Autor: Aguirre Bellver, Joaquín. 
   Bienvenida al P.C.     
 
 Pueblo.    15/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

BIENVENIDA AL P. C.

Ya es legal el Partido Comunista. Creo que, ante los hechos consumados, ha sido un acierto sacarlo a

plena luz. En varias ocasiones he defendido que lo mejor era eso, pese a la objeción de que nunca el

Partido Comunista expone por las claras su verdadero sentido. Es ahora, una vez con los papeles en regla,

cuando ha llegado el momento de exigirle juego limpio. Y me voy derecho al grano.

Los atributos del fascismo son los siguientes: nacionalismo imperialista, glorificación del partido único,

violencia para llegar al Poder y terror para perdurar en él explotación de los trabajadores, convertidos en

meras máquinas de producir, y pérdida de todo respeto por la libertad. ¿Es así? Pues bien, diganme

ustedes si todos y cada uno de esos atributos no se dan a la perfección en el comunismo ruso.

Piense el Partido Comunista que estas cosas las sabemos de memoria aquí, dado que hubo grandes zonas

de España donde se vivió dramáticamente la experiencia de una actuación comunista sin

contemplaciones. El fascismo de los hombres sin patria es el peor de todos los fascismos posibles. Y no

se me arguya la diferencia existente entre Lenin y Stalin porque, amigos, todo está en el profeta, en Lenin,

y si ustedes quieren, hacemos la prueba.

El Partido Comunista tiene que empezar por nacionalizarse en España. Y por probarlo sin lugar a dudas.

Está bien lo del eurocomunismo. Pero aquí la gente no se fía. Les parece una muestra de ingenio y una

mera estrategia. Hay que demostrar con los hechos que el juego no lo están dirigiendo entre telones meros

agentes de una potencia extranjera.

Claro que he utilizado la palabra Patria, que parece proscrita en estos días en nuestros medios de difusión.

Ha sido un error dialéctico, lo reconozco. Pero ocurre una cosa, y es que aquel argumento que se utilizaba

en mis tiempos de niño para convencer a las masas, aquel viejo argumento, sí. de que el interés de la

Patria es opuesto al interés de los trabajadores, eso, amigos, ya no vale. Después de lo que llevamos visto

en este siglo, está más que claro que sólo pueden repartir riqueza y bienestar las comunidades que los

tienen. Si de verdad buscamos la felicidad de las masas, su elevación cultural, su promoción a una vida

más digna, no queda otro remedio que solidarizarse con la tarea de hacer una sociedad mejor y más

próspera. Más justa, también. Porque resulta que las comunidades en derrota no pueden permitirse

siquiera el lujo de ser justas. Está claro, en fin, que si no sacamos a España adelante entre todos,

arrimando el hombro y superando nuestros problemas, aquí no habrá para el reparto más que calamidades.

Sale de las catacumbas el Partido Comunista Español justamente en los momentos en que España se

encuentra ante la posibilidad de dar el gran salto y convertirse en una sociedad potente, moderna, justa, y

la posibilidad de retroceder veinte años en todos los órdenes. Aquí la gente tiene la ilusión de que la

democracia va a suponer la continuación del progreso. Estamos ante la gran prueba. Si no resulta así,

mala cosa para la democracia. Pues bien: yo invito al Partido Comunista a su plena nacionalización. Es

decir, a sumarse con los hechos y no con las palabras a esta lucha, a esta esperanza de todos.

Le invito a dejarse de acusaciones, de pedir responsabilidades, de buscar fascistas y de cazar brujas. Si

ustedes tienen algo contra el franquismo, a superarlo, a dejar pequeña la transformación social que hizo

Franco, impulsando a los hombres al trabajo y a la concordia, no a la destrucción y al conflicto. Porque

puede suceder que treinta y cinco millones de almas —perdón por salirme de la dialéctica materialista,

una vez más— se sientan perseguidas por unos cuantos inquisidores que van por ahi exhibiendo el título

de no haber colaborado en el resurgimiento español. Ya está bien.

Como unos más. Sin resentimientos y sin complejos. Pero ¿no están viendo cómo los españoles acaban de

abrirles los brazos a todos, a ustedes incluidos? Los españoles, venga a querer la democracia, venga a

votar masivamente la democracia, y ustedes, venga a poner reparos, condiciones y hacer remilgos: «No,

sin amnistía; no, sin que entre éste o el otro; no, sin que nos pongan el sistema electoral que nos gusta; no,

sin que quiten la Secretaria General, con ese yugo y esas flechas que nos resultan antipáticos; no, sin que

nos dejen sacar al aire hoces y martillos, puños en alto por la calle». ¿Piden algo más los señores? ¿No?

Pues nosotros, sí. Que se conviertan ustedes en unos ciudadanos corrientes y normales. Unos ciudadanos

que se alegran cuando se construye una escuela, cuando se fecunda un baldío, cuando se remedio un paro,

cuando gana la selección española de fútbol; caramba, nacionalizarse. Lo peor del mundo, de veras, es un

fascismo sin patria.

Joaquín AGUIRRE BELLVER

 

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