Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
   La OTAN, preguntas, preguntas     
 
 ABC.    29/10/1981.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Planetario

La OTAN, preguntas, preguntas

Se dice, ayer hablábamos de ello, en el libro del teniente coronel Ángel Lobo «OTAN y España» que el

precio de nuestra participación en la Alianza Atlántica vendría a ser, poco más o menos, el 1,07 por 100

de nuestro actual presupuesto de Defensa. Los señores diputados, puesto que en algo tienen que ocuparse,

discuten en el Parlamento. En las esquinas más frecuentadas, jóvenes propagandistas socialistas insisten

en su ambiguo lema: «OTAN, de entrada NO».

Y ni en la Asamblea ni en la calle se utilizan los verdaderos argumentos. Por ejemplo, el de la neutralidad

española en esa guerra ya de algún modo prevista por el presidente Reagan, en que el escenario es

Europa, se emplean las armas nucleares tácticas y los dos colosos asisten, ellos indemnes, al holocausto

limitado. Ya pasó. Ya desde el Vístula al Bidasoa no quedan más que ruinas. ¿Quién le pondrá su yugo a

esta mínima península de la gran península europea? ¿La Unión Soviética? ¿USA? Hacerse la ilusión de

que en esta zona del mundo van a subsistir pueblos libres es la peor de las utopías. Incluso hacerse la

ilusión de que la orgía de megatones, una vez iniciada, podría detenerse.

Luego si la neutralidad sólo es posible en tanto el aniquilamiento de Europa no comience, el problema no

está en decidir si somos neutrales o no lo somos. Llegado el caso no podríamos serlo. Y si el caso, seamos

por una vez optimistas, no llega, ¿cuál es nuestra situación real ahora? Con su fina percepción habitual,

Julián Marías preguntaba en el coloquio de FUNDES sobre el libro del teniente coronel Lobo que cuánto

nos costaría salir de la OTAN si una vez incorporados a ella por el actual Gobierno, Felipe González,

llegado por elecciones al Poder, cumpliera la promesa-amenaza que ahora ha hecho de sacarnos de la

jaula militar occidental que, decía Julián Marías, no es una jaula sellada.

No sabemos exactamente cuánto nos costará entrar y, menos todavía, cuánto nos costaría salir si los

socialistas estuvieran en condicionas de poder sacarnos. Lo que sí sabemos, y eso hace muchos años, es

que la OTAN es un escudo defensivo que los Estados Unidos interponen entre ellos y Moscú. Una coraza

que defiende algo lo primero que hace es defenderse a sí misma. Ya hablaba Julio Vernes en su novela

«De la Tierra a la Luna» (1865) de la permanente lucha del proyectil y la coraza. De momento, como el

proyectil no ha salido de su siniestro silo, esa coraza que es la OTAN ha mantenido —en cierto modo—

la supervivencia de la civilización europea. Hay quienes sostienen que sin la OTAN toda Europa sería ya

territorio sovietizado y quienes refutan esa hipótesis.

Sabemos, en cambio, con certeza que el progreso técnico que la ciencia nuclear ha originado aprovecha

mucho más al amigo americano que a los países europeos otanizados, excepto, quizá, Francia,

nuclearizada por decisión del general De Gaulle. ¿Cuál será el coste de nuestra incorporación industrial a

través de la OTAN a una tecnología que solos nos es inasequible? Y, verdadero conflicto: nuestra

democracia, ¿sobrevivirá en el aislamiento?—Lorenzo LÓPEZ SANCHO.

 

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