El coraje de la Corona     
 
 Diario 16.    13/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

El coraje de la Corona

El Gobierno Suárez está viviendo en estas horas una de las crisis más graves de sus nueve meses de

gobierno salpicados de crisis. La legalización del Partido Comunista ha actuado como una verdadera

carga en profundidad en el seno de los enormes residuos franquistas que aún perviven en el régimen

español actual, y está provocando convulsiones de gravedad extrema. Algunos altos mandos militares

están dando muestras de irritación y nerviosismo ante una decisión que consideran contradictoria con la

línea política española inaugurada el 18 de Julio de 1936 y canonizada durante cuarenta años por la

victoria de 1939. Los comunistas fueron derrotados, ergo no existen.

La crisis de conciencia se explica en algunos de aquellos altos mandos que vivieron y sufrieron hasta la

saciedad las virulentas confrontaciones de la guerra civil. Se explica y se comprende. Pero no se justifica.

Como la historia no puede encararse mirando siempre marcha atrás, por muy doloroso que sea, por

mucho que se entiendan los íntimos conflictos de una generación que se vio arrastrada y se destrozó en

una guerra sin piedad entre hermanos, el futuro hay que hacerlo mirando hacia adelante y poniendo fe de

carbonero en que la nueva paz y la nueva fraternidad es posible en la nueva España que nunca más debe

volver a sufrir una guerra abierta de hermanos contra hermanos.

Lo que no es tolerable es que oportunistas, saltimbanquis que nada hicieron y nada sufrieron en la guerra

y que todo su agosto lo hicieron en la paz, traten ahora de echarle leña al fuego sacro de la guerra con una

irresponsabilidad que espanta y con una ambición luciferina de poder, caiga quien caiga. Hay que

condenar a los políticos que están tratando de hacer leña de tanto dolor y de tanta conciencia que sufre,

para lograr así encumbrarse a un poder que no les pertenece. Andan por ahí castañeras del Ku Kux Klan

llamando a muerte y llamando a golpe de Estado, porque este Gobierno ha hecho lo que ellos querían

hacer y no tuvieron coraje bastante para hacerlo. Su ansia desmedida de poder les lleva a hacer sangre y a

hacer fuego de cualquier conflicto que, aunque le duela y desgarre el alma de España, sea capaz de

llevarlos a ellos al poder. Con perros así, con explotadores de los escrúpulos de conciencia de los demás,

no se construye un país, sino que se hacen piras, funerarias. Oportunistas aliados quieren hacer ahora su

agosto de los dolores de los demás.

Y hay que hablar claro. Si el Rey Juan Carlos es capaz de capear con coraje esta crisis que ahora vivimos,

si es capaz de seguir manteniendo la nave del Estado camino de la paz por encima de los dolores y

miedos del pasado, su legitimidad histórica enraizará en la conciencia nacional. El papel moderador de la

Corona, ese papel de instancia suprema de los agravios y deseos del país, se demostrará resolviendo

civilizadamente los gravísimos conflictos de esta sociedad que sufrió un diluvio y que tiene por delante

un camino difícil hacia la normalidad y la paz. Los dos bandos de la guerra tiene razón para recordar sus

heridas y hasta para reclamar su venganza, pero aquí tenemos que pasar por encima de la guerra para

construir nuestro futuro en paz. En esta hora decisiva hay que apoyar sin restricciones al Gobierno que

nos traiga la paz. Y a la Corona, más de espinas que de gloria, que tenga el coraje, histórico de aplastar a

Caín y permitir la normalidad.

 

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