Autocrítica de la Magistratura     
 
 Diario 16.    01/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Autocrítica de la Magistratura

Juan Becerril y Antón Miralles, magistrado del Tribunal Supremo y miembro de la Real Academia de

Jurisprudencia y Legislación, es lo que podríamos decir un profesional "liberal a la española".

Rechazando la manera española de ser dogmático, el señor Becerril ha ensanchado su campo con

tendencia liberal y amplificadora, gallardamente expresado con ocasión de la recepción pública al ser

nombrado académico de número con la medalla dos. Magistrado por excelencia y admirador de la Roma

clásica, cuna del Derecho.

El señor Becerril expresó en su lectura pública con motivo de la recepción académica la síntesis de su

ideario arremetiendo contra la falta de libertad por parte de la Administración hacia las profesiones

liberales y los abusos de poder que sobre ellas se están cometiendo, motivo todo ello de la grave crisis

que éstas sufren, especialmente el Derecho. Manifiesta el señor Becerril "que ya no sólo es la crisis; es el

descrédito, es la acusación de desprestigio y de falacia endémica, es la desconfianza del justiciable. El

Pueblo, siempre con mayúscula, lo demás no vale, ha de inclinarse desde ahora ante los sociólogos y

economistas poseedores de un especial esperanto para iniciados, y volver la espalda a la especulación

conceptual del Derecho que, marginal al avance prodigioso de las Ciencias Físicas, llega a dudar a sí

mismo y a proclamar la frustración y la ineficacia de la justicia como organización".

Teniendo en cuenta la eficacia y adiestramiento de la justicia francesa, reforzada por la concreción de la

teoría del Estado en el aspecto de su potestad trifásica, el señor Becerril admira la reciente organización

de coloquios fruto de una serena autocrítica de la Magistratura francesa, con el fin de averiguar las causas

y enmendar los defectos que rondan la institución judicial francesa, tan similar a la nuestra en los altos

grados de su capacidad y en su olímpico aislamiento. "La diferencia está - afirma el señor Becerril - en la

superior atención que presta a aquélla una prensa viva y llena de inquietud espiritual. Es necesario que la

institución, conservando, como es lógico, la pulquérrima tradición esencial a la dignidad de su toga, raíz

de toda permanencia, se readapte cada vez más a las necesidades actuales, y a las de los tiempos futuros."

 

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