Un gran ejemplo     
 
 Arriba.    14/04/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

? UN GRAN EJEMPLO

CREEMOS que toda España, toda su clase política, todas las instituciones sociales, han recibido con

optimismo los acuerdos adoptados por el Consejo Superior del Ejército de Tierra. Como se indica en otro

lugar de este mismo periódico, constituyen una muestra de ejemplaridad a la hora de enjuiciar

determinado acontecimiento político. Es justo que lo resaltemos, porque los tres puntos que nos han sido

facilitados constituyen el gran móvil para que hoy, después de una innegable expectación ante los estados

de ánimo de nuestras Fuerzas Armadas, la situación española pueda ser contemplada como más

desprovista de tensiones y de interrogantes.

Uno de los acuerdos señala lo que era previsible: «cierta repulsa» ante la legalización del Partido

Comunista. El Consejo, de todas formas, antepone a este criterio su patriotismo y lo acepta en función de

su servicio a España. Asistimos, por tanto, a una perfecta delimitación de lo que puede ser convicción

personal, de lo que afecta al Ejército de Tierra como institución que tiene misiones muy altas y muy

concretas en el actual ordenamiento constitucional. No hay, en lo que revelan nuestras informaciones,

desentendimiento de los asuntos que interesan a la seguridad nacional, y ese espíritu se manifiesta

especialmente elocuente en el propósito de defensa de la unidad de la Patria, de la bandera nacional, da la

permanencia de la Corona y del buen nombre y disciplina del Ejército.

Es lícito que aprovechemos la ocasión de esta información para señalar, una vez más, nuestra confianza

en las Fuerzas Armadas que ejemplarmente anteponen a una convicción política su voluntad de servicio.

Otra vez muestran ante el país su capacidad de renuncia y ofrecen la gran lección de saber distinguir el

interés nacional de las creencias. Hay mucho de sacrificio en su gesto para que no nos sintamos

obligados, cuando menos, a hacer un público testimonio de gratitud. Esta gratitud es mayor cuando

estamos convencidos de que el paso de legalizar al Partido Comunista era necesario por realismo y por la

apremiante necesidad de normalizar nuestras relaciones polítiticas, sin necesidad de clandestinidades, y

bajo el amparo de una Corona que desea abiertamente un lugar holgado para cada español en las

instituciones del Estado.

Pero no reflejaríamos claramente nuestra opinión si no dijéramos algo más; si no dijéramos, por ejemplo,

que esa actitud obliga a personas individuales y a fuerzas sociales a un similar entendimiento del

patriotismo y del servicio; que hace falta, en este momento de consolidación de una nueva forma de

Gobierno, que esperanzadamente continúa la labor del período más fructífero de nuestra historia, la

misma capacidad de renuncia por parte de quienes significan o dicen significar algo en la sociedad y la

política española; que los acuerdos del Consejo Superior del Ejército de Tierra no deben quedar

enmarcados en la simple crónica del día, sino servir de guía para el inmediato futuro de nuestra

convivencia.

Nos toca a todos arrimar el hombro en la tarea de hacer posible la democracia y la concordia. El Ejército

abre un camino y señala en qué capítulos de nuestra vida común está indisolublemente unido. A partir de

este hecho, nadie posee un solo argumento para intentar torpedear una obra de gobierno cuyo único fin es

la reconciliación nacional.

Arriba

(Imagen: viñeta).

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