Autor: Guardiola, Nicole. 
 El Gobierno de Lisboa intenta obtener contrapartidas a su generosa colaboración con la Alianza. 
 Inquietud en Portugal ante la posible subordinación militar a España     
 
 El País.    05/11/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 30. 

El Gobierno de Lisboa intenta obtener contrapartidas a su generosa colaboración con la Alianza

Inquietud en Portugal ante la posible subordinación militar a España

NICOLE GUARDIOLA, Lisboa

Tres cuestiones han llevado los militares a una evidencia: con la entrada de España, Portugal perderá

parte de su importancia estratégica en el sistema atlántico. Los militares, a su vez, han alertado a los

políticos acerca de la posibilidad de perder los dividendos políticos, económicos y militares, que Portugal

esperaba sacar de esta posición estratégica. De allí una serie de presiones ejercidas por Lisboa,

movilizando medios internos y externos para intentar obtener de los aliados una serie de garantías previas

a la formalización de la adhesión española.

En un país donde el enemigo histórico es España —como Francia para España, y para Francia, Alemania

o Inglaterra— es siempre fácil preocupar a la opinión pública con el peligro, real o supuesto, de una

subalternización de sus ejércitos al vecino.

De ahí que se insista frecuentemente en los medios militares y políticos portugueses sobre la aplastante

superioridad militar de España. Superioridad en efectivos —normal, teniendo en cuenta la desproporción

demográfica y territorial de los dos países—, pero también superioridad por el volumen y la calidad de los

medios técnicos y humanos. Los mandos militares lusos, a pesar de las «excelentes relaciones de

cooperación y amistad existentes entre los estados mayores peninsulares», no dudan nunca en invocar el

ejemplo de la vecina España para conseguir del Gobierno de Lisboa un esfuerzo suplentario en materia de

gastos militares.

El tratado de amistad luso-americano de 1976 les ha proporcionado un argumento nuevo: el espacio aéreo

portugués y buena parte de su zona económica exclusiva dentro de una zona de interés común serán

defendidos por España, un hecho que es considerado como inaceptable por la Aviación y la Armada

portuguesas. Esta última interroga a los responsables nacionales sobre la eventualidad de tener que

aceptar que los puertos portugueses pasen a ser protegidos por barcos de guerra españoles, en base a la

crónica carencia de medios de la flota portuguesa.

Más seria y más compleja parece ser la cuestión del lugar que corresponderá a Portugal, en los mandos

integrados aliados, después de la necesaria reestructuración de los mismos como consecuencia de la

entrada de España.

Una red compleja de interdependencias

La fuerza aérea y la Armada portuguesas están integradas, dentro del dispositivo OTAN, en el

Comiberlant (Comando Iberoatlántico), cuyo cuartel general está situado cerca de Lisboa, y que depende

del Saclant (Comando del Atlántico Sur). Dentro de las tareas genéricas del Saclant, el Gomiberlant está

precisamente encargado de la vigilancia de la costa, de la lucha antiminas y antisubmarina y de mantener

libre el acceso a los puertos y aeropuertos portugueses.

Dada su importancia estratégica, la región azoriana no está integrada en el Comiberlant. Con su base de

Lages —alquilada a Estados Unidos desde 1959— y los depósitos de combustibles para navíos de Ponta

Delgada, el archipiélago de las Azores depende de los mandos de la OTAN instalados en Norfolk.

Finalmente, la brigada mixta del Ejército de Tierra luso, estacionada en Santa Margarida, en el centro de

Portugal, depende directamente del Saceur (mando aliado para la Europa central).

Para los militares portugueses, que siguen de cerca las negociaciones hispano-americanas —Alianza

Atlántica— parece evidente que España exigirá —y Estados Unidos apoyará— una reformulación de las

estructuras de mando de la OTAN en la península.

Muy temprano han tomado posición contra la creación de un mando único naval ibérico, que sustituiría al

Iberlant, integraría las costas atlánticas de España y Portugal, Madeira, Canarias y Azores y sería

confiado a un almirante español.

