Autor: Izquierdo Ferigüela, Antonio. 
   Responsabilidades     
 
 El Alcázar.    16/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

la ventana indiscreta

RESPONSABILIDADES

EN torno a la insólita legalización del Partido Comunista, Fraga Iribarne aseguraba en "ABC" (12 de

abril) que se trataba de un "verdadero golpe de Estado". Quizás el ex ministro del Régimen de Franco y

de la Corona tenga información sobrada y elementos de juicio suficientes para subrayar un hecho de

forma tan expresiva y contundente. También lo pienso yo, que recuerdo otras actitudes anteriores respecto

al nuevo brazo del Kremlim en España. En rigor quien con mayor precisión y antigüedad ha juzgado los

hechos relativos a la legalización, ha sido García Carrés, uno de los últimos y más brillantes sindicalistas

del viejo Régimen, que viene subrayando en discursos y declaraciones la curiosa coincidencia que existe

entre los acuerdos del Partido Comunista en su Congreso de Bucarest y las líneas maestras de la política

nacional en este tiempo.

La legalización del PC no puede sorprender a nadie, porque, más o menos, se veía venir desde el principio

y ni las Cortes Españolas, que ahora se rasgan las vestiduras, ni los políticos, individual o colectivamente

considerados, tuvieron la necesaria gallardía - o la suficiente fuerza, según se mire - de tipificar en la Ley

la prohibición expresa de un partido que en nombre de la democracia se propone justamente destruir la

democracia; que tiene como espejo de ejemplaridades, el sometimiento de muchos pueblos del mundo a

su imperio y con el sarcasmo de denominarles "democracias populares", porque eso de la dictadura del

proletariado, suena mal. No hubo esa gallardía y, de alguna manera, los unos y los otros fueron dejando

por cortesía, por prudencia, por timidez, demasiados hilos sueltos para que alguien, con audacia política,

los tejiera sobre el cañamazo de una orden ministerial que asume la responsabilidad, ante Dios y ante la

Historia, porque si no ¿ante quién?, de dar vía libre a los que estuvieron a punto de terminar con una

entrañable entidad llamada España.

Se ha hecho esto de una forma innecesaria y humillante. Se ha hecho tapando la boca a quienes vencieron

al comunismo y eligiendo, como arquetipos para el retorno, a las figuras más siniestras de un pasado que

creíamos superado. No hemos asistido a una legalización, sino a la toma, victoriosa, de Madrid por los

miembros del PC al grito de "¡fascistas, burgueses, os quedan tres meses!". ¿Era necesaria y homologable

la humillación?

Con insistencia lo fue recordando el señor García Carrés: de aquellos acuerdos solo quedan por cumplirse

tres; la disolución de las Fuerzas Armadas y de Orden Público, con expulsión y juicio a quienes hayan

servido al Régimen de Franco; establecimiento de un Gobierno liberal de tránsito y, por último, la

conversión del Estado en una dictadura proletaria con la etiqueta de democracia popular. Todo estaba

dicho. Todo estaba previsto. No ha habido sorpresa. Quienes ahora se rasgan las vestiduras, hacen bien.

Pero no pueden llamarse a engaño. En política vale un discurso. Pero no así en la instrumentación de un

sistema institucional nuevo; ahí lo que cuentan son las leyes. La responsabilidad de la legalización del

Partido Comunista tendrá que ser compartida por muchas personas, humanas o jurídicas, como la

humillación de que han sido objeto los hombres que rescataron a España del imperialismo soviético y nos

la entregaron libre para construir sobre ella un siglo de convivencia.

ANTONIO IZQUIERDO

 

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