Autor: Onega López, Fernando. 
   El péndulo     
 
 Arriba.    15/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Fernando ONEGA

El péndulo

LA crisis política, en lo que se refiere a la dimisión del Ministro de Marina, ha sido superada. En los

demás aspectos, todavía no lo sabemos con exactitud, aunque la palabra «distensión» sea la que más se

aproxima a la realidad. Hay, de todas formas, nuevos datos para añadir al clima conflictivo: nuevas

dimisiones y una extraña recogida de firmas para convocar un Pleno extraordinario de las Cortes. Digo

«extraña» porque, con este proyecto, se trata de revocar la legalización del Partido Comunista, y esto, por

sus consecuencias, sería paralizar toda la operación de cambio hacia la democracia, ahora que existe la

posibilidad de remontar las aguas y volver a serenar los ánimos.

LO primero que sugiere la iniciativa es la falta de rodaje de nuestras fuerzas políticas. En lugar de acudir

a una contienda electoral, de rebatir los argumentos «peces» con argumentos mejores, de plantear una

batalla de cara a las urnas, se pretende tapar los ojos a la sociedad y demostrar que los comunistas no

existen; que quizá son una invención de la Prensa; que el Gobierno ha legalizado a un ente extraño, sin

existencia física ni real.

PERO el tema político de estas tensas jornadas va mucho más allá. El tema político es que existan claros

factores de desestabilización, encerrados en posiciones apriorísticas, que no aceptan la evolución normal

de la sociedad ni parecen dispuestos a admitir que una democracia en plenitud es la único alternativa que

se puede ofrecer frente a la posibilidad de la crisis permanente. Con estas actitudes, lo que se está

consiguiendo es que el Partido Comunista continúe siendo el centro vital de la transición y de todo el

postfranquismo v que el país llegue crispado y temeroso a la gran oportunidad de unas elecciones

generales. Tristemente, el ejemplo que dio el Ejército al admitir el hecho de la legalización por

patriotismo no es seguido todavía por algunas fuerzas que todavía quizá no comprendieron que las

legitimidades, de aquí en adelante, se van a obtener de las urnas y no de otros orígenes que fueron válidos

en algún momento, pero que no sirven cuando la soberanía está siendo devuelta al pueblo.

LA prolongación de tales actitudes no beneficia en nada a la convivencia y a la perspectiva de un

entendimiento democrático. Se haría un gran favor al país si se retiran las firmas de convocatoria del

Pleno de las Cortes. Mantener la iniciativa, independientemente del respeto que humanamente merece el

hecho, sólo puede servir en estos momentos para prolongar indefinidamente una tensión que se está

pagando cara en la Bolsa y que se puede pagar mucho más cara en otros capítulos de la vida nacional. De

todas formas, si ningún Gobierno anterior ha aceptado la convocatoria de un Pleno por este

procedimiento, ahora parece que existen razones suficientes para hacer algo similar, en un gesto que a

muchos nos parecería un nuevo servicio a la nación.

POR lo demás, la situación es tranquila. Los brotes de acciones callejeras habidos ayer por parte de la

izquierda, y que fueron fuertemente reprimidas, no van a influir en el ritmo de los acontecimientos. El

Gobierno recibe las adhesiones de partidos políticos que quizá le empiezan a faltar por parte da otras

representaciones. Y cuando faltan exactamente dos meses para las elecciones, el señor Díez Nicolás,

director del Instituto de la Opinión Pública, nos da este disgusto: más de la mitad de los españoles

consultados por el Instituto parecen afirmar que no conocen ningún partido político. Entonces, la pregunta

es obvia: ¿a quién se va a votar el 15 de junio? La respuesta está escrita desde hace mucho tiempo a las

personalidades que más suenan. En las provincias, a los hombres que tienen más arraigo, y a veces por

causas no necesariamente ideológicas. La única esperanza que queda en este capítulo es, como en tantas

cosas, la televisión.

Viernes 15 abril 1977

 

< Volver