Autor: Jañat, Juan María C.. 
   Se pide un homenaje a Carrillo     
 
 Arriba.    18/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

SE PIDE UN HOMENAJE A CARRILLO

Señor Director:

Muy a pesar de algunos informativos, la noticia del domingo no estuvo, en lo que al país se refiere, en

ningún aeropuerto, ni en ninguna mesa de reuniones. Que, en una ciudad de cuatro millones de habitantes,

más de millón y medio se trasladen, en un fin de semana, atendiendo una convocatoria, a un reclamo, a

una verbena o festejo popular, bien merece esa calificación de «la noticia de la jornada». Y será preciso

taparse los ojos para pensar lo contrario. La misma Jefatura de Tráfico, habrá tenido que pensarse, muy

seriamente, las razones de que el habitual número de muertos en accidente de cada fin de semana hubiera

decrecido tan considerablemente este último. Existía una cita para la que no se hacía preciso ese mortífero

vehículo de los fines de semana sangrientos...

Un reconocimiento previo, por consiguiente, al mérito de reunir tantos miles de millares de españoles, y a

que el festejo folklórico - político se hubiera desarrollado con la más absoluta y completa normalidad.

Una de las «boutades» que más éxito han tenido en las últimas semanas, de entre las que a menudo

circulan por los medios políticos - periodísticos, es la que presenta a Santiago Carrillo —al «Santiago

Carrillo humorista»—, reciente descubrimiento nacional, diciendo: «No, si a mí aquello del Movimiento

me parecía una buena idea. Lo único que no terminaba de convencerme es que no me dejaran pertenecer a

él...» Y es que no pocas de las actitudes asumidas en los últimos tiempos (en realidad, desde que don

Santiago y su partido saltaron desde la alcantarilla de la ilegalidad a la legalidad y normalidad de cada

día) por el Partido Comunista de España no han tenido otro remedio que sorprender, y profundamente, a

muy buena parte del pueblo español, «informado» durante cuarenta años en una sola dirección sobre la

vida y milagros de esta organización y de sus militantes. Santiago Carrillo, en lenguaje nada doctoral ha

venido a decir verdades tan de «carbonero» como que no existía razón alguna para que sólo unos pocos

prefirieran utilizar la terminología «Patria» en lugar de país; que no había argumentación válida de ningún

tipo contra la utilización habitual de la bandera española en cualesquiera actos partidarios; que, pese a

cualquier tradición histórica, si a la Monarquía se debía la recuperación de las fórmulas democráticas, es

la Monarquía la fórmula a apoyar: que de no ser por el Rey, aquí ya habríamos vuelto a las armas; que el

«Pacto de la Moncloa» es, probablemente, una de las últimas oportunidades que se otorgan al país para

robustecer y consolidar la democracia naciente; que será preciso pasar por alto la fácil demagogia de las

reivindicaciones sindicalistas en aras de tal consolidación... , y así por el estilo.

Santiago Carrillo conseguía, este último fin de semana, otra especie de milagro: reutilizar la Feria del

Campo. Unas casas regionales levantadas por el sindicalismo vertical para cantar las loas de la

industrialización y del desarrollo programado en los planes, polígonos y preferentes localizaciones,

acogieron en dos días, y a la sombra de las banderas regionales, a probablemente tantos miles de personas

como cualquier convocatoria de las sufragadas por la difunta OS. Aseguran que el Rey, desde un

helicóptero gozó del espectáculo que ofrecían los muchos miles de verbeneros. Carrillo explicó, y con

detalle, a quien quiso oírle, el alcance de lo discutido y acordado en la Moncloa, y la oportunidad de

apoyarle. Y denunció muy seria y cabalmente como delito de traición a la patria, a un directivo bancario

que, supuestamente contrario a la línea política porque se encauza el país, ha desaconsejado a los

inversionistas americanos a colocar en nuestro país sus capitales.

La capacidad de convocatoria y de organización del «Partido por excelencia», era sobradamente

conocida. El sentido común de sus dirigentes parece también fuera de duda. Y algún día este país habrá

de tributarles algún homenaje, inimaginable hace muy pocos meses...

(Juan María C. Jañat. Madrid)

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