Autor: Sebastián Bueno, Pablo. 
 Tras la aprobación en el Congreso de la propuesta del Ejecutivo. 
 Gobierno y oposición preparan una ofensiva diplomática en Europa sobre el ingreso de España en la OTAN     
 
 El País.    01/11/1981.  Página: 1, 15. Páginas: 2. Párrafos: 13. 

Tras la aprobación en el Congreso de la propuesta del Ejecutivo

Gobierno y oposición preparan una ofensiva diplomática en Europa sobre el ingreso de España en la

OTAN

PABLO SEBASTIÁN

El presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo, y el líder de la oposición, Felipe González, van a

iniciar una ofensiva diplomática paralela en las capitales atlánticas europeas para precisar las posiciones

favorables y contrarias del Gobierno y de la oposición sobre el ingreso de España en la OTAN, aprobado

por el Congreso de los Diputados. En las próximas semanas están previstos desplazamientos de Calvo

Sotelo a Londres, Bruselas y La Haya, donde el jefe del Ejecutivo espera consolidar el proceso atlántico y

obtener contrapartidas inmediatas en las negociaciones sobre la adhesión a la CEE y la recuperación de

Gibraltar.

Por su parte, el líder socialista Felipe González prepara una gira europea para explicar el alcance y

consecuencias de la opción OTAN desde la óptica de la oposición, como anunció el propio secretario

general del PSOE, en el Congreso.

Felipe González, quiere iniciar este viaje tras la celebración de una magna manifestación «por la paz»

(prevista en principio para el día 15 de noviembre), en la que piensa reunir a toda la izquierda

anti-OTAN, organizaciones pacifistas, ecologistas y un amplio abanico de intelectuales y artistas, como

respuesta a la iniciativa del Gobierno y negativa a la representatividad popular de la mayoría

parlamentaria actual en el tema OTAN, según se desprende de las encuestas de opinión realizadas sobre

este tema.

El presidente del Gobierno desea, como apoyo a su política proatlantista, que la cumbre de Londres de la

CEE garantice el proceso de adhesión de España a la CEE y haga público un calendario de adhesión que

incluya la fecha final del 1 de enero de 1984. Asimismo, Calvo Sotelo quiere despejar las posibles dudas

sobre el proceso OTAN que se ciernen en países como Holanda, Dinamarca y Grecia, y para ello ha

iniciado ya toda una campaña de información y contactos diplomáticos que cuenta con el apoyo de

Estados Unidos.

En tercer lugar, el presidente Calvo Sotelo va a intentar en Londres conseguir el inicio de las

negociaciones oficiales sobre Gibraltar a cambio de la apertura de la frontera, siguiendo el acuerdo

hispano-británico de Lisboa, al que Madrid desea añadir algún tipo de garantía política de Londres sobre

la seriedad de la citada negociación.

El calendario de adhesión a la O TAN es muy estricto

La diplomacia atlántica española puede reducir la presencia hispana en América y países árabes

Viene de primera página Naturalmente, ante la urgencia de estos proyectos, existe el riesgo de que el

Ejecutivo haga importantes concesiones a la CEE y al Reino Unido, como la decisión de adoptar sin

calendario el impuesto del valor añadido (IVA) en el tema comunitario o la renuncia a la igualdad de

derechos laborales previos en el Peñón antes de la apertura de la verja de Gibraltar.

De todas maneras, lo que si parece claro es que ambas iniciativas diplomáticas, la del Gobierno y la del

líder de la oposición, se van a enmarcar en el prisma atlántico o preatlántico, que ya colora la diplomacia

hispana. Un tinte este que en medios diplomáticos europeos no sé duda en calificar como osado, o incluso

arriesgado, a la vista de la inestabilidad política y militar internacional y de la debilidad de la democracia

española. Cualquier acontecimiento externo o interno que constituyera un obstáculo o retraso de la

adhesión a la OTAN tendría efectos fulminantes para el Ejecutivo español y para la credibilidad de la

política exterior y del proceso democrático español, afirman las mismas fuentes diplomáticas europeas,

que reconocen la existencia de ciertas dudas sobre la oportunidad atlántica hispana en Grecia, Holanda y

Dinamarca, aunque, por otra parte, no creen en un veto a España en el seno del Consejo Atlántico.

