Autor: Jato, David. 
   Ficha para la Universidad de Yale     
 
 El Alcázar.    03/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

FICHA PARA LA UNIVERSIDAD DE YALE

La invitación de la Universidad de Yale a Santiago Carrillo, que no puede estimarse por sus méritos

intelectuales, y considerando, que sobre tal persona pesa una acusación de genocidio, posiblemente en el

campo marxista sólo superado en número de víctimas por Stalin, ha producido, lógicamente, un gran

desconcierto. La explicación, es preciso buscarla fuera de cualquier motivación cultural.

La mentalidad norteamericana es proclive a considerar que cualquier ser humano, o grupo político, social

o económico puede ser comprado. Todo depende de encontrar el momento y la cifra. Dentro de esa

atmósfera y tal vez animados por la desvergüenza de los marxistas italianos, han decidido jugar a fondo la

partida de los naipes eurocomunistas. Solamente los indigentes mentales pueden dudar de las

motivaciones de la actual estrategia comunista. Incapaces de lograr el más pequeño triunfo fuera de países

subdesarrollados, cerrado el acceso al poder en el occidente europeo, padeciendo síntomas de clara

descomposición intelectual en la propia URSS, han fabricado un nuevo rostro que propugna la

democracia y la pluralidad de partidos, poniéndose de espaldas a la dictadura del proletariado. No supone

esto, ninguna innovacción táctica. Ya Lenin para evitar los estragos del hambre soviética, admitió

prácticas comerciales bajo el lema: "Un paso atrás para dar dos adelante". La atemorizada burguesía, en

buena proporción, se inclina ante el cuento de hadas con la esperanza de entrar en una etapa de sosiego.

Los hasta ayer verdugos se convierten en amables dialogantes y la URSS gana una tregua en la dura

batalla iniciada por Churchill, en una Universidad americana, contra la ideología del otro lado del telón de

acero.

El capitalismo, en los EEUU, ve la posibilidad de convertir el eurocomunismo en un arma que con el

vehículo de la corrupción se vuelva contra sus inventores. Puede pensarse como se quiera sobre el final de

este forcejeo, pero se trata evidentemente de una realidad. Sin duda la invitación de Yale a Santiago

Carrillo encaja dentro del cuadro que hemos bosquejado de forma harto sencilla cuando requeriría

adentrarse en un sinfín de complejidades casi de muralla china kafkiana.

Aún cuando sabemos que en el pragmatismo yankee hacen poca mella las razones nacidas en

sentimientos, enviamos esta breve ficha a Yale sobre el invitado y su Partido Comunista.

Siendo Carrillo dirigente de las Juventudes Socialistas Unificadas, se desató el odio al estudiante,

considerado como un "señorito parasitario".

El 2 de noviembre de 1933, muere apuñalado por un afiliado a las Juventudes Socialistas, José Ruiz de la

Hermosa. El asesino fue detenido y confesó su afiliación. El 11 de Enero de 1934, es herido mortalmente

por arma de fuego y por la espalda Francisco de Paula Sampol, el grupo agresor pertenecía a las

Juventudes Socialistas. El 9 de febrero de 1934 cae en un atentado, el estudiante de Medicina Matías

Montero. Por una serie de circunstancias, aquella víctima se convertiría en un mártir de toda la

Universidad española y Payne le dedica varias páginas en la edición inglesa de su primer libro. El asesino

que le dio un tiro de gracia cuando su víctima estaba en el suelo se llamaba Francisco Tello y pertenecía

al grupo "Vindicación" de la organización de Santiago Carrillo. El 5 de marzo de 1934, es herido de

muerte Ángel Abella, su asesino Calle, estaba afiliado a las Juventudes Socialistas. El 3 de junio muere

brutalmente, a navajazos, el estudiante de Derecho Juan Cuéllar, los autores pertenecían a la organización

de la que era dirigente Carrillo.

Podrá algún irracional argüir que los asesinados eran estudiantes falangistas y con ello disculpar los

atentados. Pero ni Paula Sampol, ni Abella tenían esa afiliación y en todo caso nadie podrá aducir

entonces una sola represalia del grupo de las víctimas. Por el contrario se les llamaba "franciscanistas" en

periódicos como ABC por cuanto venían soportando, pacientemente, esta persecución exterminadora.

