Autor: Urbano, Pilar. 
 Conversación con Manuel Fraga Iribarne. 
 Mientras yo esté aquí no se podrá hacer la derecha que quiere la Moncloa     
 
 ABC.    27/11/1979.  Páginas: 3. Párrafos: 40. 

Conversación con Manuel Fraga Iribarne

"MIENTRAS YO ESTE AQUÍ NO SE PODRA HACER LA DERECHA QUE OUIERE LA

MONCLOA"

Por Pilar URBANO Fofos: Luis ALONSO

«Rechazo ese centro-izquierda hecho con los votos y el dinero del centro-derecha»

ME invita a cenar para hablar de política. Hacernos un trato: juego limpio. El encaja todas mis

preguntas, por impertinentes que sean. Yo recojo todas sus respuestas, por tremebundas que parezcan.

Me dicen en las bocacalles políticas que «Fraga es un cadáver». A mí se me antoja uña implacable

«bulldozer» empeñada tercamente en socavar ai Gobierno con sus inclementes mordiscos metálicos.

Profeta de calamidades nacionales, se diría que clama en un desierto donde hasta los críticos y

descontentos, acampados mal que bien en «la situación», prefieren oír otras músicas.

Para Fraga, el gran enfadado de España, «el Gobierno es débil e ineficaz», nuestra marcha política «no

lleva a ninguna parte», el Parlamento «trabaja menos horas que ninguno de Europa», «se prefiere

pastelear cada día, antes que escoger, decidir y mojarse... para gobernar», «las cosas cada vez están

peor»...

Quizá Fraga tenga razón. Y quizá reconocérsela exija a todos pagar un precio demasiado caro.

—Bajo el interrogante «¿delendus est Fraga?», de circulación estos días en los círculos políticos, el

historiador Javier Tusell proponía a la derecha española: «Vuestra opción política no existe; es necesario

reconstruirla, y esta operación pasa por la destrucción de Fraga.» ¿Qué responde Fraga?

—El historiador Tusell es, además, director general en el Ministerio de Cultura; para decirlo con mayor

claridad un hombre a sueldo del Gobierno y de UCD; su imparcialidad está, por lo mismo, fuera de toda

duda. Todavía hace unos días, su servicio se molestó porque el Museo de Ciudad Real me invitó a dar una

conferencia sobre «Los antecedentes españoles del Canal de Panamá»; no era aceptable que se invitase a

hablar a un miembro de la oposición. Y menos mal que yo, naturalmente, no acepté remuneración alguna,

por mi disertación... Dicho esto, yo creo que el señor Tusell tiene toda la razón: mientras yo esté ahí, no

se podrá hacer la derecha que le interesa a la Moncloa Y a UCD; una derecha cómoda, domesticada,

colaboradora, aunque sea con lo que alguien ha llamado «apoyo crítico». Nosotros creernos que el

Gobierno y la UCD tienen una grave responsabilidad en la actual grave situación de España, y que eso es

lo que hay que destruir Y borrar, y no aquellas opciones que a tiem.po propusieron lo que se pudo y se

debió hacer, y que todavía se debe y se puede hacer.

«NO DESEO NINGÚN "FRAGUISMO"»

—El «fraguismo», como respuesta de un electorado a un hombre, se nutre de «gente de derechas».

¿Como, pues, se empeña Fraga en abanderar un partido «centrista»?

—No deseo la existencia de ningún «fraguismo». De hecho, he sido más criticado por mi deseo de

alianzas o coaliciones, en una u otra dirección, que por mi voluntad de personalismo. Lo que yo discuto, y

he discutido siempre, es la conveniencia de ponerse etiquetas, que siempre restringen y excluyen. Si

queremos una fuerza política abierta, que pueda aspirar a ser mayoría, tenemos que hacerla populista, sin

que de ella se sientan excluidos, por ejemplo, los trabajadores o los jóvenes. Viajo constantemente a las

provincias y a los pueblos; podemos y debemos ser ese partido, a la vez conservador y reformista,

defensor de la unidad y del orden, pero también de Ja justicia social, que España necesita. Yo a eso no le

llamo la derecha, sino la mayoría natural de un país de clases medias; o, para usar la expresión de

nuestros clásicos, «la mayor y la mejor parte del país». Por lo demás, nadie habló del centro antes que

nosotros en España; ni es otra la actitud de los conservadores británicos, o de la mayoría presidencial en

Francia, Lo que nosotros rechazamos es un centro-izquierda hecho con los votos y el dinero del centro-

derecha, que es lo que hoy padecemos en España.

