Autor: DIÓGENES. 
   Sí solo es un sarampión     
 
 Pueblo.    14/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

SI SOLO ES UN SARAMPIÓN

CON la legalización del Partido Comunista se entra en la recta final —permítasenos la expresión— de

la libertad en la pluralidad política en el más amplio espectro, posiblemente, de Lo que «se

lleva en Europa», pues los pocos partidos que quedan pueden ser, excepto algunos, presumiblemente

legalizados. Con lo que tendremos una cancha política sin otra limitación que la del Código, es

decir, libertad dentro del orden establecido.

• Por todo ello, hay que considerar las tensiones partidistas también dentro del mismo orden y la

responsabilidad de Ion dirigentes exigible para el control de las manifestaciones públicas, tanto de masas

como de comunicación, de forma que lo que se afirma y firma de forma jurídica, expresa y de

compromiso, sea una realidad en, todos los campos de la manifestación política, de tal manera que no

pueda haber dentro de la legalidad de los partidos grupos incontrolados que asalten otras sedes o exhiban

pancartas y den gritos subversivos, sino que sean separados y claramente señalados para su control

efectivo para garantía del orden público.

• Algunos ejemplos podríamos poner, pero creemos que casi todos los que seguimos el proceso político

español estamos al corriente de estos incidentes. (Y no nos referimos, intencionadamente, al atentado

terrorista, aunque no le excluyamos de este comentario.) Como botón de muestra podemos señalar el

asalto, destrucción y robo que sufrió la sede del P. S. O. E. en Valencia, los gritos de «muera España» en

alguna manifestación o la grosería escrita en una pancarta en los últimos sucesos en torno a Vista Alegre.

• Esto, que puede parecer el sarampión político de unas libertades recién estrenadas, y en urgente carrera,

hacia unas elecciones ya llamadas como las primeras libres, no debe convertirse en el punto de partida de

una dialéctica que traiga otros enfrentamientos.

Naturalmente, la mejor fórmula para combatir esta sombra es la de controlar estos extremismos, que no

creemos que ningún partido en la legalidad tenga interés en mantener. Por eso, considerando que en

breves fechas, y con todo el espectro político español en la legalidad, no quedará excusa para que hechos

de este cariz que señalamos puedan producirse. Pero si se producen, los escasos grupos que se aferren a

esta manera de actuar deberían quedar —repetimos— aislados y, consecuentemente, significados, con lo

que las libertades políticas, tanto de los partidos como de los ciudadanos, no sufrirían menoscabo, y los

autores, enfrentados claramente con la autoridad, con lo cual estos brotes de «mueras» y «anti» quedarían

en un, aunque molesto y condenable, sarampión político, superado clínicamente con las últimas

legalizaciones.

* Ya sabemos que el juego político tiene una, dialéctica que le es propia, de lucha y ataque, pero lo que

queremos señalar es que esa acción —que puede ser hasta dura— es, sin daño de los principios morales y

nacionales, y sin violencia física, ni en las personas ni en las cosas de los demás. Esta violencia podría

convertir el sarampión en epidemia, que nos llevará a donde todo el mundo está diciendo que no quiere.

Esperemos, pues, que sólo sea sarampión controlado por todos. La legalización supone el respeto a las

leyes, y en primer lugar a las constitucionales. Toda libertad arranca de este respeto, sin el cual cualquier

legalización seria como un cheque en blanco.

DIOGENES

 

< Volver