Autor: Tamames, Ramón. 
   España en la senda europea     
 
 Hoja del Lunes.    01/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 22. 

PAGINA 16 — 1 de agosto de 1977

LOS GRANDES TEMAS ECONÓMICOS EN HOJA DEL LUNES

ESPAÑA, EN LA SENDA EUROPEA

Por Ramón TAMAMES

Catedrático de Estructura Económica de la Universidad Autónoma de Madrid y técnico comercial del

Estado en excedencia voluntaria, Ramón Tamames analiza hoy la bases de negociación de nuestro país

con Comunidad Europea en esta serie de HOJA DEL LUNES en que los expertos divulgan los grandes

temas económicos. El profesor Tamames, autor de diversos libros entre los que destacan "Estructura

económica de Europa", "La República, y la era de Franco", "La lucha contra los monopolios",

"Introducción a la economía española" y "Estructura Económica Internacional", es diputado al congreso

por Madrid y miembro del Comité. Ejecutivo del Partido Comunista de España.

Otros trabajos de esta serie han estado a cargo de Nemesio Fernández-Cuesta, Enrique Fuentes Quintana,

Julio Alcaide Inchausti y Juan Velarde Fuertes.

EN la semana que terminó ayer, el ministro español de Asuntos Exteriores entregó en Bruselas la

solicitud formal de adhesión de nuestro país a las Comunidades Europeas. Hace más de quince años, en

1962, el señor Castiella, por entonces titular de nuestras relaciones internacionales, había formulado una

petición análoga a largo plazo—asociación para llegar a la plena integración—que no fue tenida en

cuenta, al no reunir el Estado español del franquismo las condiciones políticas que implícitamente exigía

el Tratado de Roma, tanto para la adhesión como para la asociación a la Comunidad Económica Europea

(CEE), a lo que coloquialmente todo el mundo llama Mercado Común.

Precisamente por esas objeciones de naturaleza política, lo más que pudo conseguir la España del anterior

régimen en sus relaciones europeas fue el Acuerdo Preferencial de 1970 con la "Europa de los Seis", que

no logró desbordar el área de unas meras concesiones comerciales recíprocas. Por ello mismo, unos días

antes de que el señor Oreja presentara la nueva solicitud de adhesión, la CEE y España procedieron

también en Bruselas a un intercambio de cartas para ampliar el Acuerdo de 1970 a los tres nuevos Estados

miembros de las Comunidades (Reino Unido, Dinamarca e Irlanda), es decir, para la extensión de ese

convenio a los tres países que desde el 1 de julio de 1977 ya se encuentran plenamente integrados con los

seis socios fundadores de la CEE (Francia, Italia, Alemania Federal y los tres del Benelux). Al margen de

algunos aspectos criticables de esa ampliación del Acuerdo de 1970, lo cierto es que con ella se facilita el

camino a la futura adhesión de España a las Comunidades, puesto que ya no habrá ninguna diferencia de

trato entre nuestro país y los nueve Estados comunitarios.

* * *

"¿Y cómo se le explica a la gente que conviene ingresar en las Comunidades Europeas?", me preguntaban

hace unos días dos compañeros periodistas. No es difícil de responder.

Primero de todo, el nuestro es un país básicamente europeísta. Más o menos, todos nos sentimos

europeos, y un referéndum sobre nuestra integración en las Comunidades es seguro que dará en su día —

porque ciertamente una decisión de este porte exigirá un referéndum—un resultado abrumadoramente

favorable al sí; desde luego, a poco que los términos del proceso integratorio previsto sean razonables,

como cabe suponer que lo serán, la gente en España es hoy europeísta sin necesidad de grandes

razonamientos, por intuición. Y en el fondo esa intuición no es otra cosa que un vasto conjunto de

argumentos, no plenamente racionalizados externamente, pero sí interconectados dentro del cerebro de

cada uno.

Pero además de esa intuición que nos da una primera pauta, muy importante, sobre lo que nos conviene o

no nos conviene, existen muchas razones, explícitas y explicables, para pensar que la integración de

España será muy positiva a los intereses generales de los españoles.

Trataré de resumir algunas de las aludidas razones para después dedicar la tercera parte de este artículo a

exponer el método de la Integración:

1.º Ante todo, la integración supondrá que más de un millón de españoles emigrados, residentes hoy en

los nueve países comunitarios, pasarán a ser ciudadanos europeos, con plenos derechos civiles, políticos y

sociales, de los cuales hoy carecen, o en los que abiertamente son discriminados. Yo creo que esta faceta

de la futura negociación CEE-España es absolutamente prioritaria, y que habría de llegarse a un acuerdo

operativo lo antes posible.

2.º Los pesqueros españoles podrán faenar dentro de las 200 millas dé las aguas comunitarias, poniéndose

término así a la actual situación dramática, cuyas graves dificultades no acaban sino de empezar. A mi

juicio, éste es un problema también urgente, y sin necesidad que se ultime el acuerdo general de

integración, sería preciso que España y la CEE se concedieran a la mayor brevedad—aunque sea de forma

provisional—el trato comunitario recíproco en sus respectivas 200 millas de aguas pesqueras.

