Autor: Checa, Antonio. 
   Carrillo y el eurocomunismo, centro de todas polémicas     
 
 Informaciones.    04/11/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Carrillo y el eurocomunismo, centro de todas las polémicas

Por Antonio CHECA

Afínales del mes de junio un artículo en «Tiempos Nuevos», portavoz oficioso del Ministerio de Asuntos

Exteriores de la U.R.S.S. y revista que se edita en numerosos idiomas, lanzaba un durísimo ataque a

Santiago Carrillo y con él al eurocomunismo. Desde la óptica de Moscú, el momento era idóneo, recientes

unas elecciones en las que, aparentemente, el P.C.E. había obtenido un porcentaje de votos inferior al

previsto. El ataque tenía, por lo demás, algunos precedentes, como la violenta reacción de «Vida del

partido», otra publicación soviética, al informe sobre política internacional del P.C.E., presentado en

septiembre de 1973 al Comité Central por M. Azcárate.

En los últimos meses, el eurocomunismo se ha erigido en centro de polémicas, y el señor Carrillo es uno

de los líderes de partido que más curiosidad despiertan en el mundo occidental, desde Estados Unidos a

Grecia, pasando por Venezuela o Gran Bretaña. Al mismo tiempo, el eurocomunismo divide a los

partidos comunistas occidentales. Un caso sumamente ilustrativo es el de Grecia, donde a las próximas

elecciones concurrirán dos partidos comunistas, prosoviético uno y nacionalista y eurocomunista el otro.

Aunque los grandes partidos comunistas europeos se afirman —con la excepción del portugués—

seguidores de la línea eurocomunista, se advierten importantes diferencias. Berlinguer, líder del P.C.I.,

sabe nadar y guardar la ropa, como se ha evidenciado esta semana en Moscú; más ambigua es incluso la

línea del P.C.P., y muchos observadores ven la mano de Moscú en la actitud de los comunistas franceses,

principales culpables de la ruptura de la unión de la izquierda precisamente cuando más al alcance de la

mano tenían el Poder. Carrillo, a través de obras como «Eurocomunismo y Estado», uno de los libros

políticos más vendidos en toda Europa este año, se configura como el principal teórico, o al menos el más

avanzado, del eurocomunismo.

IDEAS

Varias ideas centra el eurocomunismo: el abandono de la dictadura del proletariado como objetivo; la

superación del centralismo; el respeto por la democracia y la afirmación de la libertad y la afirmación,

asimismo, de que la U.R.S.S. no es un Estado democrático, por lo que deja de constituirse en modelo

único; finalmente, y como consecuencia de todo ello, la afirmación de que cada partido comunista debe

buscar una vía propia al Poder, sin disciplina internacionalista.

El eurocomunismo defiende el «marxismo sin dictadura», compatible con el pluripartidismo, y se define

como la adaptación del marxismo a las circunstancias de países de capitalismo avanzado y de madurez

democrática.

Uno de los puntos claves del eurocomunismo es su proclamado respeto a la alternancia del Poder. Es

decir, que la llegada de un partido comunista al Gobierno no tenga carácter irreversible.

CARRILLO

El dirigente del P.C.E., Santiago Carrillo, ha ido normalmente más lejos que sus colegas francés e italiano

en la condena de la falta de respeto a los derechos humanos en la U.R.S.S. Con ocasión de la «cumbre»

eurocomunista del pasado mes de marzo, se esperaba del comunicado final una censura a la falta de

libertades en el Este; no la hubo, pero Carrillo haría declaraciones en las que esa condena quedaba clara.

El francés Marcháis se justificaría diciendo que «tres partidos comunistas reunidos no tienen derecho a

emitir juicios colectivos sobre ningún otro partido comunista en concreto». Poco después, en

«Eurocomunismo y Estado», Carrillo haría mucho más clara su condena de la U.R.S.S.

En su polémica con los ortodoxos del Kremlin, Carrillo ha recibido apoyos inequívocos de partidos como

el comunista sueco, el Partido Comunista del Japón, el belga, el griego «del interior», todos ellos con

representación parlamentaria, y de otros menores, como el británico. Se ha visto apoyado más

discretamente por Yugoslavia y Corea del Norte, pero aparte de Moscú, ha sido condenado por Pekín,

para quien el P.C.E. ya no es un partido comunista.

El Partido Comunista Italiano ha venido realizando una labor de «intermediario» entre la U.R.S.S. y el

P.C.E., sin mucho éxito, por lo que se ve. Hundir a Carrillo sería en estos momentos la mejor forma de

frenar el auge del eurocomunismo, que se sabe tiene importantes partidarios, incluso en partidos muy

sumisos a Moscú, como el que lidera Alvaro Cunhal. El Partido Comunista Francés, preciso es destacarlo,

aunque «euro» desde hace casi dos años, se muestra muy cauto, y «L´Humanité», por ejemplo, hizo

filigranas hace meses para escabullir su postura en la polémica iniciada por «Tiempos Nuevos».

Y mientras personas tan distintas como Henry Kissinger y Francois Mitterrand afirman que «El

eurocomunismo no existe», y líderes como Mario Soares lamentan no tener a su izquierda a un partido

eurocomunista, Carrillo se ve nuevamente rechazado por la U.R.S.S., pocos días después de que el

director de «Pravda», con ocasión de su visita a Madrid para asistir a la fiesta del P.C.E., afirmara que

«Los comunistas españoles son nuestros mejores amigos» y que «el eurocomunismo no existe, es un

invento de Brzezinsky, consejero de Cárter para temas internacionales, a fin de dividir el movimiento

comunista internacional; no hay más que un marxismo, que se aplica en distintas condiciones históricas».

La polémica sigue, y Santiago Carrillo en el centro de ella.

INFORMACIONES

 

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