«SUAREZ NI DA LA CARA, NI DECIDE»

—Permítame insistir. Se le acusa a usted de «obsesión por Suárez» y de «delirios de centrismo». Quizá no

sea así, pero... así lo parece. ¿Qué dice sobre esto, don Manuel?

—Repito que Ja idea del centro la trate yo a la política española. Nunca la entendí como un partido

centrista, que es en todas partes una posición residual y débil, como ocurre con los liberales en Inglaterra

y en Alemania, sino como un sistema de fuerzas políticas, polarizando no a los extremos, sino a la

moderación. Así, en Inglaterra, hay una derecha extrema, que es el Frente Nacional, pero pesa poco; hay

un partido comunista, pero no obtiene ni un diputado; conservadores y laboristas son centro-derecha y

centro-izquierda.

En cuanto al señor Suárez, nosotros les dimos nuestros votos, sin compensaciones, pata la investidura;

patrióticamente, para que no tuviera que pactar con marxistas o nacionalistas. Fue inútil, porque, sin

necesidad, lo ha seguido haciendo. No hay modo de que se decida a gobernar con la mayoría real del país;

no se decide a salir al Parlamento, a dar la cara y a decidir. No cabe, pues, más que hacer lo que hacemos:

decirle la verdad al país, y decir que así no vamos a ninguna parte. Sin decisión, y a base de consenso, los

grandes problemas de España (unidad nacional, seguridad ciudadana, crisis económica, etcétera) carecen

de solución.

—Todavía en el «capítulo de improperios», ¿por qué se repiten a su alrededor las fugas, los abandonos,

los desmantelamientos de ententes y fusiones de «nombres propios»? Todo permite sospechar que no es

usted un cómodo compañero de viaje. ¿Cuál es su problema: no acertar al elegir a los hombres... o no

saber retenerlos? ¿Malas compañías o malos tratos?

—De aquí, de Alianza Popular, no se ha echado ni se ha depurado a nadie; y tampoco nadie ha esperado a

un Congreso (aunque estuviera a un mes vista) a discutir sus posiciones. He pactado y transigido con

todos, mientras no han querido cambiar el partido, o imponer Duntos de vista minoritarios. La hísto´a de

todos los partidos, sobre todo en •mentos fundacionales y en la proxiad de elecciones y candidaturas, pasa

empre por fenómenos personalistas. Yo he aceptado siempre el veredicto de la mayoría; y pienso que los

demás deberían hacer lo mismo. Y no seré tan incómodo cuando esa mayoría sigue firme e incluso

unánime en la unidad y en la identidad de Alianza Popular.

—En alguna ocasión ha censurado usted a Adolfo Suárez por evitar las lumbreras y rodearse de hombres

mediocres y sin brillo. Usted, en cambio, prefiere aglutinar a «magníficos». Pero a Suárez «le duran», y a

usted no. ¿Por qué? ¿No será que donde estén hombres como Suárez o como Fraga no caben otros

protagonismos?

—Supongo que no he de explicar la diferencia entre hacer las cosas desde el Poder o desde la calle.

Espero tranquilo la comparación cuando, como en el fútbol, se cambie de campo. Estoy deseando ver a

algunos sin más poder que el de su convicción personal, sin el «Boletín Oficial» y la televisión a la orden.

Mis equipos de ministro fueron excepcionales y duraderos.

«ESTA ES MI ALTERNATIVA...» —¿Y cuáles son sus propuestas al la estabilidad política, el

progreso económico y el bienestar individual?