3.º Pero aparte de mejoras tan concretas y urgentes como las que están necesitando nuestros trabajadores

emigrados o el angustiado sector pesquero, desde un enfoque más amplio, la integración significará la

modernización general del sistema económico español. Un indicador resume lo que eso puede

representar: Actualmente, el nivel global de productividad de nuestra economía por individuo activo no

llega al 50 por 100 del promedio de los nueve países de las Comunidades. Hay, pues, un amplio margen,

tonto en la agricultura como en la industria y en los servicios; y esa distancia habremos de cubrirla a lo

largo del período transitorio de la integración—a él me refiero después— de forma que en no más de

ocho o diez años los niveles de productividad se hagan sensiblemente comparables. Ello significará,

naturalmente, un gran esfuerzo, pero también comportará un gran progreso. En definitiva, la integración

significa—cuando se hace conforme a un pacto entre países soberanos, y no por la imposición

hegemónica—que los menos desarrollados tienden a alinearse a los niveles de mayor eficiencia y de

mayor justicia social de los más desarrollados, tanto en lo relativo al sistema productivo de bienes y

servicios como en lo concerniente a las instituciones. Nadie pensaría en integrarse para empezar las

condiciones y e1 nivel de vida, para tener un sistema fiscal más regresivo, o una seguridad social con

menos prestaciones y peor administrada, o una organización educativa menos igualitaria...

4.º Por lo demás, la integración de España en las Comunidades no significará un freno al proceso de,

regionalización que nuestro país necesita. Más bien al contrario.

La experiencia europea muestra claramente una aceleración de las aspiraciones—y de las realizaciones—

descentralizadoras en el Reino Unido (Escocia, Gales, norte de Irlanda), en Italia (regiones autónomas),

en Francia (la incipiente regionalización de Pompidou, que habrá de ensancharse), además de la plena

consolidación del federalismo germano-occidental. Por otro lado, dentro de ese marco de regionalismo

europeo—que es perfectamente compatible con el gran mercado y la libre circulación de trabajadores—,

está surgiendo una política de solidaridad, de apoyo a las regiones menos avanzadas. De ella, el Fondo

Europeo de Desarrollo Regional es un modesto pero significativo primer atisbo.

5.° Otra expectativa, a largo plazo, de la integración europea, se cifra en la posibilidad de elaborar una

política común frente a las empresas multinacionales (EMN), que son mayoritariamente norteamericanas

o japonesas, así como en lo que respecta a la ciencia y la tecnología, que en gran parte se hallan bajo

control de esas mismas EMN. A mí me ofrece muy pocas dudas la idea de que entre nosotros la única

forma racional de contrapesar los efectos negativos de las EMN vendrá de la política supranacional de la

Europa que ya está en el camino del federalismo, de ese federalismo que empezará a configurarse a partir

de la elección directa y por sufragio universal del Parlamento Europeo, en mayo de 1978, es decir, dentro

de sólo diez meses.

6.º Por lo demás, habría otras razones para estar por la integración europea de España. Mencionaré dos

adicionales, de forma semitelegráfica: Que la dinámica de la integración no va contra el futuro socialismo

europeo (tema a desarrollar en amplitud), y que la integración pondrá fin al aislamiento secular de

España, contribuyendo así poderosamente a recuperar el atraso—también de mucho tiempo—en multitud

de manifestaciones. Como decía Cajal, en frase que hoy sigue teniendo virtualidad, la principal razón del

atraso de España fue su aislamiento, su apartamiento durante muchas décadas de las grandes corrientes de

la ciencia, de la cultura e incluso de las luchas políticas del resto de Europa.

* * *

Y para terminar, unas pocas líneas sobre el método de la integración. En este área, no hay grandes

descubrimientos a hacer, pues el cauce general del proceso a seguir se halla claramente planteado en el

Tratado de Roma de 1957, y en los convenios de 1973 de adhesión de los tres nuevos Estados miembros a

la CEE.

Para minimizar el coste social, la integración CEE-España habrá de ser un proceso planificado mediante

un calendario de ocho a diez años, en el que quedará definido claramente el período transitorio, a lo largo

del cual, año a año, se llevará a cabo la libre circulación de mercancías. Ello exigiría una unión aduanera

gradual, con el progresivo desarme arancelario recíproco, y la adaptación del arancel español al de las

Comunidades.

La libre circulación de mercancías requerirá, naturalmente, normas especiales para el mercado común

agrícola, y habrá de simultanearse con la libre circulación —también progresiva—de los factores de

producción (trabajo, capitales, servicios) y con el derecho de libre establecimiento para los profesionales,

los comerciantes y los ciudadanos en general. De este modo, al final del proceso integratorio los

españoles podremos movernos en el área de las Comunidades sin restricciones de la misma manera en

que hoy lo hacemos dentro de nuestras fronteras nacionales.

Todo el proceso de la Integración CEE-España se regirá por el calendario—o mejor, por él conjunto de

calendarios y criterios para su desarrollo ulterior—que habrá de incluirse en el Tratado de Adhesión. Ese

futuro Tratado habrá de comprender igualmente:

— Una cláusula de aceleración para actuar más rápidamente—adelantando en los calendarios—si el

proceso integratorio se ve favorecido por la coyuntura.

— Una cláusula de escape, para prevenir posibles dificultades, así como los reajustes a introducir de

común acuerdo para superarlos.

— La participación de España en las instituciones comunitarias, a fin de tener voz y voto en la

elaboración de las políticas comunes.

* * *

Desde luego podríamos haber entrado en muchos otros pormenores del tema y de la futura negociación,

pero creo que las grandes cuestiones iniciales de la integración CEE-España son las que he tratado de

reseñar. Sobre los detalles, tiempo habrá en los meses próximos, tras la aceptación inicial que de parte de

las Comunidades cabe esperar en respuesta a la solicitud de ingreso de España como nuevo Estado

miembro comunitario.

 

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