En todo caso, la urgencia del proyecto atlántico del Gobierno incluye riesgos de calendario, ya

que el Senado deberá cerrar esta discusión antes de final de noviembre. En esa fecha, el ministro

Pérez-Llorca— quien prepara una importante combinación e embajadores y que ya tiene junto a él a sus

dos íntimos amigos Gabriel Mañueco, como secretario de Estado, y Joaquín Ortega, como

subsecretario— deberá hacer una señal o enviar una carta al secretario general de la OTAN, Joseph Luns,

para que éste abra el debate en el consejo Atlántico de invierno (mediados de diciembre), en el que los

aliados iniciarán una primera ronda de consultas sobre la invitación formal de España que Madrid espera

recibir de esta reunión. Cualquier incidencia en este proceso llevaría la señal española y la discusión sobre

la invitación al Consejo Atlántico de primavera (mes de mayo) o a uno anterior extraordinario, pero ella

ya supondría un desaire a la iniciativa del Gobierno español.

En cuanto a la gira europea de Felipe González hay que señalar que el líder de la oposición piensa

desbaratar con ella la imagen filtrada por el Gobierno en varias capitales europeas de la ambigüedad de la

oposición del PSOE a la adhesión a la OTAN. Ambigüedad nacida en el retraso y el aspecto equivoco de

la campaña anti-OTAN. que se fue endureciendo a medida que avanzaba la discusión en la Comisión y en

el Pleno del Congreso por parte del propio Felipe González.

En Comisión, Felipe González anunció, la convocatoria de un referéndum, si llegaba al poder,

para pedir («De salida, sí») el abandono de la OTAN, y en el Pleno hizo pública la decisión del PSOE de

salir a la calle a dar la batalla al Ejecutivo. También está el recurso al Tribunal Constitucional y la

recogida de firmas, que, al parecer, ha sufrido un retraso en el PSOE, frente a la agilidad del PCE. Los

socialistas esperan presentar más de 600.000, cosa que no les ha sido fácil recopilar.

Más consecuencias del debate

Otros efectos, menos inmedia dos, del debate del Congreso sobre la OTAN serán los que se desprendan

de la actitud que adopten países con los que España ha mantenido unas relaciones históricamente

excepcionales, como lo son las naciones latinoamericanas, las árabes y las ribereñas del Mediterráneo.

Las naciones progresistas de estas tres zonas podrían privar a España de su condición de interlocutor

privilegiado en Europa y, en medios económicos españoles, se teme incluso que ello pueda tener efectos

negativos en los grandes intercambios comerciales y, en especial, en los relativos al aprovisionamiento

energético que España realiza en naciones como Irak, Libia, Argelia e Irán. En América Latina, los

regímenes progresistas, como Cuba y Nicaragua, cederán muy posiblemente a Francia, como ya ocurre

con la oposición de El Salvador, un protagonismo en el puente atlántico hacia Europa.

Otras consecuencias de la decisión del Congreso sobre la OTAN son las que se refieren a los efectos

colaterales e ideológicos de esta decisión. El primero de ellos incluye el hecho de que España —al

margen de las recomendaciones posteriores de la resolución aprobada— está dispuesta a ingresar en un

pacto militar con un país, el Reino Unido, que tiene una base militar, Gibraltar, en su territorio.

Asimismo, España renuncia a citar en el protocolo de adhesión a Ceuta y Melilla, como hiciera Francia en

su día con Argelia, lo que constituye un gesto de debilidad frente a Marruecos (amigo y aliado de Estados

Unidos, que acaba de recibir nuevo armamento americano, tanques y helicópteros). Esta última cuestión

de Ceuta y Melilla ha preocupado mucho al Gobierno por sus posibles efectos en el ámbito militar

español y por ello se cursaron instrucciones a ciertos medios de comunicación, como la radio y la

televisión, para tapar el vacío intencionado del Gobierno.

Por último, queda la clara alineación de la derecha, la mayoría natural que propone Fraga, de UCD y AP,

y la federal con PNV y Convergencia i Unió, en la cuestión OTAN y en el atlantismo de la política

exterior española, y las divergencias de la izquierda al pedir al PSOE el statu quo o aceptar la renovación

de la presencia militar amerana en España y decir no a la OTAN, frente a los otros dos grupos

parlamentarios, PCE y PSA, opuestos ya a la OTAN y a las bases norteamericanas.

 

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