Autor: Armero, José Mario. 
   Eurocomunismo y política española exterior     
 
 ABC.    03/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC. SÁBADO, 3 DE SEPTIEMBRE DE 1977.

EURCCOMUNISMO Y POLÍTICA EXTERIOR ESPAÑOLA

Entre las ilusiones que ha de despertar el nuevo Régimen español instaurado por la Monarquía, creo que

figurará, muy en primer lugar, la posibilidad de que España tenga una política exterior nacional y, en lo

posible, propia. Quiero decir una política que dependa de los intereses nacionales —y una política propia

hasta donde pueda, independiente del juego de las superpotencias.

Y pienso que hay un ingrediente que quizá pueda ayudar a esa política exterior nuestra. Un ingrediente

polémico, discutidísimo, pero original, y que ya se ha puesto sobre el tapete mundial. Me refiero al

eurocomunismo. Ante los planteamientos formulados por el secretario general del Partido Comunista de

España, Santiago Carrillo, en distintas declaraciones y especialmente en su libro «Eurocomunismo y

Estado», y las duras reacciones de la U. R. S. S. en la revista «Tiempos Nuevos» y otras manifestaciones,

el fenómeno eurocomunista ha tomado unas dimensiones de gran importancia. Y pienso que el Gobierno

español, y especialmente su ministro de Asuntos Exteriores, ha de estudiarlo con frialdad, con

objetividad, sin prejuicios condenatorios y apriorísticos por el hecho de que procede precisamente del

Partido Comunista de España. Esa misma objetividad es la que pido para mí, como autor de este artículo,

con el que pretendo limitarme a decir, prácticamente, que la aparición del eurocomunismo, como un

fenómeno en gran parte español, es algo que merece un detenido estudio y que tal vez pueda ser un

elemento integrante de una política nacional española de cara al exterior. Estamos ante una doctrina que

es favorable a la Europa occidental en la que vivimos, que es realista, y que contempla una Europa de las

patrias más que una hoy utópica integración a través de un rápido y directo proceso.

El eurocomunismo habla de democracia, de pluralismo de partidos, de independiencia respecto a

directrices y consignas emanadas de Moscú. La reacción del Kremlin ante el eurocomunismo permite

adelantar el temor de los dirigentes soviéticos a este tipo de doctrinas, que muy bien podrían provocar la

diáspora de los países del Este de Europa al ofrecerles una personalidad propia, definida, sin renunciar a

sus básicos principios filosóficos. Respecto a España, significa una doctrina que acepta nuestra

integración en el Mercado Común. Respecto a Europa, pretende una fuerza militar europea y una política

propia en sus relaciones con los Estados Unidos, incluso en asuntos de defensa. Estamos,

verdaderamente, ante un fenómeno singular y de gran relieve que, enérgicamente rechazado por la U. R.

S. S., está mereciendo el máximo interés por parte de los Estados Unidos y de los países de Europa

occidental.

Creo que nuestros responsables políticos tienen que hacer un esfuerzo para estudiar, con pragmatismo y

objetividad, esta idea de grandes posibilidades que, desde que tenemos democracia, ha sido la única que

ha sido presentada con vistas a una estrategia exterior de España y que, tal vez, España pudiera conseguir

que se convirtiese en un eslabón de una política exterior europea. No se trata, naturalmente, de asumir con

algún énfasis esa idea defendida por un grupo minoritario español, pero sí de aprovecharla en nuestra

estrategia internacional. Porque se ha demostrado genuina, agresiva, viable y capaz de hacer converger

sobre sus planteamientos la máxima atención al Este y al Oeste, sobre todo después de la actitud,

decisiva, del secretario general del Partido Comunista de España.

Tal vez se inicia desde España una nueva forma de detente, un paso más avanzado que el llamado de la

«Vodka Kola», el mundo de los grandes acuerdos comerciales entre el Este y el Oeste.

En cualquier caso, la valoración del fenómeno eurocomunista por parte de nuestro Gobierno debe

efectuarse de forma desapasionada y sin reticencias de principio. En política hay que intentar aprovechar

todo lo que pueda ser susceptible de aventajada baza para ocupar posiciones sólidas.—J. M. A.

Por José Mario ARMERO

 

< Volver