Autor: Abascal Gasset, Federico. 
   Un prisonero incomodo     
 
 La Vanguardia.    26/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LO QUE AMANECE

UN PRISIONERO INCOMODO

Madrid, 24. (´La Vanguardia´.) — La detención y ulterior procesamiento de Santiago Carrillo ha

puesto automáticamente en marcha el aparato de la jurisdicción especial de Orden Público,

cuya tarea va a limitarse en el fondo a descubrir el posible delito cometido por las más altas

jerarquías del P.C.E ¿Asociación ilicita, indocumentación o falta de documentación preceptiva,

servicio a unos Intereses políticos extranacionales? El asunto equivale, al descorcho

espectacular, con ruidoso taponazo, de la botella que albergaba discretamente el problema

comunista. El señor Carrillo ha dejado de ser un fantasma corporeizado en las calles

madrileñas, para convertirse en un preso de la penitenciaria de Carabanchel, mientras la

comisión negociadora de la oposición democrática —cuyos dos "Carteros" penetraron ayer

oficialmente en el despacho del presidente Suárez— pierde, en una sola tacada policial, al

representante oficial y al suplente del P.C.E., Cerrillo y Sánchez Montero.

Nadie ignora que el Gobierno siente una indisimulada preocupación y estudia —mientras

declara qua el asunto está en manos de la ley— inmediatas soluciones posibles: libertad bajo

fianza o situación en que vive López Raimundo, libertad condicional, extrañamiento temporal

"pactado»... El deterioro de la convivencia nacional, al menos en Madrid, es palpable y exige ya

una resolución urgente. Las calles del centro de Madrid se convirtieron ayer —en torno a la

Puerta del Sol, contundentemente defendida por brigadas antidisturbio del asalto pacifico del

P.C.E.— en una extraña ceremonia de humo, carreras, golpes, gritos, banderas, pancartas,

detenciones, guardias, manifestantes...

A la misma hora, y en Presidencia, los señores Tierno y Pujol se entrevistaban con don Adolfo

Suárez, y exponían ante el presidente la honda inquietud que el tema Carrillo despertaba en la

comisión negociadora. Se trataba, al fin y al cabo, de intercambiar inquietudes o de medirlas

para ver cuál de las dos, la del presidente o la de la oposición, era más grande.

Don Adolfo Suárez comparte, al parecer, todas las reivindicaciones que le plantearon anoche

los señores Tierno y Pujol, aunque se mueva, por razones obvias, dentro de difíciles

limitaciones ante el asunto del Partido Comunista. Un asunto que ya no es exclusivamente

dogmático e ideológico sino, por encima de todo, económico y político. La economía va mal,

como aseguraron la víspera cinco ilustres expertos en un manifiesto alarmante. Para resolver el

problema es necesario un programa económico, y éste no puede realizarse sin un previo pacto

social. Y del pacto social, por supuesto, no puede erradicarse al P.C.E., una fuerza capaz de

convertir los alrededores de la Puerta del Sol en una batalla alucinante, mientras su paso por

las urnas sería posiblemente muy poco perceptible. — Federico ABASCAL GASSET.

 

< Volver