Autor: Ortega y Díaz-Ambrona, Juan Antonio. 
   No al comunismo; si a la legalización del PCE     
 
 Ya.    20/04/1977.  Página: 5,6. Páginas: 2. Párrafos: 13. 

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NO AL COMUNISMO; SI A LA LEGALIZACIÓN DEL PCE

LAS actitudes de algunos grupos políticos democráticos y moderados, claramente anticomunistas, pero

partidarios de la legalización del PCE, están siendo objeto de manipulación interesada que puede

confundir a la opinión pública.

LA confusión parte de dos razonamientos inexactos, pero aparentemente convincentes, que dicen así: si

usted es favorable a la legalización del PCE, usted es favorable al comunismo; si usted es contrario al

comunismo, debe ser también contrario a la legalización del Partido Comunista.

Ambos razonamientos son, hoy por hoy, falsos y no se tienen en pie. salvo que se acepte un concepto

primario de anticomunismo propio de ideologías autoritarias o totalitarias. En efecto, hay anticomunismos

y anticomunismos.

En los últimos años ha funcionado casi en exclusividad un anticomunismo de cruzada, que si bien era

natural después de una cruenta guerra civil y durante el periodo de la guerra fría, resultaba cada vez más

desfasado y más insostenible. Ese anticomunismo tuvo una razón de ser y se correspondía, además, con

una faz agresiva, revolucionaria y guerrillera de los partidos comunistas.

Esta faz ha ido cambiando paulatinamente. Se puede poner en duda la sinceridad del cambio, pero no el

hecho mismo del cambio. Las posiciones del PCE en los últimos tiempos se acercaban más por su

moderación a una socialdemocracia que a un socialismo marxista. Los rasgos leninistas y stalinistas del

comunismo clásico quedaban, cuando menos, ocultos.

Esta actitud o táctica, según se quiera, de los comunistas españoles venía rindiendo sus frutos por su

sutilidad y perseverancia, frente a la tosquedad del anticomunismo oficial. El PCE bajo la represión

anticomunista tradicional ha consolidado una mística de hombres y de doctrina, ha formado una poderosa

organización y ha conseguido inculcar a buena parte del país y de la clase política emergente la firme

creencia de que sin participación comunista no habrá elecciones libres.

Cuánto mérito ha tenido en este proceso la "línea Carrillo" y cuánta responsabilidad debe recaer sobre

nuestros anticomunistas históricos que han producido durante años la mitificación del "partido" a base de

atribuirle todo cuanto podía significar crítica o erosión al régimen" de Franco, es algo que el tiempo y los

historiadores dirán.

PERO el hecho es que se había llegado a una situación límite que exigía una clarificación sin demoras. Y

esa clarificación va a venir después de la legalización.

Para mí es evidente que el PCE, transcurrido un cierto tiempo desde la legalización, tenderá a adoptar

actitudes más radicales y ocupará en el abanico democrático la posición de extrema izquierda que

naturalmente le corresponde. Correlativamente, el socialismo, la socialdemocracia, la democracia

cristiana y el liberalismo, que, hoy por hoy, se guardaban púdicamente de establecer una dialéctica frente

a un comunismo clandestino; formularán críticas cada vez más precisas y fundamentales a los comunistas

con objeto de poner las cosas en su sitio y convencer al país de que votar a los comunistas es una

equivocación que puede costar muy cara.

NACERÁ así un anticomunismo nuevo que será tremendamente exigente con el PCE para que se ajuste a

la legalidad que ha conseguido. Ese anticomunismo nuevo, respetando naturalmente las reglas del juego

democrático, tomará al pie de la letra las propias palabras del PCE para poner en evidencia sus

contradicciones y falacias y la falta de credibilidad de sus promesas.

QUIENES hemos defendido la legalización del PCE en el seno de las corrientes democráticas, lo hemos

hecho en primer lugar por respeto a la democracia misma y por elemental realismo, pero al mismo tiempo

convencidos de que el mejor método para luchar contra el comunismo en la España de hoy no es la

represión, ni la persecución, ni la cárcel - cuyos resultados después de cuarenta años están ahí - , sino la

desmitificación de los comunistas, la denuncia de sus maniobras y la crítica permanente y fundada de sus

actitudes de partido.

ANTES de la legalización, cualquier crítica a los comunistas podía entenderse como una incitación a su

detención y persecución. Un elemental sentido del respeto a las personas inhibía muchas de estas críticas

desde lo sectores democráticos. Pero a partir de ahora, las actitudes cambiarán. La invulnerabilidad de las

posiciones comunistas por el mero hecho de su persecución ha terminado. La legalización del PCE no es

un golpe de Estado. Sólo podría serlo desde las coordenadas de un Estado totalitario o de autoritarismo

excluyente. Desde la perspectiva de un Estado democrático, la legalización del PCE debe ser el principio

de una actitud nueva frente al comunismo: no al comunismo; sí a su legalización. Si a su legalización,

para mejor combatirlo en las elecciones. Pactos electorales con ellos, ninguno. Todos legales, pero cada

uno en su sitio.

Juan A. ORTEGA DIAZ-AMBRONA

 

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