Serenidad y sentido común     
 
 Ya.    14/04/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

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SERENIDAD Y SENTIDO COMUN

LA indignación o el nerviosismo ni constituyen una línea política para países adultos ni con esos

ingredientes se pueden remediar las situaciones que pueden haberlos provocado.

El primer punto para que haya orden en la calle requiere que haya orden en las instituciones. A este

respecto, las Leyes Fundamentales españolas son muy explícitas. En lo referente a la institución militar, el

artículo 37 de la Ley Orgánica del Estado dice que "las Fuerzas Armadas... garantizan la unidad e

independencia de la Patria, la integridad de sus territorios, la seguridad nacional y la defensa del orden

institucional." Dicha ley no dice una sola palabra acerca de los juicios de valor que las medidas normales

de Gobierno puedan merecer por parte de los miembros de las Fuerzas Armadas. Ayer mismo, un teniente

general, don Joaquín GonzálezVidaurreta, explicaba esto muy claramente en "Blanco y Negro". "Sólo

debemos alzarnos al poder—dice—cuando se ponga en peligro el honor de la Patria, la unidad y la

supervivencia." Por lo demás, se desprenda de su explicación la aceptación por parte de las Fuerzas

Armadas de las decisiones del pueblo en cuanto a los problemas de gobierno, con cualquier color que éste

tenga.

LA actualidad de los últimos días viene presidida por las consecuencias de la legalización de los

comunistas. Es lo que ha producido, como decíamos más arriba, indignación y nerviosismo. Sobre ello

hemos expuesto nuestra opinión.

VEAMOS la otra cara de la situación. Quienes continúan oponiéndose a la legalización deberían

empezar por explicarnos cuál es su solución para el problema y si esa solución es compatible con el voto

del pasado referéndum. Esos señores nos deben explicar cómo resuelven el problema de otra manera. Nos

tememos que no tienen respuesta ni solución quizá porque, ocupados en indignarse, no se han tomado la

molestia de reflexionar.

A HORA hemos llegado a la situación preelectoral por mandato del mencionado referéndum. Si no se

celebran esas elecciones prometidas al pueblo español, ¿cabe otra salida que una nueva dictadura? ¿Puede

ser una dictadura la salida normal de un referéndum democrático? Eso sería un absurdo; eso si que sería

la gran ruptura institucional que las Fuerzas Armadas están obligadas a evitar.

El futuro de España pasa por la celebración de las elecciones, in esas elecciones, tal como se presentan y

dada la actitud de las demás fuerzas políticas, es evidente que debe participar el Partido Comunista. Pero

una cosa es ser anticomunista decidido, como lo es este diario, y otra es negarse a ver la realidad, a la que

hemos llegado fundamentalmente por los errores de los diez últimos años del régimen anterior. No se

sacó a su debido tiempo el fruto de la propia Ley Orgánica del Estado y del referéndum de 1966. Siempre

lo dijimos en esta misma página y hoy tenemos que constatar con dolor cómo hemos de pagar aquellos

errores de frenar el desarrollo político de un país. Por favor, salgamos de estas situaciones con sentido

común, que nos lleva a estudiar detenidamente el verdadero fenómeno comunista tal como se presenta en

nuestros días y que es el tema al que dedicamos el siguiente editorial.

 

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