Autor: Hermida, Matilde. 
 Los dos políticos llegaron a las alusiones personales. 
 La "dialéctica de los bloques" enfrenta a Pérez-Llorca y Carrillo     
 
 ABC.    29/10/1981.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

8/ABC

NACIONAL

JUEVES 29-10-81

El debate de la OTAN

Los dos políticos llegaron a las alusiones personales

La «dialéctica de los bloques» enfrenta a Pérez-Llorca y Carrillo

MADRID (Matilde Hermida). La descalificación personal o partidaria hizo su aparición en los debates de

la tarde, una triste forma de animar lo que fueron una sucesión de intervenciones, sólo aisladamente

clarificadoras. El choque más duro lo protagonizaron el secretario del PCE, Santiago Carrillo, y el

ministro de Exteriores, José Pedro Pérez-Llorca.

El primero acusaría al Gobierno de llevar a España, a pesar de su precaria situación política y del clima

internacional, a una Alianza que sólo favorecía el desequilibrio entre dos bloques igual de negativos.

Aludió al «olvido» de Pérez-Llorca de las tesis defendidas por su antecesor (no a la OTAN sin unas

condiciones) y empezó a especular con la salida del ministro «quizá para encargarse de otra cartera o de

alguna autonomía». El ministro, que reiteró su teoría sobre las profundas diferencias entre los bloques,

señaló que no se sentía aferrado al Poder, que no estaba hipotecado por unas prácticas del pasado —como

insinuó Carrillo— y que el secretario comunista, al que reprochó su viaje a Argelia en busca de una

oposición al ingreso a España a la OTAN, haría bien en dejar el cargo antes de que se disolviera el

partido.

ROCA JUNYENT: QUE Y POR QUE

Roca Junyent (Minoría Catalana) inició el desfile con una explicación detallada de qué eran la OTAN y

cuál la razón de que se abordase el ingreso ahora, cuando en apariencia existen problemas mucho más

urgentes para el ciudadano. En opinión del diputado catalán el clima de la calle se ha enrarecido porque

falta una información serena y él estaba dispuesto a desmenuzar unos argumentos —en pro y en contra de

la OTAN.

Recordó el origen de la Alianza y su disposición para defender la paz, aunque reconoció las limitaciones

que se podían hacer. Y, entre los argumentos que justificaban el ingreso enumeró: 1) La necesidad de

incorporar plenamente a nuestro país en la Europa democrática. Todos los países de la CEE (excepto

Irlanda, que no quiere renunciar a la guerra, si fuera preciso, con Gran Bretaña) están en la Alianza. No se

trata de buscar en esta entrada compensaciones, sino compartir unos ideales y unas posibilidades. Hay que

renunciara la ilusión de que se nos necesita y que podernos poner precio a esa necesidad. 2) Se

incrementa nuestra seguridad y disminuyen tos riesgos que ya tenemos por el Tratado bilateral. 3) Un

gesto político hacia fuera de este tipo repercute en el interior. Se afianzará la democracia. También se

facilitará la modernización de unas Fuerzas Armadas, utilizadas en el pasado para cuestiones que no les

correspondían ni beneficiaban.

Como argumentos contra la entrada rechazó: 1) El aumento de la tensión internacional. Es tachar de

irresponsables a los países europeos favorables al ingreso, puesto que, con su disposición, se supone que

en peligro a sus habitantes y al futuro de éstos. 2) No se puede relacionar nuestra posible adhesión con los

acontecimientos que puedan suceder en Polonia. No necesitan estímulos los soviéticos para actuar. 3) Los

problemas con Oriente Medio e Iberoamérica a los que se alude no se producen entre países de la Alianza

y los de estas áreas, todo lo contrario. 4) La supuesta neutralidad española es más que discutible. No

entramos en la IIGM, pero tres años antes habíamos sido un banco de pruebas bélico. Y no hay modelos

válidos de neutralidad a los que recurrir en nuestro caso.