—Estabilidad política: hay que hablar con claridad; hoy pasa (y todos lo sabemos) por una reforma

constitucional, una modificación de la ley electoral, y una remodelación del sistema de partidos. Francia

lo hizo en mil novecientos cincuenta y ocho, y se pasó de una democracia débil e inestable a una

democracia fuerte y estable. Progreso económico: la Economía es Economía política; hay que restablecer

la confianza, lo que supone mantener el orden y la ley; decirle la verdad al país, y revisar la legislación

laboral, de for ma que haya rendimiento y productividad. Los trabajadores son los que más ganarían con

ello; hoy vamos camino de los dos millones de parados. Orden social: no puede haberlo socavando la

familia, pactando con el terrorismo, perdiendo la guerra cultural implacable del marxismo. Bienestar

Individual: depende de la seguridad personal; de la estabilidad económica y del puesto de trabajo,

mientras que la inflación y el paro la aniquilan; depende, en fin, de un nivel cultural y de ilusiones, hoy en

quiebra. Todo viene de lo mismo: Gobierno débil e ineficaz.

«NO FIRMAREMOS EL DIVORCIO, NI OTRAS MARAVILLAS...»

—¿En qué se diferencia su partido del «centro» que abandera Suárez; y en qué de la «derecha» de Silva?

—Su primera pregunta no creo que tenga duda: nosotros no firmamos la palabra "nacionalidades», ni

el Titulo octavo de la Constitución, ni las amnistías de terroristas, ni estos o aquellos consensos; ni

pensamos firmar la ley del divorcio y otras maravillas de/ sedicente centrísmo. Ni recibimos a Arafat, ni

iríamos a La Habana: la lista seria interminable.

Lo segundo seria bueno preguntárselo al señor Silva, que para unificar la derecha ha creado un nuevo

partido cuya fuerza es una incógnita.

—¿Ha considerado, señor Fraga, el •riesgo de que una AP, pretendidamente centrista, pierda un

importante sector de votantes por su derecha... que o engrosen aún más la abstención descontenta o

catapulten a los escaños de la nueva legislatura a cuatro o cinco diputados fuerzanovistas?

—Alianza Popular no desea cambiar su identidad y su programa; desea seguir siendo lo que es; ni es

Fuerza Nueva, ni la UCD, sino otra cosa: ella misma. Agradece mucho los consejos de unos y de otros,

pero no da bandazos; sigue su línea, ya explicada, y confia en el porvenir y en el buen sentido del pueblo

español. En cuanto a la presencia de otros grupos de diputados espero que los electores consideren el uso

que se está haciendo de cada uno de los escaños de los que ya dispone.

—Yo le he oído decir a usted que el abultado porcentaje de abstención es un indicador claro de que hay

sitio para un centro-derecha. ¿Por qué, pues, no recaudó entonces esa adhesión? ¿Por qué tipo de

«encanto» va usted a movilizar ahora el voto dormido hacia sus orillas?

—Todas esas preguntas parten de la base de suponer que el electorado se deje engañar por tercera vez por

el opio del pueblo» televisivo. También eso habría que demostrarlo. En todo caso, lo ocurrido de mil

novecientos setenta y seis para acá demuestra que el Gobierno de UCD no va a resolver los problemas de

España. Hay que insistir en que ni la reforma ni la democracia son las culpables, sino lo mal que se han

hecho. Y la propia izquierda debería entender que las concesiones rápidas e injustificadas van a ser de

difícil digestión a largo plazo. En todo caso, «El terrorismo separatista y revolucionario se ríe de los

Estatutos de Autonomía»

«No vamos a firmar la ley de divorcio ni otras maravillas del sedicente centrismo» todos los

comentaristas «oficiosos» dej centro (como el señor Abel Hernández) nos quieren empujar en esa

dirección. Por algo será.

«VAMOS... A NINGUNA PARTE

—Pasemos, si le parece, al tema de la «gran política». ¿Hacia qué modelo de Estado cree usted que

vamos? ¿Hacia cuál debiéramos ir? ¿Riesgos de la organización de un Estado autonómico? ¿Ventajas de

la descentralización de ciertos poderes?

