Autor: Casado, Antonio. 
 Silva Muñoz el número 1 de los 20. 
 No creo en palabras, sino en hechos     
 
 Pueblo.    04/03/1977.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 52. 

PUEBLO, 4 de mano de 1977

Silva Muñoz el número 1 de "los 20"

No creo en palabras, sino en hechos"

En esta recta final, viene hoy a esta página, en la que ya han hablado anteriormente varios líderes

políticos, Federico Silva Muñoz. La razón de su presencia es el hecho de que en el escrutinio definitivo se

ha situado él a la cabeza de los veinte. En esta entrevista, Silva Muñoz puntualiza, aclara y se define. «No

temo al Partido Comunista», ha dicho entre otras cosas.

"El día que haya elecciones democráticas en Polonia, en Checoslovaquia o en Hungría, ese día creeré en

el eurocomunismo"

"Mientras no me demuestren que no son un partido totalitario seguiré pensando que lo son"

QUE EL RESULTADO DE ESTA ENCUESTA RESPONDE A UNA REALIDAD ELECTORAL?

"Ignoro su repercusión electoral, pero el procedimiento ha sido el mismo. Luego el resultado también

podría ser el mismo. No lo sé. Habrá que esperar"

Este tipo de encuestas lo realiza la Prensa como parte de la función social y política que le

incumbe. Ignoro su repercusión electoral, pero el procedimiento ha sido el mismo. Luego el resultado

también podría ser el mismo. No lo sé. Habrá que esperar.

—O sea que sigue usted siendo un presidenciable.

—He sido presidenciable por haber estado en una terna. No tengo otra respuesta.

—¿Se considera aun un demócrata-cristiano?

—Naturalmente. Suscribo de la cruz a la raya el manifiesto de la Unión Demócrata-Cristiana de 1976 y a

él me atengo. Por otra parte, tengo una trayectoria invariable en mi vida en la familia democristiana.

—Usted fue líder indiscutible de U. D. E. Luego vino la escisión. ¿Quién dejo a quién?

—Cada uno puede pensar lo que quiera. Lo único que sé es que nos separamos.

—¿Es cierto que hubo presiones del poder bajo amenazas de desponerle de sus puestos oficiales —

concretamente de la presidencia en la Campsa—, si usted no jugaba políticamente como quería el

Gobierno?

—No, jamás. Eso es rotundamente falto. Jamás me hicieron ese tipo de amenazas.

ALIANZA POPULAR: CODO CON CODO

La entrevista transcurre en su despacho de la Campsa. Pero tenemos delante a uno de los líderes de

Alianza Popular, al tiempo que dirigente de uno de los grupos federados en dicha coalición, Acción

Democrática Española. El hombre, el político el líder, se prepara ahora para intervenir en la asamblea

constituyente de A. D. E., que mañana comienza en e1 seno del congreso de A. P. Pregunto:

—¿Cuál es el peso numérico de A. D. E., dentro de A. P.?

-- No lo hemos contado, ni pesado, ni medido, porque no queremos contarlo, ni pesarlo, ni medirlo.

Estamos en una federación, muy integrada, y estamos todos codo con codo, hombro con hombro.

—¿No existe ningún tipo de discrepancia en el seno de Alianza Popular? ¿Ningún amago de escisión o

cosa por el estilo?

—No. Algunos lo desearían, pero se confunden lamentablemente.

—Pues, a mi juicio, por lo menos teóricamente, y por las diferencias de interpretación del hecho político

en los hombres de A. P., no creo que la cosa haya sido fácil.

—Era difícil, pero se ha conseguido, porque ninguno de nosotros somos vedettes ni chis-ga-ra-bis.

Además, todos tenemos una experiencia de Gobierno muy importante y sabemos lo que representa el

papel que estamos jugando.

—Concretamente, Federico Silva, ¿ha tenido que sacrificar muchas cosas de su equipaje político?

—En el momento inicial tuve que sacrificar mucho, pero lo hice por patriotismo y por la necesidad de

ofrecer una opción unificada y válida al electorado, en medio de lo que se ha venido llamando zarabanda

de siglas.

-- Ahora les ha salido un competidor, el llamado Centro Democrático. ¿Cómo interpreta usted la

presencia de esta coalición?

—Es una opción política unificadora y, por lo que veo, no lo suficientemente unificada, que tiene fuerzas

políticas significativas y fuerzas políticas absolutamente insignificantes. El resultado final lo dirán las

urnas.

ELECCIONES: LA HORA DE LA VERDAD

—Hablemos de urnas pues. ¿Cómo cree, usted que se va a repartir la suerte en las próximas elecciones?

—Yo no hago cábalas electorales; primero, porque necesito conocer la ley, y segundo, porque lo único

que me preocupa no es quién va a ganar o quién va a perder, sino que haya unas Cámaras donde la clase

política nos entendamos en las dos tareas quizá más graves que en este siglo se le han presentado al país:

elaborar una Constitución permanente que pueda dar paz y estabilidad a nuestros hijos, y adoptar las

medidas económicas necesarias.

—Por cierto, ¿ha sido A. P. suficientemente consultada: en la elaboración de las normas electorales?

—Si las cosas son como se cuentan, la desproporción entre la consulta que el Gobierno ha hecho a la

oposición y la que ha hecho a A. P, es enorme. Quizá no haya sido esa la intención del Gobierno. Lo

único que le puedo decir es que con A. P. no ha habido más que dos conversaciones, en una de las cuales

estuve yo.

