Autor: Cavero, José. 
   ¿Existe el "Pecé"?     
 
 Arriba.    15/04/1977.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

¿EXISTE EL «PECÉ»?

Grandes sectores de la población se preguntan el porqué de la legalización del partido

Comunista de España. Éste periodista no ve más razón ni sinrazón —y juristas, historiadores,

politicólogos en general han proporcionado ya tas suyas— que las que ex ponía una de las

mejores frases que se recuerdan, de cara al inicio de una nueva fase en la historia española.

La frase la pronunciaba el Presidenta Suárez no hace muchos meses y venía a decir algo así

como que «se trata de hacer normal lo que es normal a nivel de calle». Creo que estaba mejor

expresada de lo que yo aquí reproduzco.

Que el «Pecé» existe a nivel de calle, es un dato que dudo mucho que escape a alguien. En

todo caso, lo que se ha hecho al inscribir en el Registre oficial del Ministerio de la Gobernación

a este partido no es más que adelantarse un poco a los acontecimientos, o darle una especie

de margen de confianza al partido. Y trataré de explicarme, de exponer estas, acaso,

peregrinas ideas.

Un régimen democrático como el que se aspira a establecer de una vez por todas, supone la

aceptación de toaos cuantos partidos políticos cuenten con unos porcentajes de votos

suficientes como para acolegir que representanban das o espectros de población o de

ideología suficientes. Ese tres por ciento que se ha exigido a la hora de que una ideología —

aunque, de momento, aquí y ahora o sean términos paralelos ni sinónimos los de ideología y

partido, parece evidente que se aspira a que el paralelismo se consiga— tenga asiento y

representación en las nuevas Cortes, puede servir de indicio de lo que se intenta decir.

Expertos en democracia definen esta «asignatura» como la fórmula de Gobierno que pone en

práctica los programas de los partidos o grupos humanos «mayoritarios», pero que, al mismo

tiempo, se compromete a respetar los programas de los partidos o grupos humanos

minoritarios. Más brevemente: es el Gobierno de la mayoría con amplio respeto a los grupos

minoritarios.

Si el país ratifica con su voto —con, al menos, un tres por ciento de los votos— al partido por

excelencia (en este país, y contra lo que se ha venido diciendo del «partido único», lo único que

se entendía por «partido» era el PC), su legalización habrá quedado anticipada en dos meses.

Si no superara ese porcentaje, la descalificación significaría la vuelta a la ilegalidad, pero

democráticamente decidida.

José CAVERO

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