—Hoy vamos hacia ninguna parte. La Constitución de mil novecientos setenta y ocho, como la de mil

ochocientos doce, la de mil ochocientos sesenta y nueve, la de mil novecientos treinta y uno, está más

inflada de grandes palabras y de sonoras ambigüedades que de claras decisiones y soluciones realistas.

Nos lleva hacia el camino de Italia o el de Portugal; no hacia el de Alemania, Francia o el Reino Unido.

España necesita un Estado fuerte, un Gobierno eficaz y una oposición clara y responsable; no más

consensos y aplazamientos. Las autonomías, a todos los niveles (provincial, comarcal, regional,

funcional) son buenas en sí mismas; como base de nacionalismos (y no digamos separatismo), de

privilegios, de fragmentación económica y cultural, son pésimas. Descentralizar y desconcentrar, es

bueno; volver a la Edad Media, con estaditos separados, débiles y enfrentados, es malísimo. La

Constitución debe ser reformada, suprimiendo la expresión «nacionalidades», y estableciendo una

verdadera cooperación y solidaridad entre todos los españoles. El terrorismo separatista y revolucionario,

por otra parte, se ríe de los Estatutos.

«PARA GOBERNAR HAY QUE ESCOGER. HAY QUE MOJARSE»

—Se ha jugado «al consenso», ¿por necesidad o por debilidad? En ciertos temas, la flexibilidad pareció

prudencia; en otros, entreguismo. ¿Puede hablarnos de esto?

—El consenso es un modo anormal de relacionarse el Gobierno y la oposición. Pudo justificarse en

algunos temas constitucionales, como la forma de Estado; en modo alguno puede aceptarse como la

forma normal de gobierno. Pero para gobernar hay que escoger, se necesita decidir, hay que mojarse; hay

quienes prefieren pastelear cada día. Hay que ir al Parlamento, hacer un discurso, y luego cumplirlo; hay

quien prefiere evitarlo, con tal de seguir tirando.

—Circula por ahí una encuesta pública en la que se formulan unas preguntas sobre la acción del actual

Gobierno: «¿Lo hace bien?» «¿Lo hace mal?» «¿Hace todo lo que puede?» «¿No puede hacerlo peor?»

«¿Un Gobierno de otro signo lo haría mejor?» Yo le invito, señor Fraga, a pronunciarse sobre esta

cuestión.

—Según todos los datos que tenemos de una encuesta que no debía ser secreta, sino pública. los

resultados son muy negativos para el Gobierno. Mi opinión es clara: que hablen los datos objetivos.

¿Cómo estaban en España los precios, la Bolsa, el orden público, el paro, etcétera, cuando el señor Suárez

se hizo cargo del Poder, hace tres años? Todos los índices han empeorado gravemente; ninguno ha

mejorado. Esa es la respuesta que se da el pueblo español.

«DEJAR ACTUAR EN SERIO A LA POLICÍA»

—Criticar es ciertamente más fácil propone? Soluciones de Economía, Defensa interior, Orden Público.

Moral ciudadana, Política Exterior, Autonomías... etcétera.

—Empezaré por recordarle, mí querida amiga, que no sólo he estado en la oposición, sino también en el

Gobierno. Cuando me encargaron del Turismo puse a España en el primer lugar mundial. Cuando me

ocupé de la Información, monté en serio la televisión y la radio, e hice la ley de Prensa. Cuando tuve a mi

cargo la seguridad de los españoles, en los siete difíciles meses que siguieron a la muerte de Franco, la

seguridad se mantuvo. En aquellos siete meses tremendos hubo siete víctimas del terrorismo, que es

menos de lo que después hubo en más de un fin de semana. Creo que es la respuesta más clara a su

pregunta.