—Bueno, tengo entendido que hace pocos días se ha pedido, desde Presidencia, una consulta por escrito a

Alianza Popular.

—Efectivamente. Pero lo único que se ha recibido es un documento sin membrete, que contiene un

cuestionario de preguntas sobre la ley Electoral, y que ya ha sido respondido.

—Bien, ¿Ha pensado ya por dónde va a ser usted diputado?

—No he tomado aún ninguna decisión. La tomaré cuando haya ley Electoral. De cualquier forma, puedo

decirle que en una asamblea de A.P. que celebramos en la provincia de Zamora, ya dije que si la base

zamorana me presentase, estaría muy honrado con ser candidato de A. P. por Zamora. Es mi tierra y me

siento profundamente vinculado a ella.

EVOLUCIÓN DEMOCRATICA: MARCHA IRREGULAR

—¿Cómo ve usted el proceso evolutivo iniciado el 20 de noviembre de 1975?

—Es un proceso casi diría que capital en la historia contemporánea de España. Pero se ha realizado un

poco a tirones, no como una marcha suave y regular, lo cual ha producido en algunos momentos

tensiones, en otros incluso sangre, y en algunos otros distensión y esperanza. Deseo que estos

momentos de esperanza se mantengan y podamos llegar en paz a las elecciones.

—¿Es usted de los que piensan que, detrás de los sucesos sangrientos de enero, había una confabulación

internacional para desestabilizar al país?

—Aquí hay que contemplar dos temas distintos. A nivel policiaco, que responda la Policía. Y a nivel

político, no le voy a decir nada porque voy a tratar el tema en mi discurso del domingo en Alianza

Popular. Por tanto, a él me remito.

—Precisamente a raíz de aquellos sucesos de finales de enero comenzó a circular la frase de que

«tenemos una oposición que no nos la merecemos», haciendo referencia a su comportamiento en tales

sucesos. ¿Está usted de acuerdo?

—Bueno, me parece que es una frase muy pretenciosa, pero me abstengo de opinar.

—¿Y del comportamiento del Gobierno, qué me dice?

—Creo que enjuiciar a unas personas que están en el Poder no se debe hacer. Porque unos le

interpretarían como lisonja y otros como crítica. Ademas, el juicio no corresponde a los políticos, que

estamos dentro del bosque y no vemos con perspectiva la realidad de este Gobierno.

-- Dígame, al menos, qué opina sobre el reciente programa de actuación económica, puesto que este es un

tema fundamental en el programa de A. P.

—La situación económica es muy grave y a grandes males corresponden medidas drásticas. En el

contexto político del país, esas medidas son imposibles. Así que las últimas medidas del Gobierno sólo

pueden ser consideradas como unas medidas prudentes para llegar hasta donde el Gobierno puede llegar.

Después, ya veremos.

—¿Qué le parece a usted la decisión gubernamental de transferir al Tribunal Supremo el tema de la

legalización del Partido Comunista, y la de otros en última instancia, claro?

—Mire, cuando se hizo la reforma del Código Penal en las Cortes, yo me abstuve. Y no por indiferencia

ante la legalización o no del Partido Comunista, sino porque aquella reforma me parecía que estaba mal

hecha. Después de la reforma del Código Penal, de la Ley de Asociaciones y de las demás disposiciones,

el Gobierno ha tomado una determinación que yo respeto. Ahora sólo deseo que el Tribunal Supremo

acierte en una decisión jurídica, pero eminentemente política y en la que España tiene mucho que contar.

—Señor Silva, ¿usted teme al Partido Comunista?

—Yo no temo al Partido Comunista. Lo que sucede es que es un partido de cuadros y esos partidos de

cuadros son los que asaltan el Poder con mayor facilidad, aunque no tengan respalda democrático. Y

mientras no se me demuestre lo contrario, para mí el P. C. no es un partido democrático.

—Hablemos del eurocomunismo, ahora que está de moda. ¿No cree usted en los buenos propósitos

comunistas?

—Yo no creo en palabras, creo en hechos. Mientras no me demuestren que no son un partido totalitario,

seguiré creyendo que lo son.

—Pero usted estará dispuesto a dejar que lo demuestren.

—Claro, por qué no. Que lo demuestren. El dia que haya elecciones democráticas en Polonia, en

Checoslovaquia o en Hungría, ese dia creeré en el eurocomunismo.

—¿Y no le sirve el argumento de que los comunistas españoles no son como los checoslovacos, los

polacos o los húngaros?

—Es posible que algunos lo sean; otros, no. Los que traen el espectro de la guerra civil, no. Los que no lo

traen, a lo mejor sí.

—¿No cree usted, entonces, en la política de reconciliación pregonada por el P. C. E.

—Yo admito el cambio de opinión a nivel personal. Eso es respetable, y lo acepto —y, en algunos casos,

me rindo con admiración—, pero lo que no es admisible es que las personas que se equivocaron una vez y

arrastraron a muchas gentes al error, ahora digan que no es esto, no es esto, y traten de arrastrar a una

generación que no les conoce, a un mismo despeñadero. Eso es lo que no admito. Por eso es por lo que no

paso.

Fotos de Raúl CANCIO

 

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