Autor: Miguel, Carlos de . 
   Una fuerza transnacional     
 
 El Alcázar.    16/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA SUBIDA DE LOS PRECIOS

POR fin, el Gobierno se ha decidido a hacer público el índice de alza del coste de la vida de enero. Se

comprende la demora. Decir a los españoles que, en un solo mes, la cesta de la compra ha subido el 3,03

por 100, es para pensarlo, cuando se vienen naciendo esfuerzos meritorios para convencer a los españoles

de que, desde que gozamos de la nueva "democracia", vivimos en el mejor de los mundos.

A través de los medios estatales de comunicación y de entusiasta colaboración de gran parte de la Prensa,

que hubiera hecho feliz al Arias Salgado de los mejores tiempos de las consignas oficiales a los

periódicos, se ha estado llevando a cabo la que podemos denominar "operación seducción", consistente en

registrar, literaria y fotográficamente, cada palmadita que un dirigente extranjero ha dado a su homólogo

español; cada visita de cualquier personaje o personajillo llegado del otro lado de la frontera; cada

comentario favorable de no importa qué periódico de que parte del mundo. Los miembros de la clase

política (de la clase política en candelero) se han vuelto de repente más guapos, más listos, más

simpáticos y hasta más altos, dicho sea sin ánimo de molestar a nadie. Lo dice el francés Giscard, el

americano Carter, el alemán Brandt, el ruso Breznef, el italiano Berlinguer y hasta un ilustre

luxemburgués de nombre desconocido y no sabemos si Amin de Uganda. Desde que murió Franco, era

como si España hubiera entrado en el país de las maravillas.

La menor maravilla no ha sido que, en medio de tanto éxito exterior, de tanto cambio interior, de tanta

eliminación de los restos de la "oprobiosa dictadura", el pueblo viera que cada vez vivía peor. Se había

logrado algo que se desconocía desde veinte años antes y que sólo una vez se produjo en la época de

Franco: que la renta nacional, en vez de aumentar, disminuyera. Y, como consecuencia, paro de unos y

disminución del poder adquisitivo de todos, menos de los privilegiados que, con la nueva situación, han

logrado un ascenso en su "status" socioeconómico, vivienda incluida.

La contradicción se sentía a nivel de la calle y se había reflejado en letreros que alguien pintó en las

paredes: "Con Franco vivíamos mejor". Pero, mientras el sentimiento no se concretara en datos objetivos,

se podía seguir manteniendo la ficción de que España, sin Franco, era Jauja. Se comprende la resistencia a

hacer públicas las cifras. No obstante, los datos han acabado saliendo al público. Ahí están. Las sonrisitas

de Giscard, de Brandt, de Breznev o de Carter no impiden que, en un solo mes, el dinero de españoles

valga el 3 por 100 menos.

En los años treinta, los gobiernos marxistas, en vez de dar al pueblo pan le daban a comer burgués y cura.

Ahora, en vez de cura le dan democracia. Pero el pueblo español, como todo el mundo reconoce, ha

cambiado bastante. Ha conocido a Franco. Y resulta difícil que después de esa experiencia acepte poner

en su mesa, en vez de un plato de carne, un carnet político, por mucha que sea la variedad de siglas que se

le ofrezca.

 

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