Autor: Lucas Regullón, Adolfo. 
   Democracia monárquica y capitalista     
 
 El Imparcial.    07/12/1978.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

Por Adolfo Lucas Reguillón

DEMOCRACIA MONÁRQUICA Y CAPITALISTA

LAS palabras, como heraldos por delante de los hechos, guían a las personas y,

consiguientemente, a Tos pueblos.

De ahí que sea necesario definir bien las cosas cuando no se trate de equivocar

a los demás ni aun de engañarse a sí mismos.

Lo hemos dicho más veces; pero como el periódico lo adquieren cada día nuevos y

distintos lectores, no será mucho insistir para ampliar conceptos.

Democracia significa, según los componentes o raíces griegas de esta palabra,

«gobierno del pueblo»... por el pueblo y para el pueblo, se ha completado

después. El pueblo, a su vez, constituye el sentido progresivo de la historia

que todos, en mayor o menor medida, según las condiciones, seguimos al vivir en

el tiempo, imparable.

Esto sentado, ¿cuáles son las características de la democracia? Creo que todos

estamos de acuerdo en que tales características se identifican con la divisa

clásica de «Libertad, Igualdad, Fraternidad» de la Revolución Francesa (siglo

XVIII), proclamada precisamente en «la montaña», que sirve de titulo a esta

columna.

Ahora bien. Tomemos, por ejemplo, el principio de la IGUALDAD.

Entre dos personas, o grupos, o clases económicas, una de las cuales posee y

acumula medios de vida en forma de dinero u otra clase de bienes de fortuna, y

otros que no tienen ni siquiera el suficiente y necesario «pan nuestro de cada

dia», NO EXISTE

IGUALDAD.

Entre el explotador o «amo» y el explotado, siervo o esclavo, NO EXISTE IGUALDAD

VITAL, como no puede existir entre el lobo, con toda su fuerza y colmillos,

frente al cordero, inerme.

TAMPOCO existe ni puede existir igualdad entre los capitalistas dueños de los

medios de producción con trabajo ajeno en propiedad privada frente a los

trabajadores que, a pesar de producir todos los bienes de consumo v servicios,

no disponen frecuentemente ni siquiera de los imprescindibles para poder

subsistir ellos y sus familias, las cuales siempre están en condiciones de

inferioridad con relación a las de los poseedores de dinero (vil representante

del trabajo), al que incluso hacen objeto de comercio y especulación en la banca

y Bolsa de todos los países de economía capitalista.

Los norteamericanos se han sacado de la manga lo de «la igualdad de

oportunidades». Pero, ¿qué igualdad de oportunidades cabe entre el hijo del

multimillonario y el hijo del obrero con o sin trabajo? Uno, desde antes de

nacer ya tiene resueltos, cuando menos, todos sus problemas vitales, económicos;

mientras el otro, en esta sociedad del lucro personal, carece de toda base,

incluso alimentaria, para desarrollar su individualidad. No existe, entonces,

Igualdad de oportunidades.

SE dice, y es verdad, que no hay dos personas iguales, ni puede haberlas.

Tampoco son iguales las necesidades de cada ser humano. Pero al mismo tiempo, es

rigurosamente cierto que cualquier ser vivo tiene necesidades en grado y

condiciones diversas, cuya satisfacción provee la propia naturaleza. Sólo el

hombre es privado «legalmente», en esta sociedad, de los medios de consumo que

otros se apropian para si y los suyos, parasitariamente además, por cuanto son

los que menos, o nada, producen...

En la satisfacción de las necesidades según grado y condiciones de cada cual es

donde reside la igualdad posible para todo ser humano. No consume, ni lo

necesita, el padre lo mismo que el niño recién nacido, pero de la despensa

familiar se provee a cada uno de acuerdo con sus condicionamientos vitales.

Después vendrán, igualmente diversas, las necesidades sociales, culturales,

etcétera, que diferentemente deberán ser atendidas.

Pero, ¿qué igualdades contemplamos ni siquiera en la perspectiva futura de esta

«democracia» monárquica y capitalista con que muchos «dirigentes» nos están

atiborrando los oídos por estos días?

En consecuencia, el no existir la igualdad básica, que es la económica, para

satisfacerlas necesidades de todos los seres humanos, concluimos que la

«democracia» que se nos está presentando es una pura ficción, una falacia, un

engañabobos...

Si añadimos que a través de toda la historia la organización del poder decisorio

ha tenido y aún tiene como símbolo a la Monarquía (poder de uno como simbolo de

los poderosos), entonces, por muy «paternalista» que esta institución se

muestre. NO PODRA HABER VERDADERA DEMOCRACIA, por ahora, en España; ni siquiera

con la Constitución de Jauja, la Arcadia feliz... o las Batuecas.

 

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