Autor: Cuadra Fernández, Bonifacio de la. 
 Pateo de la izquierda ante la acusación presidencial de coincidencia con las soluciones franquistas. 
 Calvo Sotelo defiende las ventajas de la Alianza Atlántica frente al acuerdo bilateral con EEUU     
 
 El País.    29/10/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Pateo de la izquierda ante la acusación presidencial de coincidencia con las soluciones franquistas

Calvo Sotelo defiende las ventajas de la Alianza Atlántica frente al acuerdo bilateral con EE UU

BONIFACIO DE LA CUADRA

La segunda jornada de debate parlamentario sobre el ingreso de España en la Organización del Tratado

del Atlántico Norte (OTAN) comenzó ayer, en el Pleno del Congreso, con la solicitud de autorización

para la adhesión formulada por el presidente del Gobierno a la Cámara. Leopoldo Calvo Sotelo defendió,

como más ventajoso para nuestra política de seguridad y defensa, el marco de la Alianza Atlántica que los

acuerdos bilaterales con Estados Unidos.

Cuando el presidente acusó a la oposición de preferir «las soluciones del régimen de Franco», fue objeto

de un intenso pateo desde los escaños de la izquierda, al que Calvo Sotelo asistió sin perturbarse. El

presidente del Gobierno aseguró que en el planteamiento gubernamental de la adhesión a la OTAN no ha

existido sorpresa ni precipitación, porque procede del programa de UCD y figura en el discurso de

investidura. Dijo que los acuerdos bilaterales con Estados Unidos, que fueron un éxito en 1953 para el

régimen anterior, no son un esquema válido desde 1977.

Indignación contra el presidente

La indignación de la izquierda, que pateó durante casi medio minuto, se produjo ante las siguientes

palabras de Calvo Sotelo: «No deja de ser notable que, en este punto, la oposición, siempre dispuesta al

cambio y al progreso; la oposición, que ha reprochado tantas veces al Gobierno lentitud o parsimonia en

la administración del progreso y del cambio, sea ahora reticente ante la puesta al día de nuestra política

exterior y parezca preferir, en un punto clave, las soluciones del régimen de Franco, que acudió a ellas

porque su carácter no democrático le vedaba el acceso a las que hoy se proponen».

Calvo Sotelo aseguró que las razones de 1949 para constituir la Alianza Atlántica siguen siendo

válidas treinta años después, porque las amenazas soviéticas sobre los países que viven en democracia y

en libertad siguen estando ahí.

El presidente del Gobierno descartó la tentación de neutralidad, y se apoyó para ello en la siguiente frase

pronunciada por Indalecio Prieto en 1948: «España debe formar parte del bloque occidental europeo. La

neutralidad es imposible».

En todo caso, Calvo Sotelo estimó preferible una alineación española en la defensa europea si existiera

una comunidad europea de defensa. En favor de su propuesta de adhesión adujo hasta cinco razones, la

primera de las cuales es la garantía de defensa, ya que, según dijo, «es notorio que los acuerdos bilaterales

no incluyen esa garantía y que Estados Unidos no está dispuesto a darle fuerza del ámbito de la Alianza».

Argumentó también con la posibilidad de participación de las decisiones atlánticas, la relación equilibrada

con Estados Unidos que significará el ingreso en la OTAN, el propósito de estrechar dentro de la Alianza

los vínculos con nuestros vecinos de Europa y las mejoras sustantivas para nuestro sistema defensivo.

Balance y coste

El presidente del Gobierno insistió en que los inconvenientes posibles no superan las ventajas citadas.

En cuanto al coste de la incorporación a la OTAN, aseguró que no tiene por qué rebasar el 2% de nuestro

presupuesto actual de defensa. Consideró garantizada la inclusión en el tratado de la defensa de Ceuta y

Melilla, y en cuanto a Gibraltar, se preguntó «si la prolongación en el tiempo de una presencia extraña e

intolerable en Gibraltar no está ligada acaso a nuestro ejercicio secular de la neutralidad».

Sobre el problema de las armas nucleares, Leopoldo Calvo Sotelo subrayó que el Tratado de Washington

no nos obliga a tenerlas, y que es propósito del Gobierno mantener la situación actual; pero añadió

inmediatamente: «Ahora bien, obligarnos por un tratado a no tenerlas nunca sería tanto como cerrar una

decisión soberana, que podemos dejar abierta al criterio de las Cortes Generales».

 

< Volver