Los nervios del Kremlin     
 
 Diario 16.    02/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Los nervios del Kremlin

La irritada condena de Carrillo y del eurocomunismo por los soviéticos está lejos de ser una mera querella

ideológica. Como en los casos del nacionalcomunisino de Tito, después de la segunda guerra mundial y

del maoísmo más tarde, los argumentos doctrinales en los que se intenta fundamentar el anatema no

logran disimular una inquietud de índole política e incluso geopolítica.

Cuando Togliatti, por ejemplo, lanza la tesis del "policentrismo" y de las diferentes "vías" hacia el

socialismo, la Unión Soviética, en el contexto de su propio proceso de desestalinización, no encuentra

motivo para echar mano de su artillería pesada ideológica. A pesar de estas incipientes teorías, nadie

discutía en el movimiento comunista el gran dogma del "internacionalismo proletario" ni el carácter

modélico de "la gran patria del socialismo". Y los tanques soviéticos en Budapest sirven para demostrar,

en 1956, la "última ratio" del comunismo soviético.

En las presentes circunstancias el panorama es radicalmente diferente. El gran imperio, mitad ideológico,

mitad geopolítico, que la Unión Soviética consiguió formar después de 1945 ha perdido su estabilidad y

está trabajando por poderosas corrientes internas que ponen en peligro su equilibrio y anuncian la ruptura

del consensus en que se basaba la unidad del enorme conjunto. Tanto la Unión Soviética como los

Estados de su órbita, están viviendo un acelerado despertar que va a dejar atrás irremediablemente el

conformismo y la aceptación acrítica del sistema establecido y que prefigura la aparición de un nuevo

pluralismo. Lo de menos son los gestos a lo Sajarov, de poco impacto en aquella opinión pública, sino el

deseo sentido por las grandes masas del imperio soviético de disfrutar de las libertades cotidianas y de las

ventajas materiales que hasta ahora les han sido vedadas. El italiano Scalfari afirma que se está

descongelando un enorme hielo y no existen canales para recoger las aguas.

En este contexto el eurocomunismo es considerado por los soviéticos, como decía hace unos días el

"International Heral Tribune", como un virus más peligroso que las bombas de la OTAN. De ahí su

condena apresurada, reiterada y nerviosa que debe ser vista como un desesperado intento de evitar el

cuarteamiento definitivo del imperio. El eurocomunismo vendría a ser un intento de esa convergencia de

los dos grandes sistemas tan pregonada por algunos pensadores. Una síntesis con elementos, como todas,

de la tesis y de la antítesis, pero, como mostraría el caso de Carrillo, con todos los elementos básicos del

componente democrático. Unos comunistas decididos a descubrir la democracia y aceptando las

libertades y el turno en el poder serían el final de la ilusión totalitaria soviética.

En el momento presente, sin embargo, resulta prematura cualquier previsión. Es mucho lo que han de

avanzar todavía en el proceso emprendido los partidos eurocomunistas. Todavía no han llegado al punto

de no retorno que impida involuciones sovietizantes de raíz edipiana.

 

< Volver