Autor: Apostua, Luis. 
 Jornada española. 
 El primer nubarrón     
 
 Ya.    13/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

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Jornada española

EL PRIMER NUBARRON

DESDE el verano pasado, en que el presidente Suárez tuvo la histórica reunión con los altos jefes de los

tres Ejércitos, no había habido ninguna nube que enturbiara las relaciones entre la Presidencia del

Gobierno y las Fuerzas Armadas. El reconocimiento legal del Partido Comunista parece haber sido el

primer desacuerdo.

En efecto, los rumores señalaban que la dimisión del almirante Pita como ministro de Marina venía

originada por un profundo malestar del mismo ante esa legalización del carrillismo. Pero la noticia de "El

Alcázar" añadiendo en la lisia de dimisionarios al del Aire, teniente general Franco, hacía subir un poco la

temperatura del rumor. Además, el diario añadía que el ministro del Ejercito, teniente general Alvarez.

Arenas, un se pronunciaba porque estaba aquejado de gripe. Pero no afirmaba que dicho ministro no

dimitía. A todo esto hubimos de añadir el precipitado regreso de Canarias del vicepresidente del

Gobierno, teniente general Gutiérrez Mellado, y la celebración de una próxima sesión del Consejo

Superior del Ejército. Es decir, existía en la mezcla de rumores y noticias una fuerte dosis de tensión.

Ahora bien, a primeras horas de la noche de ayer, aunque la tensión y la incertidumbre no habían

desaparecido del todo, había una cierta racionalidad en el planteamiento.

En primer lugar, la dimisión se circunscribía a un gesto personal del almirante Pila; no había una

"solidaridad militar" con los criterios del ministro de Marina. Segundo, la sesión del Consejo Superior del

Ejército tenía un orden del día perfectamente normal

Si las cosas caminan efectivamente por ese camino; no se habrá producido otra cosa que una situación

similar a la del cese del vicepresidente teniente general De Santiago y Díaz de Mendívil, representante

conocido de la tendencia política más conservadora. Los otros altos mandos militares no se sintieron

identificados con él y la reforma pudo proseguir su camino hasta hoy.

No obstante, el principal peligro que nos amena/a no procede de los cuarteles, sino de la calle. Ayer

mismo el Partido Comunista quiso organizar una gran manifestación ante su sede de la calle Peligros. Al

tiempo, partidarios de las formaciones de ultradereeha tenían otra tentativa de manifestación y, por si

faltara poco, había también el propósito de congregarse otras personas ante el palacio de El Pardo.

Luis APOSTUA

 

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