Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   La dimisión de Pita y otras circunstancias     
 
 Informaciones.    13/04/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

La dimisión de Pita y otras circunstancias

Por Abel HERNÁNDEZ

LA dimisión del almirante Pita da Veiga como ministro de la Marina ha abierto una serie de interrogantes

sobre el ritmo y el contenido final de la reforma política. El último ministro de Franco se vio sorprendido

el Sábado Santo con la legalización del Partido Comunista y decidió inmediatamente su salida del

segundo Gobierno de la Monarquía. En contra de ciertas especulaciones, el tema de la legalización de los

comunistas, al menos en sus detalles concretos, no se trató en el último Consejo de ministros, sino que el

acuerdo definitivo fue tomado en la Moncloa el Martes Santo, día 5, por el presidente Suárez, reunido con

el vicepresidente para la Defensa, teniente general Gutiérrez Mellado, y los ministros de Justicia y

Gobernación. Medios cercanos al almirante Pita aseguran que éste se enteró por la televisión.

Parece que lo que ha molestado en ciertos sectores de las fuerzas armadas ha sido, sobre todo, la forma

como se ha llegado a la solución del «caso comunista". Era previsible una cierta reacción emocional,

lógica en las actuales circunstancias. En estos medios se están analizando cuidadosamente las

conclusiones del congreso del P.C.E. y el libro de Santiago Carrillo, «Mañana, España», y se siente una

gran desconfianza de las afirmaciones democráticas del eurocomunismo. Sin embargo, en general se

considera en círculos militares solventes que, llegadas las cosas a donde habían llegado, la legalización

del P.C.E. era una medida de prudencia política inesquivable.

Antes de la larga reunión ordinaria del Consejo Superior del Ejército, por la tarde, ayer mañana hubo otra

importante reunión de generales del Ejército de Tierra, presidida por el teniente general Vega, en

Capitanía General de Madrid. Estuvieron los generales con mando de Unidad (brigadas XI y XII, DOT1 y

Paracaidista, jefes regionales de Artillería, Ingenieros, etc.). Parece que en la reunión se abordó el tema

político del día. Existe la impresión de que un poderoso sector del Ejército exige al presidente Suárez y a

su Gobierno una exquisita neutralidad ante las próximas elecciones. Esto, probablemente, beneficiaría a

Alianza Popular.

En cualquier caso, y tras compulsar en diversos centros de primera magnitud informativa, no se cree que

la salida del almirante Pita va a provocar una llamativa reacción en cadena en las filas de las fuerzas

armadas, a pesar del malestar detectado en algunos de estos ambientes, sobre todo en la Marina. La

legalización del P.C.E. no admite marcha atrás y queda descartado el golpe militar. Es posible, sin

embargo, que el presidente Suárez tenga ahora menos libertad de movimientos y más dificultades en su

prudente gestión política. Esta prudencia política quizá le obligue a posponer para mejor ocasión la

legalización de los maoístas. También se sabe más observado a la hora de intervenir, de una u otra forma,

en el proceso electoral.

El riesgo de que la situación - el clima - se deteriore, preocupantemente está en la conjunción de otros

posibles acontecimientos, que acechan a la vuelta de la esquina: mañana, 14 de abril; el día 15,

movilización anunciada de masas laborales, y la misma vuelta de «La Pasionaria». Se tiene el

convencimiento de que precisamente el P.C.E. está tratando de que estos acontecimientos no se salgan de

madre. El riesgo de que agitadores profesionales aprovechen la ocasión, existe. Se espera que las fuerzas

democráticas traten de echar el freno a cualquier desenfreno. Si esto se supera sin grandes trastornos, el

país, con el apoyo mayoritario de la opinión pública, seguirá su marcha hasta las riberas de la democracia.

 

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