Autor: Onega López, Fernando. 
   El péndulo     
 
 Arriba.    13/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Fernando ONEGA

EL PÉNDULO

PRODUCIDO el retorno, con suficientes datos para el asombro, parece que la cuestión

inmediata es conseguir mantener la calma. La inscripción de los comunistas en el registro de

asociaciones políticas era tan necesaria, por simple realismo, que apenas merece que se gaste

una línea en el comentario. Sus ventajas, pensando con talante democrático, se pueden

observar ya: hay una mayor credibilidad ante el futuro, y hay una mayor claridad en el horizonte

electoral. Las cosas son como son y, con los comunistas fuera de la Ley, nadie podía asegurar

hace solamente una semana que hubiese elecciones en este país. La realidad, sin embargo,

está muchas veces en contradicción con los sentimientos, y el amplio espectro comunista ha

saltado a la calle: amenazas de muerte a Santiago Carrillo, manifestaciones en Madrid y algún

que otro incidente sin mayor consideración, pero que pretende poner la dialéctica en la calle

antes de que la sociedad pueda expresarse en las elecciones.

Afortunadamente, son minorías las que desarrollan estas actividades, aunque sean minorías

ruidosas. Pero son suficientes para desear lo que decía al principio: que el problema más

inmediato es conseguir mantenerla calma hasta el momento en que los votos atribuyan

auténticas representaciones. Ahora coinciden en el mapa político dos realidades enfrentadas:

la necesidad de ensanchar el campo político el de verdad se quiere construir una democracia, y

la evidencia de que la legalización comunista crea recelos y tensiones. Son dos realidades

perfectamente inevitables, y con ellas hay que jugar, aceptando, si acaso, que no se puede dar

un paso de esta naturaleza si, que haya que pagar un precio de sarampión.

Sin embargo, a medida que avanzan las horas, quizás estos aspectos informativos pierdan

importancia ante otros que merecen atención de primera página: el movimiento registrado a lo

largo del día en los centros neurálgicos de la nación. En un solo día han coincidido estos

hechos: entrevista Suárez-Fernández Miranda en La Moncloa (que suele ser frecuente),

reunión del Consejo Superior del Ejército (que es periódica), regreso del teniente general

Gutiérrez Mellado, audiencia al Ministro del Aire en La Zarzuela (que le correspondía por turno),

a intensos rumores de dimisión del titular de Marina, almirante Pita da Veiga. A última hora de

la noche parecía confirmarse la presentación de su renuncia, aunque un velo de misterio

rodeaba la posibilidad de su aceptación y el sentido de todas las demás noticias.

Vamos a esperar, pues, el desenlace de los hechos - seguramente es cuestión de horas -, pero

hay algo que es urgente resaltar: dimita o no dimita el Ministro de Marina, esto no cambia lo

esencial. Y lo esencial a estas alturas de la transición política es que las Fuerzas Armadas, sin

excepción apreciable, han mostrado un escrupuloso respeto al proceso de transformación

política. La palabra «neutralidad», que con tanta fuerza se reclama para otros capítulos de la

vida pública, ha sido servida con ejemplaridad por los Ejércitos. Es justo decirlo y proclamarlo

antes de que una noble actitud personal pueda ser interpretada como símbolo o bandera de

algo que no existe o, por lo menos, no se ve desde el observatorio de un periodista.

Dicho esto, sólo queda un resumen de una jornada que estuvo marcada por la tensión

informativa: se ha vuelto a constatar, particularmente a nivel de calle y de susceptibilidades,

que la construcción, de la democracia es una delicadísima operación; que cambiar «sin romper

un plato», como dijo Blanco Tobío, sigue siendo algo casi milagroso; que tenemos la

democracia muy cerca, pero no se va a consolidar con sólo cambiar la legalidad; que hace falta

un pacto de condescendencias y buenas voluntades para que lo vivido hasta ahora no sea

solamente un sueño de primavera incipiente.

Miércoles 13 abril 1977

 

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