De todos modos, intentaré añadir algo más, telegráficamente; pero me ofrezco a una entrevista extensa

sobre cada punto. Economía: restablecer la confianza. Defensa interior: liquidar, por todos los medios, el

terrorismo. Orden público: dejar a la Policía actuar en serio. Moral ciudadana: buen ejemplo de arriba,

que comienza por rebajar el intolerable gasto público. Política exterior: la occidental, NATO incluida, y

defender los intereses de España (y no ideologías). Autonomías: a la región, lo que es de la región; a

España, lo que es de España; techo máximo, el italiano. Y muchos etcéteras...

—Desde ciertos ángulos de la derecha descontenta se invoca, en los momentos de tensión, el

«mesianismo» de la involución. ¿Cree usted acaso que un «golpe de Gobierno» —no digo «de Estado»—

reorganizaría satisfactoriamente el trazado de la política nacional? Ese «golpe», ¿podría pasar por un

Gobierno de coalición? ¿Qué tipo de hombres tendría que aglutinar?

—Es un hecho indudable que o se hace una reforma seria (constitucional, electoral, administrativa) o el

peligro de involución se irá agravando. No creo que el tema pueda ya resolverse por una mera crisis de

Gobierno; los Gobiernos de coalición son todos poco duraderos, contradictorios y débiles. Salvo para

preparar esa misma reforma, y una remodelación de las fuerzas políticas. Repito, lo que hay que abrir es

el paso a que España alumbre su mayoría natural, que quiere unidad, orden, ley, moral y trabajo; quiere

continuidad y reformas, no más rupturas ni aventuras, de uno u otro signo. Esa mayoría estuvo ahí, en el

referéndum de mil novecientos setenta y seis, cuando un ochenta por ciento de los españoles se enfrentó

con un veinte por ciento de abstenidos, que es todo lo que pudieron reunir los rupturistas, y es grave

responsabilidad del señor Suárez el haberla triturado y confundido. Y, en cuanto a los hombres, recuerde

usted la famosa frase de «Los taxis del Mame»: «No había un buen general en la Francia de Luis Quince;

con Napoleón, había que recogerlos con pala.»

«EL GOBIERNO TIENE ALERGIA PARLAMENTARIA»

—Aparte su historial al servicio de España y su liderazgo en el partido de Alianza Popular, usted, hoy por

hoy, es un diputado. Desde ese registro me gustaría que enjuiciase un importante aspecto del Parlamento:

con el sistema de grupos parlamentarios y de disciplina de voto, ¿existe verdadera representativídad?

—Los partidos políticos, y sus órganos parlamentarios, que son /os grupos, ejercen, a mi juicio, un

protagonismo excesivo en el proceso político. Están demasiado subvencionados, crean demasiadas

prebendas, dominan las listas electorales. Varios obligan a sus miembros a firmar una renuncia, con la

fecha en blanco; documento que a mi juicio es nulo e inconstitucional, como espero que lo declare el

Tribunal Constitucional en el primer caso que se presente. Tenemos un sistema excesivamente

partitocrático, sin los controles suficientes de la base, que suponen las instituciones de democracia

semidirecta, como la iniciativa popular y el referéndum, o las elecciones primarias. Este es otro factor que

juega en la grave abstención ciudadana; unido al escaso rendimiento del Parlamento, que trabaja menos

horas por semana que ningún otro en Europa, y va con un enorme retraso, aparte de que raras veces

debate con oportunidad los grandes problemas que realmente preocupan en el país. Huelga decir que aquí

también la mayor responsabilidad es del Gobierno, que tiene verdadera alergia parlamentaria.

—Me gustaría que terminásemos esta conversación con una estimaciónbalance del hecho «Monarquía»,

justo en los días en que se cumple el cuarto año de la exaltación del Rey Don Juan Carlos I.

—La Corona ha cumplido, en cuatro años, cuanto anunció el Rey en su histórico discurso al pueblo

español, al asumir las funciones de la Jefatura del Estado. Debemos todos ahora desearle el mayor acierto

y brindarle nuestro máximo apoyo en el desempeño de las altas tareas que le encomienda la Constitución.

Pilar URBANO

«En vez de escoger y mojarse, el Gobierno prefiere pastelear cada día»

 

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