De los cincuenta y siete años de existencia, solo dos ha estado el PCE en el poder     
 
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INFORMACION NACIONAL

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DE LOS CINCUENTA Y SIETE AÑOS DE EXISTENCIA, SOLO DOS HA ESTADO EL PCE EN EL

PODER

La ayuda soviética al bando republicano hizo posible el acceso de los comunistas a los puestos claves

durante la guerra • Durante la persecución, sus cuadros se incrementaron

con intelectuales del interior

En marzo de 1919 se crea en Moscú, dirigida por loa bolcheviques rusos, la Internacional Comunista o III

Internacional. La I Internacional o Asociación Internacional de Trabajadores se había fundado en 1864, y

el propio Marx, además de redactar sus estatutos, habla sido miembro del Consejo General. La II

Internacional (Internacional Obrera Socialista) pe crea en 1889.

La III Internacional, pues, nace con el objetivo concreto de crear en todos los países partidos comunistas,

inspirados en el marxismoleninismo, en la estructura bolchevique y como fruto inmediato de la

revolución rusa de octubre de 1917.

Con la década de los 20 nace el Partido Comunista de España, cuya vida va a ser lánguida durante los

últimos años de la monarquía—dictadura incluida—, y que sólo a finales de la II República y con la

guerra civil va a pasar a un plano de cierta relevancia.

Consolidación del PCE

Ciertamente, los teóricos del comunismo han hablado siempre de te lucha del partido por la libertad y la

democracia. También han reconocido que no siempre las tácticas empleadas para ese objetivo final han

estado en consonancia con él.

Por lo que se refiere al PCE, sus primeros quince años son de vida apenas relevante en su influencia

social. La dictadura de Primo de Rivera hace difícil la vida del partido y la prestancia de los líderes

socialistas —Pablo Iglesias, Largo Caballero—oscurece la presencia del Partido Comunista en la vida

pública. Su influencia ee prácticamente nula.

Es a finales de 1934 cuando —siempre dentro de la línea dura etaliniana—el PCE ee apropia de algunos

hechos—la revolución de Asturias fundamentalmente—que no le corresponden y los capitaliza. Lleva una

actividad algo más relevante durante el año y medio que falta para la guerra civil, y en 1936, siguiendo su

estrategia de siempre, vuelve a capitalizar un hecho definitivo en la historia de loe meses inmediatos: la

unión de las fuerzas de izquierda en el Frente Popular (estamos en febrero de 1936), obra fundamental de

los republicanos y los socialistas. Según Ricardo de la Cierva, el paso de Santiago Carrillo con las

Juventudes del PSOE al Partido Comunista se produjo esa misma primavera —no en otoño, como ha

dicho el propio Carrillo—, y esta inyección supone un paso muy importante en la consolidación del PCE,

que hasta entonces no había tenido influencia especial en la vida de España, si no es en la preparación del

clima revolucionario.

Su importancia en la guerra

La dependencia del bando republicano de la Unión Soviética durante la guerra hace que el PCE, de total

obediencia a Moscú, adquiera un papel preponderante. De hecho, desde octubre de 1936 hasta el final de

la contienda, el Partido está representado en los sucesivos gobiernos republicanos. Al mismo tiempo se

hacen cargo de los puestos clave en el Ejército y controlan las intervenciones bélicas de )as brigadas

internacionales, en las que tiene representación nutrida el comunismo europeo.

La derrota provoca la dispersión, primero por abandono y huida de los principales líderes comunistas—

junto con su aliado Negrín—veinte días antes de la rendición del ejército republicano y después por la

diaspora que impone el exilio. Previamente —explica De la Cierva—el Partido Comunista ha sido

expulsado por Julián Besteiro del Frente Popular.

Período de reagrupamiento

Los dos años siguientes a la guerra civil, que coinciden con el pacto germano-soviético, el PCE apenas

tiene configuración como tal partido. Sin la abierta protección de Moscú, lo único que tienen es su

condición de vencidos, a lo cual hay que añadir la hostilidad del socialismo, duramente golpeado por los

comunistas cuando estaban en el poder.

Ya en 1944, en la Francia del sur liberada, comienzan a reagruparee y a preparar la estrategia de

penetración en España, sin que nunca llegaran a ser un verdadero peligro para el régimen de Franco, al

carecer de apoyo en los pueblos españoles. Cuando en 1949 declina la era estalinista y el régimen español

ha conseguido desembarazarse de los "tábanos" del maquis, el Partido Comunista Español cambia de

táctica y lanza la doctrina de su voluntad reconciliadora: Por entonces, Santiago Carrillo se encuentra ya

confirmado como líder del Partido. Su doctrina de reconciliación nacional forma parte de una táctica, tal

como evidencian sus propias declaraciones—bélicas por encima de cualquier otra consideración— y los

propios documentos de los congresos celebrados fuera del territorio nacional.

El régimen de Franco sigue obstinadamente haciendo del comunismo— y la masonería — su enemigo

capital. De alguna manera, la fuerza y la importancia del Partido vienen magnificadas por la persecución

implacable a cargo de la Policía española. Este sentido de "martirio" le abre las puertas en los sectores

más idealistas de la juventud; la Universidad y algunos grupos eclesiásticos, el mundo del arte y un

campesinado irredento, son campos abonados para la infiltración. El Partido entra en una fase dé

ideologización profunda y por primera vez en su historia cuenta ya con cuadros intelectuales dentro del

país, que le dan una imagen muy distinta de los revolucionarios de la primera época.

La decrepitud del régimen y las naturales flaquezas que la acompañan son magníficamente aprovechadas

por los dirigentes del Partido, que a su vez van marcando un mayor distanciamiento —sin romper el

cordón umbilical propio de una Internacional—de Moscú. Algunas de las tesis marxistas caen—y su

muerte es aceptada teóricamente—en aras del desarrollo del pueblo español. Hoy, sus teóricos aceptan la

muerte de la dictadura del proletariado por la sencilla razón de que el proletariado mismo ha fenecido.

De ahí a presentar sus credenciales como partido de orden, fiel al objetivo de la democracia como meta,

no hay más que un paso. Ese paso se ha dado ya y ha hecho posible la, presentación de un programa

aséptico legalmente que ha permitido su legalización.

 

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