Autor: Carrillo Solares, Santiago. 
   «Si, hay una crisis»     
 
 Pueblo.    13/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

• «SI, HAY UNA CRISIS»

Santiago Carrillo escribe en «Mundo Obrero»:

«Fundar un nuevo sistema político democrático después de casi cuarenta años de dictadura, máxime con

un aparato de Estado que no se ha reformado, es labor que demanda imperiosamente un amplio asiento

social y nacional.

Y resulta que esta tarea la está asumiendo sólo un Gobierno monocolor, minoritario en las Cortes y más

minoritario aún en el país, en el que se han fusionado reformistas y una parte de la oposición

antifranquista anterior. Es decir, un Gobierno que no tiene ese amplio asiento social y nacional

imprescindible y que además está cruzado por una contradicción que puede transformarse en fisura a

medida que la situación se complique.

He ahí la primera razón de fondo de esa crisis latente que el país percibe y de la que la Prensa se hace eco.

Por consiguiente, la fundación de un nuevo sistema político democrático, aquí y ahora, exige una

corresponsabilización de todas las fuerzas que tienen un peso en el país. Y esa corresponsabilización, para

ser real, tiene que realizarse a nivel de Gobierno.

Cierto, eso sobre la base de un programa previo, concertado en la claridad, que no puede ser

exclusivamente el de un partido político, sino resultado de una transacción, de un compromiso.

Pero esta exigencia es aún más apremiante si tenemos en cuenta que no sólo estamos ante la fundación de

un nuevo sistema político, sino en medio de una crisis económica muy grave, que empieza ya a ser

insoportable para ciertos sectores de la clase obrera, agobiados por el paro y por la carestía, para amplios

sectores campesinos y de la pequeña y mediana empresa, abocados a la ruina, para multitud de

pensionados y pequeños cuentacorrentistas; una crisis que conturba a sectores burgueses, que no ven su

salida.

Y no es posible ignorar que los enemigos del cambio político, poco numerosos, pero bien instalados,

pueden utilizar el amplio descontento para hacer fracasar aquél, y de hecho ya comienzan a actuar en ese

sentido.

Una crisis económica de la magnitud actual puede conducirnos a una involución política si no la hacemos

frente con un programa de profundidad, basado en un amplio consenso.

La solución de una crisis así exige sacrificios, pero no en sentido único. Y el Gobierno monocolor tiene

una clara connotación: en él están hombres de la Banca y del empresariado, pero no figuran los

representantes de los trabajadores.

Ese Gobierno no puede lograr la confianza de los trabajadores; no puede crear, por consiguiente, la

atmósfera de confianza indispensable para hacer frente a la crisis.

Aquí, si no arrimamos todos el hombro, si no nos esforzamos en sobrepasar el surrealismo, que en

política es siempre peligroso, lo que se desacreditará no es sólo un partido, es todo el incipiente andamiaje

de la democracia. Ya prolifera una crítica, muchas veces irresponsable, que quizá sin proponérselo, puede

favorecer ese peligro.

Y los beneficiados serán sólo por un momento, porque la catástrofe les arrastrará a ellos también, los

insensatos defensores de una involución.

En España hace falta hoy, para fundar el nuevo sistema político, para afrontar la crisis, un Gobierno

fuerte. Fuerte no por su Policía, por sus inclinaciones represivas, por su capacidad de violencia. Fuerte

por la confianza que inspire a la mayoría de los españoles, y el apoyo que logre de ellos.

Ese Gobierno tiene que ser pluralista. El pluralismo presupone diferencias, la necesidad de arreglos y

concesiones mutuas, la capacidad de negociación y acuerdo. Hay quien piensa que ese pluralismo entraña

debilidad, cuando la verdad es que ése es el único manantial de fuerza que puede otorgar hoy a un

Gobierno la posibilidad de gobernar efectivamente.

Y sin la presencia de los trabajadores en él no será posible tal Gobierno.»

 

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