Autor: Arche, Felipe. 
   No a la legalización del P.C.E.     
 
 El Alcázar.    04/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

¡NO! A LA LEGALIZACIÓN DEL P.C.E.

EL colosal lavado de cerebro a que está sometido el pueblo español en terreno político por la mayoría de

los medios de información han sembrado un confusionismo entre la mayoría de los españoles, que poco

bueno se puede esperar como no se haga pronto la claridad.

Son muchos los "cándidos políticos" que defienden con vehemencia la legalización del partido comunista,

no porque sean comunistas, sino porque están convencidos que es la mejor manera para tenerles

controlados y congelado su desarrollo. Quienes así opinan son las víctimas del lavado de cerebro tan

brillantemente patrocinado por los marxistas e izquierdistas demócratas a través de los medios de

información.

Toda la fraseología grandilocuente explicando los beneficios que le reportaría al partido comunista

español la clandestinidad, beneficios que no quieren concederle, es para tomarlo a risa si no se tratase de

problemas muy serios y graves.

Sólo quienes desconocen la perfecta organización y modo operante de los partidos comunistas, con su

gran capacidad de maniobra, pueden tener pensamientos tan ingenuos.

Si el partido comunista español o de cualquier otro país se beneficiase de vivir clandestinamente en la

ilegalidad, no habría un sólo partido legalizado en el mundo. Todos vivirían inmersos en la

clandestinidad, disfrutando de sus beneficios y sin pedir la legalización o rechazándola si se la

propusieran.

Viviendo en la legalidad pueden actuar también en la clandestinidad para realizar todo lo que les

convenga, contando con muchas más probabilidades para defender, en caso necesario, cualquier clase de

responsabilidad contraída por otras realizadas ilegalmente en 1a clandestinidad. Desde la legalidad

pueden optar, en igualdad de condiciones con cualquier otro partido, a actuar por medio de sus afiliados,

en cargos políticos, sociales, sindicales, de la administración etc. Estando en la clandestinidad no pueden

hacerlo como tales comunistas.

No puede negarse el éxito conseguido por los medios de comunicación con su vieja campaña "EN PRO

DEL OLVIDO DEL PASADO" habiendo borrado de la memoria de gran parte de españoles que el

partido comunista, con solo los catorce Diputados a Cortes conseguidos en las elecciones del 16 de

febrero de 1936, logró el control político, económico, social y, hasta militar durante la guerra... de la

segunda República. Unos, creo que los menos fueron convencidos, otros, creo que los más, fueron

vencidos. Les bastó para lograrlo poner en práctica la teoría leninista: "Para las almas, la mentira, para los

cuerpos, la violencia".

Todo lo tienen previsto. Cuando a un partido comunista legalizado le interesa realizar actos ilegales le

basta para llevarlos a cabo con intentar hacerlo en secreto o simular una segregación de un grupo rebelde

que será el encargado de realizarlos.

Miembros del partido comunista español clandestino, amparados en la extraterritorialidad de la

Nunciatura, organizaron el grupo anti-franquista más fuerte de los que formaron la oposición. Todo dio se

llevó a cabo con la más absoluta reserva. Muy pocos sospecharon que las comisiones obreras fueran

comunistas, las creían de acción católica por su origen y por la facilidad para disponer de Iglesias y otros

edificios religiosos para celebrar asambleas, encerronas de protesta o escondite donde ocultarse.

Pero llegó un día que el partido comunista español le convino dar a conocer a la Democracia la racha

sostenida contra el franquismo y fue entonces, precisamente en el Congreso celebrado en Italia, cuando

Camacho confesó ser comunista desde 1935 y el jesuíta, García Salve, también declaró serlo, explicando

además que había otros veinte sacerdotes afiliados como él. No aclaró si entre esos sacerdotes afiliados

había algún obispo auxiliar, arzobispo o cardenal pues las cosas de una parte de nuestra Iglesia suceden

de tal manera que para explicarlas hay que suponer la existencia probable de jerarquías comprometidas.

El día que al partido le convenga nos enteraremos, antes, muy difícil.

El partido comunista sea español o de cualquier otro país es una colectividad que escapa a la acción del

gobierno indígena, por estar siempre bajo la severa obediencia y control de Moscú. ¡Que nadie sea tan

ingenuo como para pretender ni gobernar ni reinar sobre un partido comunista legalizado!.

Lo razonable, el gran servicio que podemos prestar a occidente, será condicionar la legalización del

partido comunista español a que Rusia, China, Cuba y demás países satélites legalicen la pluralidad de

partidos políticos y el sufragio universal, pero mientras en las fuentes del comunismo mantengan la férrea

dictadura comunista es un suicidio facilitar su expansión en el mundo occidental y, en nuestro caso en

España, que es donde más nos interesa evitarlo.

Felipe ARCHE

 

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