Los ninós del PCE     
 
 El Alcázar.    19/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Instantánea

LOS NIÑOS DEL PCE

EL cambio socio-económico realizado en España durante los treinta y seis años de la paz de

Franco, queda de manifiesto en la foto, publicada en EL ALCAZAR, de unos niños, tomando

unas bebidas refrescantes, en la fiesta celebrada por el Partido Comunista en la Feria del

Campo de Madrid. Unos niños sanos, bien vestidos, que consumen con la naturalidad de la

costumbre las bebidas características de la sociedad de consumo, de una sociedad que ha

vencido el hambre y ha hecho posible que los hijos de los comunistas, de los antiguos «parias

de la tierra», sean iguales que los que se educan en los colegios de la burguesía.

Sería aleccionador que dispusiéramos de una moviola del tiempo y pudiéramos darle marcha

atrás, para presentar las escenas de otras concentraciones de militantes comunistas, de

imágenes de sus hijos cuando España era, por disposición del artículo primero de la

Constitución, una «República de Trabajadores». La alpargata, la ropa raída, la cara de hambre,

los rasgos tensos por el rencor formaban imagen de un proletariado sin paz y sin justicia, que

soñaba en destripar burgueses, degollar curas o incendiar palacios como medio para convertir

España en una sucursal del «paraíso soviético», tierra de promisión donde esperaba que

corrieran ríos de leche y miel.

La leche y la miel, en forma de trabajo, justicia y progreso, han corrido por España tras un

esfuerzo iniciado hace cuarenta años. Los comienzos fueron difíciles, consecuencia de la

trágica guerra interior y de las presiones extranjeras. Hubo años, en la década de los cuarenta,

que con razón fueron llamados los años del hambre. Pero había fe. Había ilusión. Había

esperanza. Por primera vez, tras un largo período de decadencia, el pueblo español se había

encontrado a sí mismo e iniciado el camino hacía la grandeza y el progreso. En la década de

los cincuenta se inició el despegue y cuando la muerte del Caudillo se traduce en cierre de un

ciclo histórico, los hijos de los proletarios se han convertido en esos niños sanos y bien

vestidos, presentes en la fiesta del PCE, en los que unos gorros con emblemas comunistas

parecen un adorno caprichoso, como el vestido de los niños ricos que en un baile de disfraces

llevan gorros de piratas con una calavera sobre dos tibias cruzadas.

Alguien podrá decir como coartada mezquina, que la elevación del nivel de vida de los

españoles ha sido resultado de los esfuerzos del pueblo, no mérito de los gobernantes. Pero

los comunistas no. Porque los comunistas, en vez de arrimar el hombro al esfuerzo común,

hicieron todo lo posible por boicotearlo, con la ayuda de otros grupos que ahora presentan su

acción, contra el pan del pueblo, como mérito en su historial democrático. Los comunistas, y

sobran documentos que lo prueban, lucharon tenazmente contra el desarrollo económico de

España, impulsaron huelgas con ese fin, estimularon en el extranjero el bloqueo de España, las

restricciones del comercio, las negativas del Mercado Común. De haber dado resultado sus

propósitos, España sería hoy un rebaño de proletarios hambrientos en el que los hijos de los

trabajadores pegarían sus caras famélicas a los escaparates de las pastelerías, para

contemplar dulces que no podían comer.

Los niños que estuvieron en la fiesta del PCE, sanos y bien vestidos, son, con razón, orgullo

para sus padres. Pero son, ante todo, el honor de treinta y seis años de caudillaje de Franco.

 

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