Más enérgicamente se oponen a la creación de un mando unificado ibérico, cuyo cuartel general debería,

fatalmente, situarse en Madrid o sus alrededores y que concentraría, también bajo mando de un general

español, todos los medios terrestres, aéreos y navales de la península.

La colaboración eventualmente ofrecida por España a Portugal en el seno de estos mandos integrados

tampoco sirve para tranquilizar a los especialistas lusos. Argumentan que esta cooperación sería más

formal que real y dejaría a los oficiales portugueses pocas posibilidades de participar activamente a la

elaboración y ejecución de programas que comprometerían totalmente sus Fuerzas Armadas y el territorio

nacional.

Para conjurar estos peligros, reales o supuestos, de subordinación a España, los militares portugueses

parecen haber obtenido de los responsables gubernamentales y de los tres mayores partidos políticos lusos

(socialistas, socialdemócratas y democristianos) garantías formales de que no aceptarán la creación de un

mando único ibérico (decisión que no puede ser tomada sin acuerdo unánime de los catorce miembros de

la Alianza).

Para reforzar su posición en el seno de la OTAN, Portugal intentaría obtener el reconocimiento de la

unidad del famoso triángulo estratégico portugués. Con la inclusión de las Azores, el nuevo espacio así

definido, llamado Comportland, sustituiría al Comiberlant y quedaría dependiendo del Saclant. Su mando

podría ser americano o inglés. Quedaría por resolver el problema de Canarias. Aunque algunos

especialistas navales lusos no ven con malos ojos la integración de Canarias en este nuevo dispositivo,

comprenden perfectamente que España quiera mantener también su unidad de mando nacional e integre

Canarias en el mando del Mediterráneo occidental, disuelto desde la separación de Francia, y a reconstruir

con la entrada de España. En su opinión, las islas Canarias están especialmente bien situadas para el

control del norte de África y de la entrada del Mediterráneo, posición que se vería reforzada con la

devolución de Gibraltar.

Finalmente, y para evitar cualquier aprovechamiento posterior, Portugal no está dispuesto a reconocer,

después del eventual ingreso de España en la OTAN, el tratado de 1976 entre Estados Unidos y España.

El más fiel aliado

El pasado, lejano y próximo, ha enseñado a Portugal que la amistad, los argumentos históricos o técnicos,

no pesan mucho cuando están en juego grandes intereses estratégicos. No es, fundamentalmente, en la

mesa de las reuniones, atlánticas donde Lisboa espera hacer prevalecer sus pretensiones y respetar sus

preocupaciones de independencia nacional.

Consciente de que su único triunfo es la carta política de ser el más fiel aliado de Estados Unidos en

Europa, está dispuesto a aceptar pesados encargos que confirmen este papel insustituible en el seno de la

Alianza, que no le puede ser arrebatado por España.

Portugal es miembro de la Alianza desde su fundación. Más aún, se puede decir que desde siempre,

Inglaterra ha sido el punto de referencia del Ejército luso, hasta el extremo de que el propio Salazar, a

pesar de sus simpatías hacia Alemania, no pudo negar al Ejército inglés la utilización de las Azores

durante la segunda guerra mundial, y la RAF fue la primera potencia que utilizó la base de Lajes, ahora

alquilada a Estados Unidos.

La revolución de 1974 no cuestionó nunca seriamente la participación de Portugal en la OTAN. La

presencia de barcos aliados en el río Tajo, en los momentos más álgidos de la revolución, fue considerada

como molesta, pero inevitable, y no motivó protestas oficiales.

Después de la normalización democrática, la intensificación de la participación activa de Portugal en la

OTAN fue considerada como un imperativo por los tres mayores partidos políticos portugueses,

socialdemócrata, socialista y democristiano, que pasaron a considerar la Alianza como una garantía contra

cualquier intento de los comunistas de volver al poder.

