Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Otra vez Carrillo     
 
 ABC.    14/08/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

SABADO 14 DE AGOSTO DE 1976 PAG. 5.

APUNTE POLITICO

OTRA VEZ CARRILLO

Por José Marta RUIZ GALLARDON

Yo no sé a qué espera Roma para iniciar el proceso de beatificación de Santiago Carrillo. Tan conocido e

ilustre defensor de la fe nos decía ayer, desde las páginas de «El País», que en su partido, el Partido

Comunista Español, «hay una importante representación cristiana». Y añadía: «Creo que es el único

partido que tiene un sacerdote en el Comité Central.»

No; si ahora va a resultar que el Partido Comunista es católico a machamartillo, y su doctrina —su «fe»

como dice su secretario general—, capaz de hacer milagros. ¿Qué hubo doce mil sacerdotes asesinados

por los amigos de Carrillo durante nuestra guerra? ¡Ah! ¡Eso no cuenta!

Ocurre con esto como con el tema del liberalismo y democratismo del propio Partido Comunista. Son más

liberales que Madariaga y más demócratas que los atenienses.

Lo malo es que ellos, que toman sus decisiones aquí en España y para España, siguen teniendo a La

Pasionaria como presidente del partido. Y doña Dolores Ibarruri dijo no hace mucho tiempo: «Con

orgullo proclamamos nuestra condición de comunistas, de miembros del Partido Comunista de España,

que se esfuerza por aprender en el ejemplo revolucionario del Partido Comunista de la Unión Soviética y

que lucha por establecer el comunismo en nuestro país.»

Yo sigo creyendo, con el antes citado don Salvador de Madariaga, que el Partido Comunista es

absolutismo, burocracia omnipotente arriba; obediencia rencorosa abajo; clase obrera sin derechos;

intelectuales sin selección de libros, sin periódicos, sin libertad de opinión; campesinos sin tierra. Siberia,

para los disidentes. Todo igual, pero peor.»

Esto es asi aunque «El País» dedique ocho columnas, ocho, para que el hijo de don Wenceslao Carrillo

nos explique «sus razones». No todas. Porque, por ejemplo, omite las que tuvo el padre de don Santiago

para escribir a éste una famosísima carta cuando aquello de su traición al Partido Socialista.—J. M. R. G.

 

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