Autor: Martínez Esteruelas, Cruz. 
 Sobre la Derecha I. 
 El humanismo     
 
 Ya.    14/03/1978.  Páginas: 2. Párrafos: 20. 

SOBRE LA DERECHA (I)

EL HUMANISMO

MUCHAS veces utilizamos las palabras suponiendo que tienen un significado claro e Inequívoco. No

siempre es así. La palabra "derecha" es de las que requiere aclaración. Sobre todo, a causa de los remilgos

que despierta entre algunos de los que, perteneciendo a ella, la rehúyen,: buscando por todos los medios

de imaginación posibles la sustitución por una distinta. La confusión provocada por unos y por otros—los

vergonzantes y los adversarios—obliga, una vez más, a decir que "derecha", cuando se tiene una

intención renovadora, equivale a centro-derecha, a derecha moderada y, por mejor decir, a algo que de

veras importa precisar: a derecha moderna.

Por supuesto, la exposición que pretendemos hacer se apoya en ciertas premisas. Fundamentalmente en

ésta,: hay una derecha posible en España, para cuya construcción existen muchos y muy valiosos

materiales, a paser de las objeciones y de las remoras.

No podemos atribuirnos, obviamente, autoridad bastante para definir una cosa tan compleja y de tanto

alcance. Pretendemos, tan sólo, hacer una aportación, con la experiencia de que son muchos los que,

interrogados sobre lo que la derecha sea, darían análoga contestación.

La respuesta ha de referirse, de una parte, a los ideales que la definen. De otra, a las fuerzas sociales que

la componen, consciente o inconscientemente. Finalmente, a una cuestión de método que se resuma en la

palabra "reformismo". En estos artículos nos limitaremos a la primera: los ideales de la derecha moderna.

Dichos ideales se resumen en esto: persona humana, identidad nacional, cierta concepción del Estado, que

Incluye una posición sobre su forma, y economía social de mercado.

La derecha se define como humanismo. En esta idea confluyen dive r s a s posiciones ideológicas.

Estimamos que no todas las ideologías, aunque lo pretendan, pueden asumir y desarrollar un humanismo:

no pueden hacerlo las que comportan una concepción totalitaria del Estado, es decir, las que atribuyen al

Estado todas las funciones de trascendencia social, aunque puedan ser realidad por la libre iniciativa de

las personas o de los grupos sociales. Pero reconocemos, abiertamente, que la derecha no tiene el

monopolio del humanismo. Cabe un humanismo concebido desde otras posiciones intelectuales. El

humanismo, en definitiva, es posible desde toda actitud moderada, sea de derechas o de izquierdas, y

puede quedar desbordado, igualmente, por uno u otro extremo.

ASI las cosas, ¿cómo ensayar la definición de la derecha en función del humanismo? ¿No hay uña

contradicción entre este intento y el reconocimiento de que es posible un humanismo de izquierdas ? En

absoluto. Ante todo, hay que decir que la derecha, como cualquier otra idea, no se define por un solo

carácter, sino por la concurrencia de una pluralidad de ellos. En segundo lugar, debe recordarse que, para

establecer diferencias entre las actitudes políticas, no sólo cuentan las ideas, sino también la manera de

entenderlas.

A efectos de obtener una conclusión preliminar, sí importa, no obstante, formular esta afirmación: una

derecha moderna no puede ser sino humanista. Y como complemento de ellas, una constatación: la

derecha, de España, consciente de su papel en la vida colectiva, reconoce, como rasgo principal de su

identidad, el humanismo.

Para uña derecha actual, el humanismo s i g n if ica no sólo que el hombre es, en el contexto de la

naturaleza y de la vida social, el primer valor, sino también, que el Estado debe estar a las resultas de este

principio. La persona humana tiene derecho a realizarse, a correr sus propios riesgos y a tener iniciativas

con trascendencia social. El Estado es promotor del bien común, pero no es gestor del destino personal.

El ideal humanista de la derecha es el equilibrio entre la libertad e igualdad. La igualdad, por sí sola,

postulará inevitablemente el igualitarismo, impuesto por el poder—bien sea por la coacción o por la

persuasión—, inhibiendo todos los estímulos del hombre. Acompañada de la libertad, la igualdad es otra

cosa: reducción de las diferencias e igualdad de oportunidades sin excluir el mérito y, singularmente, el

esfuerzo personal. Al Estado le incumbe crear un clima de igualdad basado en estos dos objetivos, sin

desestimular al ser humano. Debe crear un clima de seguridad, pero en el que quepan el riesgo, el

estímulo, la aventura y la imaginación personales.

En este sentido, el humanismo que se busca dice razón de personas y no de individuos. Es decir, de seres

con vocación de realizarse, no de fragmentos o átomos de la sociedad.

El humanismo que defiende la derecha no es un humanismo mítico. Reconoce las limitaciones y

servidumbres de la condición humana. Por ello, reconoce en el legislador la necesidad de establecer

cautelas: si bien es cierto que el orden no basta para la paz, ésta es. imposible sin aquél; y por ello insiste

en la necesidad de que el Estado —un Estado de Derecho— oponga a la anarquía los medios que sean

precisos establecidos por la ley.