En los comienzos de la guerra civil, es nombrado ministro de Instrucción Pública un miembro del Partido

Comunista de Santiago Carrillo. Por vez primera y única dirige la cultura española un hombre no es

universitario, que ni siquiera había iniciado el Bachillerato. El P.C. en Instrucción Pública suprimió por

Decreto publicado en la Gaceta todas las Academias de arte, literatura y ciencia. "Mundo Obrero",

glosando el inaudito ataque a la inteligencia escribía exultante: "Ya nos han liberado de las Academias...

de un plumazo se han cegado todas las covachuelas sórdidas de la inmoralidad todos los reductos del

genio anquilosado". Ocupaban entonces páginas enteras del Boletín del Estado los ceses de catedráticos,

profesores y maestros. Para muchos, estas cesantías suponían un inmediato "paseo". El ministro

comunista había anunciado esa política staliniana con palabras que no admitían duda. "Es necesario,

irremediable, la eliminación de todos los profesores y maestros no afectos" La más alta cima de la vida

intelectual española, el catedrático Ortega, escribió en Paris, en 1937, cuando pudo escapar del infierno

montado por Carrillo y sus adláteres: "Mientras en Madrid los comunistas y sus afines obligaban, bajo las

más graves amenazas a escritores y profesores a firmar manifiestos, a hablar por radio, etcétera,

cómodamente sentados en sus despachos o en sus clubs, exentos de toda preocupación, algunos de los

principales escritores ingleses firmaban otro manifiesto donde se garantizaba que esos comunistas y sus

afines eran los defensores de la libertad. Hecho que oscila entre lo grotesco y lo trágico". ¿No creen en

Yale que dicho comentario que pueden leer en el prefacio para ingleses de "La Rebelión de las masas" es

de aplicación en el caso de su invitación a Carrillo?

"Mundo Obrero" se complacía en amenazar a los hombres más prestigiosos de la universidad, sin

importarle su historial republicana "Incursos en una complicidad de sapos y alimañas están, Sánchez

Román, abogado de banqueros; Unamuno el bellaco genio de sapo; Madariaga, inepto, ruin". Pueden

suponerse que los insultos comunistas al doctor Gregorio Marañón, figura máxima de la Facultad de

Medicina y uno de los "padres" de la República, alcanzaron términos no transcribibles.

Ante la actitud contraria de los estudiantes universitarios, en otro Decreto deciden "Dejar en suspenso los

derechos académicos adquiridos por los alumnos de todos los centros docentes, obligándoles para la

nueva matrícula, el pase por un Comité seleccionador". Es decir no podían acceder a la Universidad más

que aquellos que alcanzasen el visto bueno del comunismo. Recordamos que "los derechos académicos en

suspenso" se retenían a los adquiridos durante un Gobierno de Frente Popular.

Parece innecesario insistir sobre el genocidio de Paracuellos siendo Carrillo comisario de Orden Público.

Quienes se empeñan en hacer creer que aquello, fue algo no previsto e incontrolado, pueden leer en

"Mundo Obrero" la petición de que José Antonio, preso desde seis meses antes del Alzamiento militar, y

procesado por supuesto insultos al director general de Seguridad, no fuera juzgado, sino fusilado sin más.

Y probando que no era una idea aislada, escribe "Milicia Popular", periódico del Quinto Regimiento

comunista: "En Madrid hay más de mil fascistas presos, entre curas, aristócratas, militares, plutócratas y

empleados... ¿Cuando se les fusila?". Pero Santiago Carrillo fue más allá de los grupos humanos

señalados por el periódico de su partido que por comprensible vergüenza reducía en diez mil el número de

presos, pues en la madrugada del 20 de noviembre, en las tapias del cementerio madrileño del Este,

fueron fusiladas 23 religiosas adoratrices. Tampoco se trató de un hecho impremeditado. La tarde del día

anterior habían sido llevadas a la Cheka de Fomento sobre la que tenía absoluto control el comisario de

Orden Público Carrillo. Conducidas en un camión, fueron salvajemente ametralladas, mientras rezaban de

rodillas. El actual obispo de Sevilla, Antonio Montero, escribió sobre este crimen casi inconcebible: "Se

acumularon todas las agravantes de los códigos civilizados, desde el desprecio del sexo y edad hasta la

nocturnidad y el descampado. Se trata de un grupo de enfermas y ancianas, entre las que apenas podía

contarse media docena de mujeres sin achaques".

Un profesor de otra Universidad americana, combatiente republicano, Ramón J. Sender, confesó: "Podría

haber protestado más de lo que protesté. Me habrían echado del país o me habrían fusilado, pero debía

haber protestado más, porque yo sabía que sucedían cosas terribles". Tal vez Carrillo firme en el libro de

honor de Yale; se demostraría así que el honor de esa Universidad es una palabra vacía que nada tiene que

ver con su significado universal.

David JATO

EL ALCÁZAR

 

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