Se inició la organización y el equipamiento de la brigada mixta, primera contribución efectiva a la OTAN

de un ejército portugués, hasta ahora totalmente dedicado a la guerra colonial en África, y se pidió ayuda

a los aliados para la reconversión de los militares a sus funciones europeas y atlánticas.

Si la contribución directa de Portugal es modesta, su importancia logística para la OTAN es inmensa.

Incluye, además de las instalaciones del Comiberlant, un complejo dispositivo de bases y depósitos de

carburantes y municiones.

Los aeródromos de Ovar y Montijo y la base de Porto Santo (Madeira) no son utilizados habitualmente,

pero pueden entrar en servicio en pocas horas. Hay depósitos de carburantes y municiones en toda la zona

del estuario del Tajo y en las Azores, donde tienen su base submarinos nucleares Trident y Poseidon.

Grandes concesiones

Naturalmente, Portugal no recibe ninguna contrapartida por la cesión de estas instalaciones dentro del

marco OTAN, lo que hacía decir a un militar portugués que después de entrar en la OTAN «España no

sólo dejaría de recibir el alquiler de las bases americanas en su territorio, sino que tendría que contribuir a

los gastos de permanencia de los aliados en estas bases». Una contribución a la medida de cada uno: la

contribución de Portugal a la manutención de las bases de la Alianza es del 0.2% (contra el 26% de

Estados Unidos). La base de Lajes, objeto de un acuerdo bilateral que será renegociado en noviembre,

entre Portugal y Estados Unidos, puede ser considerada también parte de la estructura de la OTAN en

Portugal, ya que Washington no precisa de la autorización de Lisboa para utilizarla dentro del esquema

defensivo de la OTAN. Están incluidas en estas tareas atlánticas: la defensa de las rutas marítimas

atlánticas, el servicio y abastecimiento de aviones, las acciones de reconocimiento y patrullas

antisubmarinas, sin contar con el hecho de que todos los aviones de ataque e intercepción con menos de

2.500 kilómetros de autonomía deben, necesariamente, hacer escala en Lajes para cualquier vuelo con

destino a Israel, Alemania o Italia, a partir del territorio americano.

Rumores insistentes hablan de la presencia de armas nucleares dentro de la base, pero esto ha sido

siempre negado.

Francia dispone también, en la más occidental de las islas Azores (Flores), de una estación de rastreo de

objetos balísticos no nucleares, y Alemania ha alquilado la base de Beja, en el sur de Portugal, para

entrenamiento de sus pilotos de aviones supersónicos.

A pesar de esta importante contribución, el Gobierno portugués ha prestado siempre la más benevolente

atención a los eventuales deseos de sus aliados. Que se hable del estacionamiento de un portaviones

nuclear en el puerto de Sines, al sur de Lisboa, de la construcción de un oleoducto gigante para unir las

principales bases de la OTAN en el norte de Europa a la terminal de hidrocarburos de Sines, de la

ampliación de la base aérea de Porto Santo y de la construcción en esta isla de una base aeronaval, de la

utilización de la base de Beja, la mejor de Europa, para estacionar aviones americanos que España

considera indeseables en su territorio, el Gobierno portugués está dispuesto a proporcionar las mayores

facilidades.

Plantea una única condición, sin embargo: que no le pidan dinero. Más aún, Portugal considera que su

buena voluntad está siendo mal retribuida y que los aliados se muestran muy poco comprensivos cuando

se trata de ayudar a Portugal a comprar equipos modernos para sus tropas, este es el principal motivo de

frustración de los militares portugueses, por formación y tradición fervientes atlantistas. Esto ha

provocado, sobre todo en la Marina, el surgimiento de una tendencia que preconiza que Portugal se

vuelve resueltamente hacia el mar y sus aliados tradicionales, Estados Unidos e Inglaterra, y dar la

espalda a una Europa con la cual tiene pocos lazos y que le regatea la entrada en la CEE.

 

< Volver