Autor: Carandell, Luis. 
   Los guateques del referéndum     
 
 Diario 16.    07/12/1978.  Página: 16-17. Páginas: 2. Párrafos: 9. 

7diciembre78 /Diario16

Los guateques del referéndum

Luis Carandell

Hacia las ocho y media de la tarde había un reducido grupo de diputados, casi

todos ellos del PSOE,

sentados en el bar de las Cortes para seguir desde allí los resultados del

referéndum que comenzaban a

llegar a través de la pantalla conectada al ordenador que había sido instalada

en el Salón de los Pasos

Perdidos.

Los había convocado, según ellos dijeron, su compañero Gregorio Peces Barba, sin

duda el más

entusiasta de los diputados, un hombre que ha participado tanto en la

elaboración del texto constitucional,

desde los días de la ponencia a puerta cerrada, que si se le aplicara la «prueba

de la paternidad», su

reacción seria de las que de forma más caramente «positiva» demostraría su

condición de «padre

constitucional».

Gregorio pretendía improvisar en el Congreso de los Diputados un «centro de

seguimiento» del

referéndum no menos importante que el que a aquellas horas estaba comenzando a

funcionar en el Palacio

de Congresos «Loco con la criatura», el diputado por Valladolid se levantaba a

cada minuto para dirigirse

a la pantallita y pedirle al técnico que preguntara al ordenador los resultados

generales, provinciales y

locales que iban llegando. «Vamos a ver como va Madrid», «Pregunte qué tal va

Cataluña». «¿Hay

novedades en Valladolid?». o «¿Y si diéramos ahora un repasito a las

provincias?», decía Peces Barba.

El propósito de trasladar a la Carrera de San Jerónimo el centro de atención de

la noche, sin embargo, no

cuajó como esperaba el tenaz interrogador cibernético. Claro que. mientras

tanto, sucedieron cosas de

interés. El diputado Luís Solana, también del PSOE, contó cómo los fallos de la

burocracia habían

impedido votar a don Salvador de Madariaga. que le había enviado un poder para

hacerlo. Y el mismo

Peces Barba. mientras compartía, con algunos periodistas una improvisada cena de

tortilla, pinchos de

barón y cronuetas, les proporcionó alguna información, como cuando anticipó que

la promulgación de la

Constitución la haría el Rey con la vieja fórmula que se había usado en el siglo

XIX y que (comenzaba

con las palabras: «A todos los que las presentes vieren y entendieren... ».

aunque dejando claro que la

Constitución no era una concesión real, sino un acto de la soberanía popular.

Pero si el Congreso de los Diputados vio frustrada su vocación de centro

neurálgico del referéndum, lo

logró, en cambio, el Senado, donde su presidente; don Antonido Fontán, había

preparado una fiesta en

regla, un verdadero guateque constitucional, con cóctelcena de postín. En el

gran salen central, se habían

instalado dos televisores en color que, desde las ocho, transmitían el partido

de fútbol del Valencia en

Inglaterra, y, junto a la pantalla del ordenador, una serie de paneles para

anotar los resultados definitivos.

Hacia las diez comenzaron a llegar a aquel «marco incomparable» del palacio de

la Marina Española

diputados, senadores y ministros con esposas e hijas que, como se dice en los

telefilms, «lucían muy

bellas», con abrigos de pieles, trajes tornasolados en oro, y plata, y

lentejuelas pegadas en la piel que

daban luminosidad a sus rostros.

Mientras tanto, en el Palacio de Congresos y Exposiciones, una multitud de

periodistas, acompañados de

la proverbial «nube de fotógrafos», cambiaban impresiones con los políticos

presentes acerca de los

motivos de la abstención y los insultados del País Vasco que. esgrimidos por

representantes de los

diferentes partidos, servían de armas arrojadizas en la lucha política del

finiquitado consenso.

Hubo algún episodio divertido, como cuando el ministro de Hacienda, Fernández

Ordóñez, tuvo que ir a

un photomatón para poder hacerse la credencial que le faltaba. El señor Abril

Martorell, requerido a hacer

lo mismo por los funcionarios de seguridad, no quiso ir al photomatón. Pero aquí

las versiones varían

porque mientras unos dicen que don Fernando quería ahorrarse los diez duros,

otros sugieren que ni él ni

sus acompañantes llevaban monedas sueltas.

Martín Villa llegó a las dos y dio entonces, en el salón grande, su primera

rueda de prensa de esta larga

noche. La otra fue a 1as ocho de la mañana. En la segunda, afeitado y duchado,

el señor ministro estuvo

más convincente que en la, primera. Pero si no puede decirse que el ministro

convenciera del todo, tuvo la

suerte de que los representantes de la prensa que le hicieron preguntas

estuvieron aún peor que él. Hubo

preguntas tales como la de sí «este resultado, ¿no le parece que da una especie

de premio de consolación

al NO?», o bien. «¿No cree que esta Constitución nace con una malformación

genética?»

Quedó flotando en el aire la preocupación de la abstención, grave para unos,

explicable para otros. El

«NO» no le quitaba el sueño a nadie. Los periodistas estudiaban los resultados

del «marcelazo»,

comprobando la proporción de «noes» en las diócesis de los «ocho obispos ocho»,

que amenazaron con el

infierno a los que aprobaran la Constitución. Pero de los niveles del «NO»

emanaba una fácil conclusión.

Si la media nacional no llega al 9 por 100, y aquí se contiene el «NO»

abertzale, entonces la derecha ultra

se lo debe todo a don marcelo.

Periodistas de todo el mundo siguieron las incidencias del referéndum

constitucional.

Sonrisas entre el ministro Rodríguez Sahún y el socialista Enrique Múgica.

Los servicios de vigilancia en el Palacio de Congresos reponen fuerzas en un

relevo.

Los controles en el Centro de Prensa instalado en el Palacio de Congresos fueron

rigurosos.

El presidente de las Cortes, Hernández Gil; el ministro de Educación, Iñigo

Cavero y el presidente del Congreso, Álvarez Miranda, observan atentos los

últimos datos de los ordenadores.

 

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