Autor: Vizcaíno Casas, Fernando. 
   El retablo de Vizcaíno Casas     
 
 El Imparcial.    07/12/1978.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

7 diciembre 1978 EL IMPARCIAL página 17

RETABLO

de Vizcaíno Casas

COMPRENDAN mi natural desazón. La tiranía del cierre, esa gran esclavitud de los periodistas (que

parece talmente, por lo molesta, una secuela del franquismo), me impide, cuando escribo este Retablo,

conocer los resultados del referéndum. NI siquiera de manera aproximada, con lo intranquilo que eso me

tiene. Ustedes, en cambio, me estarán leyendo (gracias por hacerlo) con las cuentas delante. Ya

conocerán, al menos a grandes rasgos, lo que ha dicho la voluntad nacional, la libre e independiente voz

del pueblo soberano expresada sin coacciones ni presión alguna, como nos consta a todos.

¡Dichosos ustedes! A mí se me comen los nervios y me corroe la inquietud, ignorando si fue si o si fue

no; si se abstuvo un 20 por 100 de innobles ciudadanos y si los afirmativos triplicaron a los negativos,

como anticipaban las encuestas. Pero del dicho al hecho hay un gran trecho, y en estos estertores (para

mí) prereferendumistas lo que más me atosiga es saber si se habrán derrochado en vano los millones

publicitarios de nuestro Gobierno, tan neutral en este trance histórico.

¡Señor, Señor, que Suárez y sus muchachos vean recompensada su apasionada entrega al ideal! ¡Que sus

fervorosos adictos, correligionarios de corazón, colaboradores férvidos, don Santiago y don Felipe y don

Joaquín y demás dones, consigan los preciados dones a que se han hecho acreedores por su rendida

entrega a la causa ucedista! ¡Qué el fantasma del no se evapore y que las diferencias sean luengas,

amplias, contundentes y abrumadoras.

Y sobre todo, que don Rodolfo no yerre al apretar los mágicos botones de la IBM.

ULTIMO ACTO.En la última escena del último acto de la apasionante serie dramático-cachonda

«CONSTITUYASE USTED», el presidente volvió a su parcela preferida, la pequeña pantalla, el

rectángulo mágico, y volvió con gesto cansado, ojeras profundas y tez prematuramente envejecida.

Mucho ha sido, en verdad, su trajín de estas semanas y mucho también el esmero de los maquilladores de

TVE.

Sereno, sin embargo; firme, a pesar de todo; dulce, en todo momento, don Adolfo dijo, entre otras

emocionantes cosas, que la Constitución no proclama el divorcio. Fue una lástima que el mismo día (o

sea, ayer) en que se publicaban tan cristianas frases, la propia Prensa traía esta noticia: «El Ministerio de

Justicia tiene preparado un paquete de proyectos de ley para enviar al Parlamento una vez aprobada la

Constitución. La primera es la de divorcio.»

ULTIMA FRASE.También Felipe (González, no el de «La Revoltosa»)se despidió en grandeur de la

discretísima campaña publicitaria pro-si diciendo: «Los obispos no están legitimados frente al PSOE para

hacer una crítica cristiana.»

Magnifico. Y puramente lógico. Quien ostente la legitimación critica cristiana debe ser Alfonso Guerra en

lugar de monseñor González Martín. El primado lo que ha de hacer es hablar de economía.

ULTIMO PATEO.La función electoral prevista en el Real Club Victoria, de las Palmas, se sus pendió.

Era la última representación previa al gran festejo plebiscitario (ese cuyos resultados ustedes ya conocen

y a mi me tienen embargado el ánimo) y corría a cargo del galán primer actor don Nacho Camuñas. Si

bien, como solía hacer Maruja Tomás algunas veces en sus años esplendorosos de vedette, don Nacho no

apareció por el teatro. Quizá debido a que sólo le esperaban seis personas. Fue pateado al conocerse la

deserción.

ULTIMA CARCELARIA.Tres presos se escapan de la cárcel de Madrid. Uno de ellos muere al

enfrentarse con la Fuerza Pública. Otros tres presos aparecen misteriosamente muertos en la cárcel de

Barcelona. Los demás organizan ruidosas protestas y algaradas.

Veremos si la Constitución (si llega a aprobarse, oigan, que yo aún no lo sé) sirve para que, ya de una, el

señor García Valdés, eminente director general de Instituciones Penitenciarias, logre sacar adelante con

fortuna su programa.

ÚLTIMOS NERVIOS. ¿Sí? ¿No? ¿Sí? ¿No? Hecho un flan termino estas líneas y me pego al transistor.

¡Mira que si las IBM nos dieran un disgusto! ¡Mira que si el señor Martín Villa fallase hasta en esto...!

 

< Volver