referéndum nacional.

Máximo error

El gratuito exceso de miedo generado en torno al 23 de febrero —mágico lunes de carnaval de la

democracia española— no es el mejor clima para una sensata resolución parlamentario - gubernamental

sobre un tema de tan decisiva trascendencia militar y civil. El ingreso ahora mismo y sin mayor reflexión

estratégica ni pública información y discusión sería el máximo error político de este penoso Gobierno que

le ha tocado protagonizar al señor Calvo-Sotelo.

A todo el que mínimamente acepte y entienda este singular momento de nuestra novísima democracia le

habrá de resultar evidente la absoluta oportunidad de un referéndum preparado sin precipitaciones, con

una discusión pública de argumentos algo más rigurosos e inteligentes que la apresurada chapucería de

los hasta ahora esgrimidos.

El colegial maquiavelismo que trata de resolver el eventual excedente energético de jefes y cuadros

militares con un rápido plongeon sobre la OTAN resulta peligrosamente ingenuo y provinciano en esta

capital operación internacional. Ingresar de tapadillo UCD, a toda velocidad, en la Alianza Atlántica

puede ser la definitiva equivocación de este inverosímil Gobierno: su anticipado suicidio político.

Ingresar, hoy por hoy, en los dominios de Haig y Weinberger es sumergirse en el apocalíptico reino del

miedo que cubre de parálisis y depresión el viejo territorio europeo del Mercado Común.

Frente al complejo e intenso pavor que reina en nuestro vecino entorno occidental, todo el calculable

miedo generado por el aquelarre cívico-militar del 23 de febrero sigue siendo el de un habitable y

confortable melodrama local si se compara su magnitud de terror colectivo con el que inmediatamente

nos espera tras la puerta de la OTAN. Desde aquí se podría diagnosticar, calcular, algunos de los

resultados no queridos, desencadenables por una apresurada decisión de ingreso.

Más terrorismo

Por ejemplo: frente a la coyuntura actual de objetiva recesión en el movimiento ETA, un progresivo y

acelerado «boom» del terrorismo juvenil, revitalizando y reduplicando sus actuales organizaciones. Por

ejemplo: el acabóse en este país de la pacificada actualidad de las masas urbanas de jóvenes,

notablemente aparcadas en discotecas, bares y «pubs», cuando no lo están en los colegios y escuelas,

trabajos y movidas y desempleos con que esta estereofónica civilización entretiene y domestica el tiempo

existencial de sus futuros adultos.

Nada definitivo se dice aquí sobre la oportunidad, final de ingresar o no en la OTAN. Se pretende señalar

exclusivamente lo que debiese ser colectivo sentido común y democrática razón de todos aquellos que

legítimamente gobiernan o pretenden gobernar esta democrática nación: Un Gobierno que sea incapaz de

soportar y encajar la preparación y cumplimiento de tan exigible referéndum, presupone una organización

de partido y liderazgo político que de antemano se ilegitima para afrontar las inminentes elecciones

generales.

 

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