EL humani s m o de que se trata es o pretende ser de inspección cristiana. Para los cristianos un

humanismo dotado de esta vocación es una aplicación de nuestros principios religiosos. Mas esto

"requiere una serie de puntualizaciones que exponemos esquemáticamente. Tal humanismo en primer

término, no conduce Él confesionalismo: es ejerci. do, fiomo la actividad política en que ha de

desarrollarse, desde la propia responsabilidad personal o de grupo. No asume en exclusiva las opciones

temporales del cristianismo éste es libre para otras adscripciones políticas; la de. recha no estatuye la

ortodoxia religiosa; esto es competencia de las iglesias, En la derecha pueden confluir personas de

Distinta fe y aun los que carezcan de ella: un partido formado principalmente por cristianos puede y debe

recibirlos,; darles plenitud de participación y pedirles tan sólo respeto para el cristianismo.

Y este humanismo, en fin, es un humanismo social, y no en el sentido concreto de reclamar determinadas

políticas sociales, que las reclama, sino en él más cabal y profundo de reconocer dos hechos: la condición

social de la persona —inserta en la comunidad— como una de sus dimensiones, no la única, y, por otro

lado y la necesidad de un Estado social; cuestión que trataremos en otro de estos artículos.

Con Independencia de los aspectos religiosos de la institución, la derecha ve en la familia un grupo social

natural y necesario. La hipótesis de su supresión y las intromisiones en el campo que le es propio se

consideran, por ende, como una violación de derechos, dañosas para la persona y, a la postre, otra vía

hacia el totalitarismo.

LA derecha cree precisa, además,; la estabilidad del matrimonio y reclama; en concreto, que sea

respetado el derecho de la Iglesia como norma reguladora del vinculo matrimonial establecido a su

amparo.

Desde un punto de vista social, se considera la familia como primera y natural escuela de la solidaridad,

de la convivencia y, por tanto, de la ciudadanía, con planteamientos humanos virtualmente insustituibles.

La noción de familia, por otra parte, es amplia: aunque nacida de ordinario del hecho matrimonial, se

entiende que es familia también la asumida por la madre soltera.

La familia es además destinataria de las políticas sociales, compartiendo este carácter

con la persona humana. Ha de ser medida y meta de aquellas políticas: educación, cultura, vivienda,

consumo, medio ambiente... En estos momentos,; a causa de la polémica en curso, se subrayan el tema

educativo y la libertad correspondiente: la libertad de enseñanza y la instrumentación de los medios

económicos que la hacen posible.

La institución familiar se entiende, en fin, como hazaña de la libertad y, consecuentemente, como

responsabilidad. Por ello, entre otras cosas,: la procreación no es una cuestión sometida a los poderes

públicos o a cualquier tipo de planificación exterior a la familia, sino a una idea moral: la paternidad

responsable.

Se dice a veces que el altar —la defensa del altar—ya no es un signo distintivo de la derecha. Esta vieja

expresión sacada del contexto histórico en que nace, carece de sentido. El hecho de que las iglesias

felizmente, no deseen la implicación en la política.; no puede excluir el serlo planteamiento de un

problema grave: la defensa de los valores religiosos; más amenazados que nunca, dada la naturaleza y la

diversidad de las acciones de que son objeto.

Por ello, la cuestión no puede enfocarse, como no sea ingenua o sofísticamente, desde aquella añeja idea.

La cosa va por otro camino. En el mundo de hoy, y aunque en ocasiones no se hable sino, de las dos

primeras, se dan tres situaciones típicas respecto de los valores religiosos, en lo que al orden político

respecta: la de persecución (que en algunas constituciones se enmascara bajo el "derecho a la propaganda

antirreligiosa"); la de libertad de creencias y cultos, y una tercera, a nuestro juicio más fecunda, que se

resume en esta idea: partiendo de que tales valores son un bien positivo —se compartan o no las creencias

como fe personal—, han de ser propiciados en régimen de libertad religiosa para todas las confesiones y

sin proteccionismos. Es decir, se trata de facilitar la contribución religiosa al bien humano.

Las reflexiones que anteceden en relación con el hombre, la familia y los valores religiosos, hacen del

humanismo que la derecha busca un humanismo "personalista". La precisión no es redundante: se opone

al término "individuo"—al que pueden achacarse connotaciones de insolidaridad y de una concepción

atomizada de la sociedad—, la idea de "persona", que aparece rodeada de una mayor relevancia ética,

subraya la respetabilidad de la condición humana y evoca la naturaleza espiritual del hombre. De una

concepción cristiana del humanismo se deriva la necesidad de poner a la persona en relación inmediata

con dos fenómenos que la atañen profundamente: su entorno familiar y su condición trascendente.

Cruz MARTINEZ ESTERUELAS

 

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