DESACUERDO UNÁNIME

Arredonda (PSA) alcanzó un admirable grado de confusión en su discurso al tratar de enmarcar el ingreso

de España en la OTAN, en la dialéctica Norte-Sur. También arrancó las protestas de su predecesor en la

tribuna al aludir al hecho de que la OTAN iba a serr más allá de consideraciones políticas y estratégicas,

una cuestión de negocios de (os que algunas regiones se beneficiarían, y no precisamente Andalucía.

Rechazó el ingreso, que se produce en. unos momentos en los que hay prioridades, y reiteró la necesidad

de garantizar la devolución de Gibraltar y la protección de Ceuta y Melilla antes de entrar en la Alianza.

Pinar (FN) consumió los cinco minutos que le habían correspondido de tiempo —los del Grupo Mixto

tienen esta cruz— defendiendo, en principio, la posibilidad de integrarse en una Alianza que, también, en

principio, defiende el mundo libre o lo que queda de él. Pero a esa integración no puede ir España con el

papel de «cipayo». Existen condiciones que deben cumplirse, previa o simultáneamente a la adhesión:

desaparición de las barreras para el ingreso en la CEE, garantías para todo el territorio nacional y

devolución del peñón de Gibraltar, ahora que tenemos una ocasión histórica y quizá única para lograrlo.

Dijo, parafraseando al PSOE, que OTAN, de entrada, luego.

· Insistencia de la oposición en conseguir «garantías» ante el ingreso

Ramón Tamames, también del Grupo Mixto, hizo una defensa rendida de la neutralidad «posible y

deseable», del pape pacificador que podría jugar España, de la necesidad de escapar a la carrera —tan

terriblemente cara— del armamentismo. Pidió también garantías, porque no se explica una negociación

con la OTAN sin plantear reservas sobre las plazas norteafricanas y sobre Gibraltar

El diputado Gómez de las Roces (P. Aragonés) se ocupó en su parcela de pedir el aplazamiento de una

entrada que se entiende desde su partido, pero que no se quiere sin que previamente se aseguren las ya

mencionadas condiciones y más compensaciones a las regiones que tengan que soportar el pese de las

instalaciones necesarias a la Afianza.

Sobre la devolución de Gibraltar se extendió monográficamente Clavero Arévalo, y en cuanto al diputado

canario Fernando Sagaseta, tuvo una intervención estruendosa, cual es su costumbre, no exenta de

amargas verdades, pero que, en general, provocó gran regocijo entre los diputados.

CARRILLO: ESOS BLOQUES QUE NOS APLASTAN

Carrillo (PCE) se empleó a fondo sobre la inoportunidad del ingreso en la OTAN, porque éstos no eran

los años cuarenta —que pudieron justificar la Alianza—, sino unos momentos en los que España podía

hacer una política para favorecer la desaparición de los bloques, construir un equilibrio multipolar,

favorecer las relaciones entre países democráticos, propiciar el desarme.

Para su grupo, la alternativa a la OTAN existe y es la recuperación por Europa de un papel protagonista

que rompa el peligro provocado por la bipolarización actual. Descartó la existencia de políticas realmente

plurales dentro de la OTAN en lo que se refiere a defensa; en su opinión, lo que se está produciendo es

una crisis interna de la Organización. Insistió en que la intervención en Polonia —que nunca aceptaría—

puede ser una consecuencia lógica de la actitud española, ya que la dinámica de los bloques exige esos

reequilibrios.

PÉREZ-LLORCA: CUESTIÓN DE MATICES

El ministro Pérez-Llorca se reiteró en posiciones y aclaraciones, que son ya conocidas, para contestar al

líder comunista. Sobre todo, insistió en que debía distinguirse siempre entre OTAN y Pacto de Varsovia,

porque no es cierto que sean bloques idénticos, ni estaba tan dará la dialéctica entre ambos, ni se podía

atribuir a la OTAN lo que podía ser responsabilidad de uno de sus miembros, los Estados Unidos

(Carrillo había hablado de Santo Domingo, Allende, Sudáfrica, etc.). Una de las pruebas de esta

diferencia es que el diputado comunista podía referirse — y no con elogios— al presidente Reagan

porque vivía en un régimen de libertades que quería defenderse ahora con el ingreso en la OTAN. Y, por

cierto, a Reagan se fe había elegido, lo que no podía decirse de Breznef.

 

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