El P.C.E. está en la calle     
 
 Informaciones.    11/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

INFORMACIONES

El P.C.E. está en la calle

DESDE el sábado por la noche, el Partido Comunista Español está en la calle. No sólo sus banderas, sus

cláxones y su cartel en la fachada de su sede social. Por encima de este folklore comprensible están en la

calle unos españoles que hasta hace poco no podían estarlo o, por lo menos, no podían pisar y circular

como todos los demás. El Gobierno ha resuelto, al fin, acertadamente, uno de los problemas más

espinosos de su programa democrático y con ello su credibilidad dentro y fuera del país recibe un nuevo

argumento. La democracia se diferencia de la no-democracia en que la libertad, como la lluvia, debe caer

sobre todos. El Gobierno ha rechazado prudentemente la tesis de los que propugnaban que la democracia

- y el pueblo español votó en mayoría este estilo - debía construirse y defenderse eliminando a los «no

democráticos». La contradicción, por más evidente que sea, ha sido y seguirá siendo defendida. Sin

embargo, en estricta lógica política, las contradicciones siempre se pagan caras. Resulta perfectamente

consecuente proclamar autoritariamente «El Estado soy Yo», pero duele a los oídos - como se oye - «la

Democracia somos nosotros»... La democracia, o son todos o no somos ninguno.

Este principio integrante del sistema democrático se convierte en un cuchillo de dos filos, que corta por la

derecha y por la izquierda. Nadie puede evadirse por más piruetas ideológicas que invente. La agencia

Tass, entonando un canto al reconocimiento del P.C.E., se pone en evidencia, porque sus teletipos, por

más democráticos que pretendan ser, nunca han dado una noticia paralela ni para los rusos ni para los

demás países socialistas. El P.C.E. nace, pues, a la luz en España sin cordones umbilicales ni con Moscú

ni con Pekín. Así reza el primer comunicado oficial. Pero seria, ingenuo olvidar que los progenitores del

comunismo internacional no han transmitido a sus hijos unos genes precisamente democráticos. Como

seria otra ingenuidad para los comunistas españoles olvidarse de esta herencia.

Ciertamente, el Gobierno Suárez acaba de apuntarse otro tanto a su favor. Sus indecisiones y tropiezos

han tenido un «happy end». Su decisión ha desmitificado en España una formación política que, sin

clandestinidad ni «complejos de victima», va a tener que jugar desde ahora en el terreno de todos,

respetando unas reglas que antes exigía a los otros desde fuera del campo. La «publicidad» de este

combate tendrá su primer «test» en las elecciones. De ahí que la pelota que durante meses golpeaba las

manos del Gobierno está ahora en las del P.C.E. De un golpe de silbato se ha acabado el tiempo de las

promesas y da comienzo el tiempo de la realidad. No creemos descubrir ningún secreto si mencionamos

que desde ahora amigos y sobre todo enemigos del P.C.E. montarán guardia para ver cómo andan por las

calles. Este sentirse observados de cerca no debe confundirse con un anticomunismo cerril, sino como el

natural y legal control a que deben someterse todos los que quieren actuar e influir en la vida pública.

 

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